Este viernes 8 de mayo, a las 21:00 h, la Orquesta Sinfónica de la UNSJ pondrá en escena un concierto especial en la Sala TES, de Rivadavia. Se trata de una cita gratuita, pero con cupo limitado, por lo que, quienes deseen asistir, deberán retirar sus invitaciones por la sala.
El programa, explicaron desde el Centro de Creación Artística Orquestal, “propone un recorrido emocional de gran riqueza”, donde el público podrá disfrutar “desde la profundidad ritual de Mozart hasta el lirismo íntimo de Bruch, pasando por la energía característica de Haydn”.
Bajo la dirección del titular de la formación, el director alemán Wolfgang Wengenroth, contará con la participación como solista de Evelyn Maestro para la Romanza para Viola, de Bruch.
El programa en Sala TES
Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791): Maurerische Trauermusik, KV 477 (1785)
Compuesta en 1785, la Maurerische Trauermusik (Música fúnebre masónica) es una de las obras más singulares de Mozart. Escrita para una ceremonia conmemorativa de la logia masónica a la que pertenecía el compositor, esta breve pieza revela una dimensión profundamente introspectiva y solemne de su lenguaje.
La instrumentación —inusual en Mozart— incluye clarinetes, corni di bassetto, fagotes, cornos y cuerdas graves, lo que produce un color oscuro y velado.
Aunque breve y en un solo movimiento, la obra posee una intensidad espiritual extraordinaria. Aquí Mozart renuncia al brillo habitual de su estilo para sumergirse en una atmósfera de gravedad serena, donde la música parece suspender el tiempo.
Joseph Haydn (1732–1809): Sinfonía en mi menor (n.º 44, Hob. I:44 “Trauer”)
Considerado el padre de la sinfonía, Haydn compuso esta obra hacia 1771, en su periodo denominado “Sturm und Drang” (Tormenta e Ímpetu), caracterizado por un lenguaje más dramático, intensamente expresivo y en tonalidades menores.
La Sinfonía n.º 44 en mi menor, conocida como “Trauer” (fúnebre), es una de las más significativas de esta etapa. El sobrenombre no es original del compositor, pero refleja su carácter serio y concentrado. Se dice que Haydn pidió que el tercer movimiento se interpretara en su propio funeral, lo que contribuyó a su asociación con lo elegíaco.
Max Bruch (1838–1920): Romanza para viola y orquesta, op. 85 (1911)
Compositor alemán del romanticismo tardío, en el último tramo de su producción se encuentran obras de gran refinamiento lírico, como ésta, escrita en 1911. A diferencia del virtuosismo brillante de sus conciertos, esta obra adopta un carácter íntimo y cantabile. La viola, con su timbre cálido y oscuro, se convierte en la voz ideal para expresar una melancolía serena y reflexiva.
La Romanza está concebida en un solo movimiento continuo, donde el solista desarrolla amplias frases melódicas sobre un acompañamiento orquestal contenido. La música fluye con naturalidad, sin contrastes abruptos, creando una atmósfera de profunda introspección.
Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía n.º 36 en do mayor, KV 425 “Linz” (1783)
La Sinfonía “Linz” ocupa un lugar especial en la producción sinfónica de Mozart. Fue compuesta en 1783 en circunstancias casi legendarias: durante una estancia en la ciudad de Linz, Mozart recibió la invitación de ofrecer un concierto. Sin disponer de una sinfonía adecuada, en apenas cuatro días escribió esta obra, que figura entre sus sinfonías más brillantes.
A pesar de la rapidez de su composición, la Linz muestra una madurez extraordinaria. “Linz” confirma a Mozart como uno de los grandes arquitectos del sinfonismo.