Soledad Pastorutti y el duro momento familiar que atraviesa: "No me conoce"

La cantante habló de la salud de su padre, parte fundamental de su carrera y a quien le escribió una zamba.

Soledad Pastorutti compartió una de las confesiones más íntimas de su vida: su papá, Omar, atraviesa un grave deterioro en su salud y ya no la reconoce de manera cotidiana.

La cantante encontró en la música una forma de expresar el vínculo con el hombre que fue fundamental en sus primeros pasos artísticos y convirtió esa experiencia personal en el corazón de “Mi refugio”, una zamba que forma parte de su nuevo álbum, "Vale la pena", disponible en plataformas de streaming desde esta semana.

La artista explicó que la carga emocional de la canción fue tan intensa que le resultó difícil interpretarla de corrido. Durante la grabación, tuvo que registrar las frases por separado para poder atravesar el momento sin quebrarse frente al micrófono. Fue una sola toma, sin regrabaciones.

"Apagamos un poco las luces y me costó muchísimo. La grabé frase por frase prácticamente, y después nunca más la quise volver a grabar", reveló la artista de Arequito en una conferencia de prensa sobre el nuevo disco.

Lejos de pensar en una nueva toma para mejorar el resultado, Soledad sintió que aquella interpretación debía conservar la emoción de ese instante. "Me parecía que era el retrato de ese momento, y que le iba a faltar el respeto a la situación si intentaba perfeccionarla, porque esas cosas no se perfeccionan", confesó.

"Es un hermoso mimo a mi viejo que quizás hoy no entiende exactamente lo que le quiero decir", manifestó con sensibilidad.

Uno de los pasajes más conmovedores del testimonio de Soledad fue el recuerdo de la primera vez que le hizo escuchar “Mi refugio” a su papá. La escena ocurrió en presencia de Miguelito, un amigo de la familia que falleció recientemente.

La reacción de Omar sorprendió a la cantante. Aunque no pudo precisar cuánto había comprendido de la letra, recordó que su padre se emocionó hasta las lágrimas. "Yo no sé qué entendió, pero lloró, lloró y lloró", contó la Sole.

La intensidad del momento fue tal que Miguelito, al advertir el efecto que la canción provocaba en Omar, sugirió detener la reproducción. Soledad recordó sus palabras: "Sacásela que le hace mal, sacásela".

Sin embargo, para la artista hubo algo especialmente significativo en aquella experiencia: su padre reconoció su voz por primera vez en mucho tiempo.

"Primero reconoció mi voz, lo que no es poca cosa, este, y segundo entendió un poco. Es un agradecimiento a las personas que que han sido guías en nuestra vida, en mi caso mi papá", dijo Soledad.

Omar, el mecánico que apostó todo por el sueño de sus hijas Soledad y Natalia

Antes de que la Sole se convirtiera en una de las voces más reconocidas del folclore argentino, Omar trabajaba como mecánico en Arequito. Desde ese lugar, fue uno de los principales impulsores de la carrera de la cantante y de su hermana Natalia.

Su apoyo no se limitó a acompañarlas emocionalmente. En los primeros años, cuando las oportunidades para presentarse en festivales y escenarios pequeños eran escasas, organizaba viajes con el secarropas a cuestas, conseguía vehículos prestados y hacía todo lo posible para que sus hijas pudieran cantar.

Omar también se involucró en los aspectos comerciales de la carrera de Soledad. Al leer con atención uno de los primeros contratos discográficos, detectó una cláusula que podía poner en riesgo el acuerdo: debían alcanzarse o venderse inicialmente 5.000 copias del disco para mantenerlo vigente y evitar que la compañía rescindiera el contrato.

El problema era que el material todavía no contaba con una difusión masiva ni con una campaña publicitaria de Sony Music capaz de impulsar las ventas al ritmo necesario. Frente a ese escenario, Omar decidió actuar por su cuenta.

El papá de la Sole pidió dinero prestado a amigos y allegados, se subió a su pequeño automóvil y fue a buscar las cajas de discos. Con esa compra, buscó alcanzar la cantidad exigida y evitar que su hija perdiera el contrato discográfico.

Con miles de CD en el baúl, comenzó a recorrer rutas, estaciones de servicio y festivales de la zona para ofrecerlos y dejarlos en consignación.

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