Son tatuadoras, se conocieron hace seis años y hoy están detrás de un proyecto que espera ser cobija del arte local: "Casa Estattua"

Funciona en Capital y pretende vincular distintas expresiones artísticas y culturales con el tatuaje, que es la columna vertebral del espacio. Casa Estattua y la búsqueda ser un refugio artístico local.

La historia de las fundadoras tatuadoras de Casa Estattua comienza en 2020. La pandemia y el aislamiento las complicó en sus trabajos, ya que las tres son tatuadoras desde hace décadas, pero un grupo de WhatsApp de colegas las vinculó. Comenzaron siendo socias y con el paso del tiempo se volvieron en amigas, familia, comunidad. El compromiso constante las lleva a elevar la vara con cada propuesta y el gran anhelo es que la casa pueda funcionar de manera tal que se mantenga sola desde el punto de vista económico.

Yamila Alba (Sham), Yanela Alfonso y Cecilia Chade (Chechu) son las sanjuaninas que están detrás del espacio que funciona en Capital. Con mate de por medio y una extensa charla donde no faltó la emoción, las risas, el constante recuerdo y la valoración de cada momento vivido, compartieron los orígenes del proyecto, su estado actual y las proyecciones para el futuro.

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Los inicios de la sociedad se dieron en otra ubicación, un local que tenía Sham también en Capital. En el espacio que daba a la vía pública había instalado su estudio de tatuaje, mientras que la vivienda se encontraba detrás. Chechu contaba con experiencia en sociedades laborales y en base a ello comenzaron a planificar distintas estrategias para hacer una diferencia económica, con dos premisas claras: un espacio para mujeres emprendedoras y una fuerte presencia del tatuaje.

“Después del 2020 comenzamos a notar una demanda menor de tatuajes, y empezamos a hacer eventos donde teníamos presente el tatuaje como actividad principal”, comentaron. Las primeras propuestas se llamaban “Flash Day”, y consistía en realizarse tatuajes pequeños y económicos, con música, DJ, feria americana y artistas alrededor que amenizaban la espera. Cada peso logrado en esos encuentros se invertía en el siguiente y en mejorar el espacio, hasta que, la demanda fue tal que les quedó chico.

Octubre del 2024 marcó un antes y un después en la sociedad. Pese al tiempo que ha pasado, recuerdan cada momento y más aun las emociones que fueron experimentando. Tenían que entregar la llave del primer hogar de Casa Estattua, hicieron un último evento para despedir ese espacio que las vio nacer y crecer; y en solo 24 horas (un día después del evento), aun con la fiesta en la piel embalaron y guardaron cada una de sus pertenencias. Las tres coinciden en que “todo es cuando tiene que ser”, y prueba de ello fue esa mudanza. Sucede que el embalado de todo fue sin contar siquiera con un espacio seguro al cual trasladarse.

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“Terminamos de guardar todo y nos sentamos en el piso a mirarnos las caras. Eso fue un domingo y el lunes nos llamaron de la inmobiliaria”, comentan entre risas.

El estado de Casa Estattua era otro, el cuál quedó en el pasado. Con mucha voluntad, esfuerzo y largas horas de trabajo, las tres sanjuaninas se pusieron al hombro el desafío de brindarles su impronta al nuevo espacio, aquel que sería mucho más que un estudio de tatuaje.

Cada aporte para el crecimiento y la renovación de la casa salía de sus propios bolsillos, pero el tener que cumplir con el alquiler de sus casas particulares y mayores obligaciones por fuera del trabajo como mantener a sus familias las llevó a incursionar en los talleres de tatuaje que realizaron. Conforme explicaron, se pensó en un formato que representara encuentro, conocimiento, práctica y teoría.

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“Al tener una casa más grande, comenzamos a darnos cuenta que el espacio podía funcionar para otros talleres que no era necesario que los diéramos nosotras; o prestarla para eventos que no tengan que contar con nuestra organización, pero al principio fue muchísimo trabajo, no sabemos de dónde sacábamos tanta energía”, aseguran.

Un año se tomaron para poner la casa a punto y en la actualidad cada rincón puede ser aprovechado. A partir de diciembre del año pasado talleres de improvisación, entrenamientos físicos, ciclos de cine, talleres de canto fueron algunas de las propuestas que le han puesto color y vida en los últimos meses a la vivienda ubicada a metros de la Plaza Laprida. En la actualidad, las actividades que se realizan ayudan a sostener la casa, su alquiler, los servicios y contar con un pozo común que se utiliza para la compra de mesas, sillas, tablones o lo que se necesite para la comodidad de quienes asistan. “Vamos invirtiendo según lo que la casa nos demanda”, confiesan.

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La actualidad de Casa Estattua y las proyecciones para un 2026 con agenda completa de actividades

“Hoy estamos abiertas a todas las propuestas, porque realmente queremos que la casa se conozca y funcione, en la medida que siempre podamos acercarnos al teatro, la música, el dibujo, la escultura. Planteamos tener eventos a los que nos gustaría ir, entonces el criterio para armar la agenda es ese, pero siempre le buscamos la vuelta. No estamos descubriendo nada ni estamos teniendo una idea que no haya pasado, siempre estamos abiertas a charlar cada propuesta, gestionarla de la mejor manera, ver qué herramientas se necesitan para que todo suceda”, destacaron las sanjuaninas.

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El tatuaje no queda a un lado durante las proyecciones este año, ya que la intensión es que la casa sea un refugio para tatuadores sanjuaninos, nacionales y porqué no, internacionales.

Las tres sanjuaninas continúan tatuando a sus clientes de siempre y a nuevos lienzos humanos. Chechu se encarga de las redes y la promoción de eventos, Yanela es quien tiene la responsabilidad de manejar los números y ser la tesorera de la sociedad y Sham es quien le pone el cuerpo y se encarga un poco de las Relaciones Públicas, de vincularse con cada persona detrás de las propuestas que llegan. Además, sumaron un productor que organiza la agenda y se encarga de todo lo necesario para que los eventos se concreten, y Lali, quien colabora con la limpieza y trabaja con ellas desde el inicio de actividades en la nueva locación.

¿Y cómo se imaginan la casa en el futuro?

“Yo imagino el salón lleno de puestos para tatuar, con gente de todo el mundo. Y que en los patios se encuentre gente compartiendo e intercambiando, mientras se escucha alguien cantando en la terraza porque hay una clase de canto o pasen distintas cosas en simultáneo. Creo que de a poco nos vamos acercando a eso”, reflexionó Chechu.

Poder sintetizar seis años de anécdotas en un par de palabras no es sencillo, mucho más complejo es transmitir el trabajo, la templanza, fuerza de voluntad y entusiasmo que manejan Sham, Chechu y Yanela para que Casa Estattua se consolide como un refugio del arte sanjuanino. En una época donde ser artista autogestivo no es sencillo, la existencia de estos espacios renueva la esperanza de una comunidad que tracciona hacia un mismo sitio con un solo objetivo: poder hacer lo que se desea hacer, y si se tiene la dicha, vivir del arte.

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