Buenos Aires, 9 de septiembre.- Es una tarde soleada de domingo de 2008 en una granja del noroeste del Sudáfrica. Un niño pequeño trae a unos amigos para ayudar a su padre y a su hermano mayor con las tareas típicas de granjero africano. Al rato, el niño se cansa y se tumba sobre el césped. Cae en un sueño profundo. De hecho, a simple vista se diría que ha muerto. En estas, llega un hombre blanco con un rifle de cazador en su mano; en la otra, un móvil con la que toma fotos del crío. El padre y los amigos se ríen viendo la escena mientras el blanco sugiere que trasladen al niño a la sombra. Tiene, además, otra idea: ¿por qué no darle el móvil al padre para que él pueda posar junto al niño con el rifle como si lo hubiera cazado? A todos les parece una idea muy divertida.

