La persistente ofensiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para anexar Groenlandia amenaza con desatar una crisis sin precedentes en la OTAN y provocar un fuerte impacto en el orden mundial, con ramificaciones que incluso podrían alcanzar a la próxima Copa del Mundo de fútbol, prevista entre junio y julio en Estados Unidos, Canadá y México.
El mandatario norteamericano no cesa en su intención de avanzar sobre el territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca, un país que integra tanto la OTAN como la Unión Europea (UE). Lo que comenzó como una estrategia de presión geopolítica derivó rápidamente en un conflicto considerado intolerable por la diplomacia europea, al involucrar amenazas directas contra un aliado militar.
El último gesto de escalada incluyó la publicación en Truth Social de una imagen generada por inteligencia artificial que muestra a Trump “conquistando” Groenlandia en 2026. A esto se sumó la difusión de un mapa que exhibe la bandera estadounidense sobre Estados Unidos, Canadá, Groenlandia y Venezuela, país sobre el que Trump ordenó una acción directa el 3 de enero, que incluyó la captura de Nicolás Maduro, según comunicados oficiales de Washington.
La reacción europea no tardó en llegar. “Nos dirigimos a un mundo sin ley”, advirtió el presidente francés Emmanuel Macron, cuyo país enfrenta la amenaza de aranceles del 25% junto a otras siete naciones europeas y miembros de la OTAN, tras el envío de tropas al territorio ártico danés.
El ex secretario general de la OTAN y ex primer ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, fue aún más contundente al señalar que “no es solo una crisis para la OTAN, sino para toda la comunidad transatlántica”, y alertó que lo que está en juego es el orden mundial vigente desde la Segunda Guerra Mundial. Sus declaraciones se produjeron en el marco del Foro Económico Mundial de Davos.
Consultado sobre hasta dónde estaría dispuesto a llegar para concretar la anexión, Trump respondió con un escueto pero inquietante: “Ya lo verán”. Si bien evitó confirmar el uso de la fuerza, tampoco lo descartó. “Sin comentarios”, fue su respuesta ante la posibilidad de una acción militar, una ambigüedad que en Europa ya es interpretada como una amenaza explícita.
El propio Trump insistió en que “la OTAN no es nada sin nosotros”, una afirmación que generó alarma entre los aliados. Cualquier intento de anexión por la fuerza implicaría un ataque directo a un miembro de la alianza, lo que activaría el artículo de defensa colectiva, con consecuencias imprevisibles y un beneficio estratégico claro para Rusia y China, observadores atentos del conflicto.
Desde Groenlandia, el presidente autonómico Jens-Frederik Nielsen advirtió que, aunque no considera probable una acción militar, “no se puede excluir” y pidió estar preparados para todos los escenarios. Analistas internacionales coinciden en que Trump utiliza la amenaza de la fuerza como herramienta de negociación, confiado en que la presión bastará para lograr su objetivo.
Para Iván Briscoe, director del programa de Políticas del Crisis Group, solo una respuesta colectiva y creíble de Europa podrá frenar el avance de Trump. Según explicó, esa reacción debería apuntar contra los intereses económicos de Estados Unidos y estar acompañada por fracturas internas dentro del Partido Republicano.
En ese sentido, la Unión Europea comenzó a mover fichas. El Parlamento Europeo suspendió el proceso de ratificación del acuerdo comercial con Estados Unidos, mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió que la respuesta será “firme, unida y proporcionada”. Macron, por su parte, propuso activar la llamada “bazuca comercial”, una herramienta creada en 2023 para responder a casos de coacción económica, que habilita restricciones a importaciones, exportaciones y contratos públicos.
Pero el frente de presión podría ampliarse al plano deportivo. En los pasillos del Foro de Davos comenzó a tomar fuerza la posibilidad de un boicot europeo al Mundial de Fútbol, que se disputará mayoritariamente en Estados Unidos. Desde el gobierno alemán aclararon que la decisión recaerá en la Federación Alemana de Fútbol (DFB) y en la FIFA, aunque admitieron que el escenario está bajo evaluación.
La secretaria de Estado de Deportes de Alemania, Christiane Schenderlein, sostuvo que el gobierno acatará lo que definan las federaciones, mientras que referentes políticos como el diputado conservador Roderich Kiesewetter advirtieron que, si Trump concreta sus amenazas y desata una guerra comercial con la UE, “resulta difícil imaginar a países europeos participando del Mundial”. Incluso desde la CDU se habló de una eventual cancelación del torneo como último recurso para forzar un cambio de postura en la Casa Blanca.

