En medio del color y el ruido de motores en el Autódromo El Zonda, hay historias que reflejan mucho más que una carrera. La de la familia Cortez es una de ellas: más de cuatro décadas de pasión por el automovilismo que hoy se mantiene intacta y se transmite de generación en generación.
Todo comenzó con Osvaldo, un fanático “fierrero” de toda la vida, que supo contagiar ese amor por las carreras a su esposa Graciela y a sus nueve hijos. Este fin de semana, parte de la familia volvió a decir presente en el circuito sanjuanino para disfrutar del espectáculo del TC2000.
Graciela llegó desde Caucete acompañada por sus hijos Nahuel, Ramiro y Ariel Cortez, además de sus nietos Thiago y Francisco, quienes ya empiezan a vivir la pasión con la misma intensidad que sus mayores.
Con banderas, entusiasmo y mucha emoción, no dudaron en destacar lo que significa este deporte en sus vidas: “Amamos el automovilismo. No hay como El Zonda. Es una tradición familiar que se va transmitiendo de generación a generación”, expresaron.
Además, dejaron en claro su admiración por el piloto local Fabián Flaqué, a quien siguen y apoyan cada vez que compite en casa.
En una jornada donde miles de sanjuaninos coparon el circuito, la historia de los Cortez resume el espíritu de El Zonda: familias unidas por la velocidad, la emoción y una pasión que no entiende de edades.