La Selección Argentina no quiere dejar ningún detalle librado al azar en su camino al bicampeonato del mundo. Desde la práctica de este domingo en Kansas City, el plantel comandado por Lionel Scaloni comenzó a trabajar en el campo de juego con la Trionda Final, la pelota oficial diseñada exclusivamente para las semifinales, el partido por el tercer puesto y la gran final del Mundial 2026.
El nuevo esférico mantiene las propiedades de vuelo y la estructura base del balón que se usó en las fases previas, pero se renueva por completo en lo estético y en su carga simbólica. Su aspecto visual está dominado por tonos dorados, inspirados directamente en el trofeo de la Copa del Mundo, combinados con trazos en blanco y negro que representan la batalla final por la gloria eterna.
Además, los paneles de la pelota rinden homenaje a las 16 ciudades anfitrionas del torneo, dándole un protagonismo especial a sedes críticas de la recta definitiva como Dallas, Atlanta, Miami y Nueva York/Nueva Jersey.
Chips y polémica: la tecnología bajo la lupa
Más allá de su diseño exterior, la Trionda Final vuelve a poner sobre la mesa la tecnología de balón conectado (Connected Ball). Este sistema incorpora sensores internos que envían datos en tiempo real a la cabina del VAR y al equipo arbitral para resolver jugadas milimétricas o determinar si la pelota salió de los límites de la cancha.
El chip integrado mide el impacto y el movimiento exacto del esférico, enviando señales instantáneas para agilizar las decisiones jueguiles.
El uso de este chip viene sumando temperatura en el Mundial 2026 tras severas polémicas por goles anulados y jugadas dudosas en partidos calientes como los cruces de Croacia ante Portugal o el polémico choque entre Inglaterra y Noruega. Con la Selección ya familiarizada con el nuevo modelo, Argentina busca domar los efectos de la pelota dorada antes de saltar a la cancha para la gran cita.