La historia de Sportivo 9 de Julio en esta final del Torneo Apertura tiene muchos protagonistas. Pero entre todos ellos hay una familia que resume como pocas el sacrificio, la perseverancia y el amor por los colores. Lisandro, de 20 años, y Thiago Casciaro, de 18, son hermanos, compañeros de equipo y fanáticos del club desde que tienen memoria. Este domingo, cuando el "Nueve" enfrente a Atlético Minero en la cancha de Trinidad, cumplirán uno de los mayores sueños de sus vidas: jugar una final con la camiseta del equipo de sus amores.
Pero detrás de ese sueño hay una historia mucho más profunda. Una historia que tiene como protagonista a Sebastián Casciaro, su padre, quien perdió la visión hace unos 12 años a causa de un tumor cerebral, pero jamás perdió las ganas de seguir acompañando a sus hijos ni de colaborar con el club que ama.
Oriundos de la Villa Santa Rita, muy cerca del club del Este, Thiago y Lisandro juegan en el club desde que son pequeños, tenían 3 y 5 años cuando sus padres Sebastián y Marianela los acercaron al club.
Sebastián tiene 42 años y es delegado de la institución. Quienes frecuentan el club saben que es una de esas personas que siempre están cuando hace falta una mano. Lava camisetas, colabora en distintas tareas y acompaña cada entrenamiento como si estuviera disputando él mismo cada partido.
"Él siempre va a los entrenamientos, se queda con nosotros a disfrutar el día a día. Cuando falta algo, él aporta también porque le gusta sentirse útil. No ve, pero puede lavar las camisetas a mano, como en los viejos tiempos. El domingo en cancha de Desamparados él estuvo ahí alentándonos y antes que termine el partido se puso a llorar porque se emocionó. Fue histórico lo que conseguimos", relata Thiago.
Es que la clasificación ante Desamparados fue un verdadero batacazo y desató una fiesta en todo el departamento. Y en medio de la celebración, los Casciaro vivieron una emoción difícil de explicar. Esa unión familiar se fortaleció alrededor de una pelota. Sebastián había sido arquero y fue quien sembró en sus hijos la pasión por el fútbol. "Nosotros heredamos esta pasión por él. Mi papá fue arquero y cuando éramos chicos nos compraba pelotas. Teníamos la cancha al lado, íbamos a patear y jugábamos ahí. Él nos entrenaba, nos enseñó mucho, por eso este momento es muy especial para nosotros, él no puede ver pero igual siente todo lo que estamos viviendo", dicen los hermanos.
La humildad y el esfuerzo son valores que atraviesan a toda la familia. Mientras persiguen el sueño deportivo, ambos construyen su futuro con trabajo y estudio. Lisandro hace changas de acuerdo a la época del año, actualmente aprovecha la temporada de poda para generar ingresos y además trabaja como barbero por las tardes, después de entrenar. "No estudio porque no me dan los tiempos. Quiero enfocarme más en entrenar, pero me gustaría estudiar en un futuro más adelante", comenta. Thiago, por su parte, cursa el último año en la Escuela Miguel de Azcuénaga en Capital y ya tiene claro qué camino quiere seguir una vez que termine la secundaria: estudiar Educación Física o ingresar a la Policía.
La clasificación a la final ya quedó grabada para siempre en la memoria de los hinchas de 9 de Julio. La caravana, los festejos y el recibimiento fueron una muestra del fervor que vive el departamento con la ilusión de coronarse después de 14 años. "Estamos muy emocionados por la final. Todo el departamento está movilizado. Es nuestra primera vez en una final y podría ser nuestro primer campeonato, así que lo vivimos de manera especial", cuenta Lisandro.
Ahora queda un paso más. Noventa minutos que pueden convertir un sueño en realidad. "Para nosotros sería la primera vez si salimos campeones. Es un sueño que vamos a cumplir. Ojalá se nos dé. Sería un lindo regalo para toda la gente del departamento, pero sobre todo para nuestra familia", expresa Thiago.
Y mientras los hermanos Casciaro se preparan para la final más importante de sus vidas el domingo en cancha de Trinidad, Sebastián seguirá donde siempre estuvo: al lado de ellos. Tal vez sin poder ver la pelota rodar, pero sintiendo cada jugada con el corazón de un padre que nunca dejó de acompañar...