5 de octubre de 2026 - 13:30

Simón Cuenca Villafañe, crack en el fútbol y rapeando: el niño de Valle Fértil que debutó como árbitro a los 11 años y es campeón de freestyle

Juega al fútbol desde los 3 años, se animó a dirigir partidos de categoría libre y también se destaca rapeando en competencias.

A los 11 años, Simón Cuenca Villafañe ya encontró en el deporte y el freestyle dos pasiones que lo llevan a moverse por distintos espacios de Valle Fértil. Juega al fútbol desde los 3 años, pero el último domingo se animó a dar un paso más: debutó como árbitro en un partido de categoría libre, donde incluso tuvo que sacar una tarjeta roja y sancionar un penal.

Simón vive en Valle Fértil, asiste a la Escuela Provincia de Formosa 722 y cursa sexto grado. Su mamá, Erika Marisa Villafañe, cuenta que es un chico inquieto, curioso e independiente, de esos que siempre encuentran alguna actividad para hacer. Si hay fútbol, vóley u otra propuesta deportiva, seguramente Simón estará ahí.

Simón Cuenca Villafañe, de 11 años, debutó como árbitro de Valle Fértil.

Simón Cuenca Villafañe, de 11 años, debutó como árbitro de Valle Fértil.

Su vínculo con la pelota comenzó cuando era muy chico y actualmente juega en La Cantera, bajo las indicaciones del profesor Darío Burgoa. En el club suele cumplir diferentes funciones: juega, ataja cuando hace falta y también ayuda con distintas tareas durante los entrenamientos.

Fue precisamente Burgoa quien le dio la posibilidad de probarse como árbitro. Aunque al principio su mamá pensó que podía tratarse de una ocurrencia más de Simón, el chico se tomó la oportunidad con seriedad.

Debutó con una tarjeta roja y un penal

El debut se produjo en un partido de categoría libre, una modalidad en la que pueden participar jugadores de distintas edades, incluidos adolescentes y adultos. Para un chico de 11 años, la experiencia implicaba enfrentarse a jugadores mucho mayores que él. Pero Simón no se achicó.

Durante el encuentro tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles para cualquier árbitro: expulsó a un jugador que evitó una situación manifiesta de gol al tocar la pelota con la mano dentro del área. La sanción fue tarjeta roja y penal.

“Me respetan”, contó Simón al recordar cómo vivió su primera experiencia como árbitro.

El joven reconoce que todavía está aprendiendo las reglas y que este camino recién comienza. Su formación como árbitro también es acompañada por quienes lo rodean, mientras continúa aprendiendo las particularidades de una tarea que exige tomar decisiones y mantener la imparcialidad.

Del fútbol al freestyle

Pero el fútbol no es la única actividad que apasiona a Simón. En las plazas de Valle Fértil encontró otra forma de expresarse: el freestyle.

Según contó, comenzó a rapear inspirado por los chicos que veía improvisar en la plaza. Poco a poco se animó a participar y terminó compitiendo contra jóvenes mayores que él. Incluso logró ganar algunas batallas y recientemente se consagró en una competencia realizada en la Fiesta de la Primavera, donde obtuvo un premio de 50.000 pesos.

Simón Cuenca Villafañe, de 11 años.

Simón Cuenca Villafañe, de 11 años.

Y lejos de gastarlo inmediatamente, tuvo una prioridad: se compró un par de zapatillas.

Su mamá destaca que el freestyle también le permitió conocer otros lugares y enfrentarse a nuevos desafíos. En una de esas experiencias viajó a la ciudad de San Juan para participar de una competencia y volvió con otro triunfo frente a competidores de mayor edad.

Un chico inquieto que busca aprender

Erika cuenta que Simón es autodidacta y muy curioso. Esa personalidad lo lleva a involucrarse en diferentes actividades y a aprender de quienes tiene alrededor.

También procura que sus pasiones no le hagan descuidar la escuela. Simón cursa sexto grado y, aunque su mamá reconoce que debe insistirle con algunas cuestiones escolares, también resalta sus capacidades. Como ejemplo, menciona una evaluación de Matemática en la que obtuvo 10.

Simón junto a su mamá Erica.

Simón junto a su mamá Erica.

El chico también tiene otros intereses. Entre ellos aparece la peluquería, una actividad que comenzó a explorar recientemente y que se suma a una lista de inquietudes que parecen no tener fin.

“Donde hay algo, él siempre está porque le encanta”, resume su mamá. “Donde hay algo, él siempre está porque le encanta”, resume su mamá.

Para Erika, acompañarlo en cada una de estas experiencias es una de las mayores satisfacciones. Cuenta que al principio algunas actividades le generaban preocupación, especialmente por los horarios o por tener que trasladarse para acompañarlo, pero que con el tiempo entendió cuánto significan para su hijo.

El acompañamiento de la familia

La familia cumple un papel central en este camino. Erika asegura que tanto ella como el papá de Simón, Ezequiel Cuenca, buscan acompañarlo y enseñarle, sobre todo, el valor del respeto.

En el freestyle, por ejemplo, quienes lo acompañan también remarcan que improvisar no significa recurrir a malas palabras. La idea es que pueda desarrollar su talento sin perder de vista los valores que aprende en su casa y en los espacios donde participa.

Su mamá lo define como un niño que se relaciona fácilmente con los demás y que suele ganarse el cariño de sus compañeros. También cuenta que tiene una buena relación con chicos con discapacidad, algo que para ella demuestra una sensibilidad que trasciende sus habilidades deportivas o artísticas.

Simón Cuenca Villafañe, de 11 años, impovisando.

Simón Cuenca Villafañe, de 11 años, impovisando.

Con apenas 11 años, Simón ya se mueve entre dos mundos que parecen muy diferentes, pero que para él tienen algo en común: la posibilidad de expresarse, aprender y compartir.

Un domingo puede estar con el silbato en la mano, dirigiendo un partido de categoría libre en Valle Fértil. Otro día puede estar en una plaza improvisando rimas frente a otros jóvenes. Entre el fútbol y el freestyle, Simón empieza a construir su propio camino, acompañado por una familia que celebra cada uno de sus logros.

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