Había que verlos jugar. Metidos de lleno en el partido. Igual que los grandes. Sin importarles nada de lo que bajaba de las tribunas. Ellos estaban en su mundo. El del hockey sobre patines. La frescura, inocencia y capacidad con que jugaron son admirables. Bancaria levantó la Copa mayor. Olimpia fue el subcampeón. Pero ambos, igual que todos los equipos que participaron, dieron muestras que el hockey está vivo. Que tiene motivos para ilusionarse. Y que, por sobre todo, San Juan sigue siendo la cuna nacional de este deporte. No importa que haya divisiones dirigenciales a nivel nacional. Importa, en realidad, que éstos chicos crezcan paralelamente con sus capacidades deportivas. Porque dentro de algunos años, estos mismos protagonistas estarán deleitando a propios y extraños pero ya en primera división.

