Que Darío Tempesta va a morir en la suya, era sabido. Que su modelo va a subsistir mientras esté al frente de Sportivo Desamparados pero claro, tres partidos sin ganar, con dos derrotas consecutivas, llenaron de interrogantes el buen comienzo de un plantel que con muy poco gol, logró una cantidad de puntos que asombró a más de uno. El modelo, ese 4-4-2 del que no se separó nunca el entrenador puyutano no sufrió alteraciones en su forma pero si en su fondo. Con un solo nombre para que se produjera: Hernán Lamberti. Polifuncional, el ex-Antoniana se adaptó a la posición inicial y durante 8 juegos de ser lateral por la derecha. Ofrecía marca, despliegue, llegada y media distancia. Pero claro, estaba contenido, desperdiciado. Tempesta probó con Martín Bidal como socio de Emmanuel Campo en el centro del campo, luego la apuesta fue a Matías Garrido, más tarde se jugó por Miguel Guirado y posteriormente, la elección fue Darío Rodríguez. Cuatro ofertas absolutamente diferentes en técnica y táctica. Por un lado, Garrido y Guirado mucho más proclives al fútbol vertical, mientras que Bidal y Rodríguez más adaptados para la contención y el resguardo defensivo del equipo. Ninguno le entregó lo que quería: generación. Un punto clave para poder aprovechar a los delanteros, aclarando que Tempesta también buscó variantes combinando todas las duplas de delanteros posibles y utilizando a Gastón Leva, Emanuel Reinoso, Cristian Pérez y Santiago Ceballos. No encontró las respuestas. Las siguió buscando y en la previa al viaje a San Luis, Hernán Lamberti terminó siendo la solución.
