Nació futbolísticamente en Unión. Se crió en Villa Krause. Tuvo la suerte de debutar en primera división en el club de sus amores. Pero ayer, Federico García, arquero de 9 de Julio y uno de los artífices más importantes del triunfo de su equipo que condenó a Unión a jugar la próxima temporada en la B Local, tuvo esa mezcla de sensaciones tan opuestas: "Mi trabajo es atajar y hoy tengo que defender los colores de 9 de Julio, aunque soy hincha y fui jugador de Unión". Y en estas palabras, de libreto, ante los medios no ocultaron el profundo dolor que sentía, porque el club del que es fanático desde niño, descendió.
"Este triunfo tiene un sabor especial, yo no quería jugar un partido definitorio ante Unión, pero el fútbol te pone estas cosas y hay que saber superarlas", señaló Federico.
Los doce pasos que separan el tiro del penal con el arco fueron recorridos en varias oportunidades por García, para darle fuerzas a sus actuales compañeros, pero también para saludar a sus ex compañeros. Él fue el segundo en tener que atajar y con el peso de que su equipo había malogrado su primera chance de ponerse arriba en el marcador. Esto no lo sufrió y también le ahogó el grito de gol a Miguel González y luego a Daniel Gómez. Además de adivinar el lugar en los remates de Carrizo y Galván, que se fueron desviados, con el condimento de tener la hinchada azul a sus espaldas.
"Cuando el flaco (por Galván) largó el penal afuera, se me mezclaron dos sensaciones, por un lugar la felicidad por no descender y por otro la tristeza de que sea Unión el equipo que baje. No puedo disfrutar de este momento porque el equipo del que soy hincha lo sufre. Salí con lagrimas en los ojos porque Unión es mi gran amor".