Este miércoles 15 de abril, la Justicia sanjuanina condenó a nueve años de prisión a Pablo Samuel Aguirre, de 19 años, conocido como “El Ñata”, tras admitir que asesinó de una puñalada a su vecino José Mario Amaya, de 36 años, en Pocito.
“¿Estás arrepentido?”, le preguntó una mujer al acusado de matar a su hijo de una puñalada en el cuello. Se trata de un crimen ocurrido en Pocito.
Este miércoles 15 de abril, la Justicia sanjuanina condenó a nueve años de prisión a Pablo Samuel Aguirre, de 19 años, conocido como “El Ñata”, tras admitir que asesinó de una puñalada a su vecino José Mario Amaya, de 36 años, en Pocito.
El acuerdo de juicio abreviado fue homologado por el juez de garantías Matías Parrón, luego de que el imputado aceptara su responsabilidad por el delito de homicidio simple.
El abreviado fue alcanzado entre el fiscal Nicolás Schiattino, la ayudante fiscal Roxana Fernández y la defensa técnica, a cargo de la abogada Filomena Noriega. Durante la audiencia, realizada en la sala 16, Aguirre apenas se limitó a decir: “Estoy de acuerdo”, sin evidenciar emoción ni arrepentimiento.
El momento más tenso se vivió cuando la madre de la víctima tomó la palabra. Visiblemente afectada, se acercó al acusado y le preguntó directamente: “¿Realmente estás arrepentido?”. Aguirre respondió en voz baja que sí, aunque la mujer, al retirarse, expresó con dolor: “No se siente arrepentido”.
En el exterior del edificio judicial, familiares y vecinos de Amaya se manifestaron con carteles reclamando justicia por el crimen.
El homicidio ocurrió en la madrugada de noviembre de 2025, sobre Ruta Nacional 40, entre calles 11 y 12, en Pocito. Según la reconstrucción del caso, Amaya se encontraba dentro de su automóvil junto a amigos, estacionado frente a su vivienda.
En ese contexto, Aguirre, vecino de la víctima, se acercó y comenzó a agredirlo verbalmente, incluso arrojando piedras contra el vehículo. La situación escaló rápidamente: Amaya descendió del auto y ambos se encontraron en medio de la ruta.
Fue allí cuando Aguirre, armado con un cuchillo tipo carnicero, atacó violentamente a Amaya y le asestó una puñalada en el lado izquierdo del cuello, debajo de la oreja. La herida fue profunda y provocó una pérdida masiva de sangre.
Tras el ataque, el agresor escapó hacia su domicilio y luego se dio a la fuga hacia una zona rural cercana. En el lugar del hecho quedaron la hoja del cuchillo, una gorra y abundantes manchas de sangre.
Malherido, Amaya alcanzó a regresar hacia su casa, donde, frente a sus familiares, solo pudo decir “me dio” antes de desplomarse. Fue trasladado de urgencia al Hospital Federico Cantoni, pero ingresó sin signos vitales.
Horas después del crimen, y tras un rastrillaje con apoyo de drones en una zona de difícil acceso, Aguirre fue encontrado oculto en una acequia, con manchas de sangre en su ropa.
Durante la investigación, se secuestró el mango de un cuchillo tipo carnicero en su vivienda, compatible con la hoja hallada en la escena. La autopsia confirmó que la víctima sufrió una herida cortante en la región mandibular izquierda que comprometió incluso parte de la oreja.
El caso fue investigado por la UFI Delitos Especiales, con la intervención de los fiscales Iván Grassi, Francisco Micheltorena y el propio Schiattino, junto a un amplio despliegue policial.
Con la homologación del acuerdo, el caso quedó cerrado judicialmente, aunque para la familia de la víctima el dolor y el reclamo de justicia siguen intactos.