México, 5 de marzo.- El escritor peruano Mario Vargas Llosa recibió la Orden del Águila Azteca, el máximo galardón que se entrega a ciudadanos de otro país. Al recibir la distinción de manos del jefe del Ejecutivo mexicano, el escritor peruano-español agradeció que en vez de censurarlo se le abran los brazos por las críticas que ha hecho ha México.

Calderón declaró durante su discurso que Vargas Llosa es un "hombre universal y un gran amigo" de México. El escritor agradeció las palabras "sabiendo que en algunos momentos de mi vida yo he criticado a México y lo he criticado con mucha severidad\'\', afirmó el premiado.

"Que bien habla de la cultura, de la civilización y del espíritu democrático de México, el que pese a esas críticas, en lugar de vetarme y censurarme, me abran los brazos y me premien", aseguró Vargas Llosa. Y agregó que "difícil es escribir en un mundo afectado por vetos, censuras, controles, amenazas, discriminación; como el espíritu creador se ve confinado, aplastado y reducido; y en estas condiciones es cuando la literatura, enfrentando esos obstáculos, ha sabido producir las obras más ambiciosas y logradas".

La condecoración y las palabras de Vargas Llosa llegan días después de la polémica desatada en Argentina por la presencia del Premio Nobel de Literatura en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires.

El director de la Biblioteca Nacional Horacio González, funcionario del gobierno de Cristina Kirchner, había rechazado el martes 1 de marzo -en una carta a la Cámara del Libro de Argentina- la posibilidad de que Vargas Llosa inaugurara la 37º edición de la tradicional feria de la capital. González había argumentado que si bien "apreciaba" la literatura de Vargas Llosa, "sucede que existe una doble posibilidad de que sea interpretado: es decir, como un gran novelista, autor de obras realistas y críticas de las realidades latinoamericanas, o como el hombre de una agresividad creciente hacia los procesos populares en la región".

Finalmente, y a pedido de la propia presidente Cristina Fernández de Kirchner, Gonzáles y los intelectuales que lo acompañaban debieron dar marcha atrás con el pedido.