6 de octubre de 2026 - 06:41

Lula favorito en las encuestas, Flávio primero en las urnas: qué dicen los consultores sanjuaninos sobre el resultado en Brasil

Los principales sondeos ubicaban a Lula por encima de Flávio Bolsonaro antes de la primera vuelta, pero el candidato del PL terminó primero. Dos consultores sanjuaninos analizan la diferencia entre las mediciones y las urnas y ponen el foco en el margen de error, las dificultades para encuestar y el fuerte crecimiento de los indecisos.

La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil dejó un resultado que abrió rápidamente el debate sobre la precisión de las encuestas. Los principales sondeos habían mostrado a Lula por encima de Flávio Bolsonaro en la previa, aunque con diferencias que, en varios casos, se encontraban dentro del margen de error. Finalmente, el candidato del Partido Liberal terminó primero y llegará al balotaje del 25 de octubre frente al actual presidente.

¿Fallaron las encuestas? Para dos consultores sanjuaninos, la respuesta no es tan sencilla. Antonio De Tommaso, del Instituto de Opinión Pública y Proyectos Sociales (IOPPS), y Agustín Arias, de Arias Comunicación, coincidieron en que hablar directamente de un fracaso de la herramienta sería apresurado. Ambos señalaron que hay que mirar los números, los márgenes de error y, especialmente, la creciente cantidad de electores que no manifiestan una decisión.

De Tommaso sostuvo que los sondeos no fueron completamente precisos en la primera vuelta, pero consideró que el resultado final no permite afirmar que hayan quedado fuera de rango. “Podría decir que las encuestas no han sido exactas, pero tampoco que fallaron”, planteó.

Según explicó, las diferencias que mostraban los últimos pronósticos entre Lula y Flávio Bolsonaro estaban dentro de los márgenes estadísticos habituales. “Toda encuesta tiene hasta un 3% de margen de error”, señaló el consultor. Y puso el foco en la distancia que habían registrado los sondeos antes de la elección: “Los pronósticos hablaban de dos o tres puntos por encima Lula. El hecho de que haya quedado uno y medio o casi dos está dentro, casi dentro del margen de error”.

Para De Tommaso, además, hay una dificultad adicional que no puede dejarse de lado: las características sociales y territoriales de Brasil. “Brasil no es un lugar tan fácil y sencillo de encuestar”, advirtió. En particular, señaló las dificultades para acceder a determinados sectores y zonas de alta vulnerabilidad. “Hay poblaciones marginales muy fuertes y no es fácil penetrar en zonas de alto riesgo”, explicó.

El consultor considera que esa dificultad debe formar parte de cualquier análisis sobre la distancia entre las mediciones y el resultado de las urnas. Pero, para De Tommaso, el interrogante más importante quedó planteado para la segunda vuelta. “Lo llamativo va a ser ahora cómo se va a comportar el electorado, ese 20 y pico por ciento que no fue a votar”, señaló.

Por eso, evitó aventurar un pronóstico sobre el balotaje. “El pronóstico de la segunda vuelta es más incierto todavía”, sostuvo, y recordó que “los balotajes son impredecibles” y “los carga el diablo”.

Arias coincidió con la mirada de De Tommaso, aunque introdujo otro elemento que, a su entender, resulta clave para comprender lo ocurrido: la cantidad de indecisos que existe actualmente en los procesos electorales.

“No creo que hayan fallado”, afirmó. Para el consultor, existe una tendencia a sacar esa conclusión a partir de algunas de las encuestas más difundidas, pero el conjunto de los estudios presenta un panorama más heterogéneo.

“Es una preconcepción por las que más se difundieron”, explicó, y puso como ejemplo el caso de Atlas, una de las consultoras que había seguido con mayor atención la evolución de la elección. Según Arias, ese estudio “no falló por bastante más allá del margen de error”.

A su entender, hubo encuestas que estuvieron más alejadas y otras que se acercaron mucho al resultado final. “Algunas aciertan, otras no, pero generalmente han estado todas dentro del margen de error”, sostuvo. Por eso, consideró que afirmar que las encuestas “fallaron” supone simplificar un problema más complejo.

Para Arias, el principal desafío que enfrenta actualmente la demoscopía no está solamente en detectar hacia dónde se mueve el electorado, sino en cómo proyectar el voto de quienes todavía no decidieron.

Históricamente, explicó, en las elecciones presidenciales la proporción de indecisos podía ubicarse alrededor del 25% o 30%. Pero ese comportamiento estaría cambiando. “En las encuestas que yo he estado viendo, ese margen se ha corrido considerablemente”, afirmó.

La consecuencia es directa. Cuanto mayor es la proporción de personas que todavía no manifiestan una preferencia, más compleja se vuelve la proyección final. “Hoy hay una dificultad y un desafío para la demoscopía, que es cómo encarar el fenómeno del aumento de la cantidad de indecisos”, resumió.

Arias aclaró que cuando una encuesta publica una distribución que suma el 100% de los votos, eso no significa necesariamente que todos los entrevistados hayan definido su elección. En muchos casos, detrás de esa distribución existe una proyección estadística del voto de los indecisos.

“Las encuestas siempre tienen una gran cantidad de indecisos y las que vemos con resultados así, sin indecisos, que te dan el 100%, la sumatoria de las intenciones de voto es porque hay una proyección de indeciso ahí”, explicó. Y aparece una de las zonas más sensibles de la herramienta: cuánto y cómo se proyecta ese voto que todavía no está definido.

Arias agregó una segunda advertencia para leer los resultados de los sondeos y es que las encuestas que llegan a los medios y al público no necesariamente representan todo el trabajo que realizan las consultoras. “Las encuestas que están publicadas son públicas y no son todas las encuestas”, explicó.

Según señaló el propietario de Arias Comunicación, los estudios de opinión son también una herramienta de campaña y pueden ser contratados por candidatos y equipos políticos para obtener información sobre el electorado. En esos casos, los resultados suelen permanecer reservados. “Generalmente las encuestas son un insumo caro que le pertenece a un candidato, un equipo de campaña y que no la publica”, sostuvo.

Por eso, Arias planteó que las mediciones que circulan públicamente deben ser analizadas con cierta cautela pues pueden responder a objetivos determinados de una consultora, a una estrategia de comunicación o a la decisión de un cliente de hacer públicos determinados resultados. “Las encuestas que vemos publicadas no están realizadas para ofrecer información a la sociedad”, afirmó.

No significa, aclaró, que esas mediciones carezcan de valor. El punto es que no necesariamente permiten conocer todo el universo de información que manejan las campañas.

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