No hay tradición más arraigada en la región de Cuyo que preparar sopaipillas o tortas fritas cuando el cielo se nubla o cae la lluvia. Aunque parecen muy simples, lograr esa masa dorada por fuera, aireada por dentro y que no resulte pesada tiene sus secretos transmitidos de generación en generación. Con ingredientes sencillos y muy económicos, esta receta garantiza un resultado perfecto para la merienda.
La grasa vacuna: el ingrediente irremplazable
El secreto del sabor tradicional y la textura hojaldrada de la sopaipilla radica en el uso de grasa vacuna derretida en lugar de aceite o manteca dentro de la masa. La grasa le aporta elasticidad al bollo y permite que la masa cree burbujas de aire gigantes al tomar contacto con el aceite caliente.
Preparación tradicional de las sopaipillas
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Formar la masa: sobre la mesada, colocá 500 g de harina 0000, 10 g de sal fina y 1 cucharadita de polvo de hornear.
Incorporar la materia grasa: hacé un volcán en el centro e integrá 50 g de grasa vacuna tibia derretida y 220 ml de agua tibia. Amasá durante 5 minutos hasta lograr un bollo liso.
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Descanso clave: tapá la masa y dejalas reposar 20 minutos para que relaje el gluten.
Estirado y fritura: estirá la masa de medio centímetro de grosor, cortá círculos o rombos, haceles un corte central y freílas en abundante aceite bien caliente hasta que se inflen y doren de ambos lados.
Escurrilas sobre papel absorbente y servilas calientes, solas o espolvoreadas con azúcar según la costumbre familiar.