11 de agosto de 2026 - 15:05

Cuál es el alimento de todos los días que mostró ayudar a reducir la grasa en el hígado

Un ensayo clínico realizado en Italia encontró una mayor disminución de la grasa hepática entre quienes incorporaron diariamente este alimento durante seis semanas. El resultado es alentador, aunque los investigadores aclaran que no se trata de una cura ni reemplaza la alimentación saludable.

Un alimento habitual, económico y fácil de incorporar a las comidas quedó en el centro de una investigación sobre hígado graso. Un estudio publicado en la revista científica Nutrients analizó a 79 adultos con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica —conocida como MASLD— y encontró una diferencia favorable en quienes lo consumieron todos los días durante seis semanas.

¿De cuál se trata? Del tomate.

Los investigadores observaron que el grupo que incorporó tomate a su alimentación mostró una reducción más marcada de la grasa acumulada en el hígado frente a quienes siguieron una dieta similar, pero sin este alimento.

Qué encontraron los investigadores

Los 79 participantes fueron divididos en dos grupos. Uno de ellos incorporó diariamente:

  • 200 gramos de tomate crudo.
  • 50 gramos de salsa de tomate.
  • La intervención se mantuvo durante seis semanas.

El otro grupo siguió recomendaciones alimentarias similares, pero sin consumir tomate. Para evaluar el hígado se utilizó FibroScan, una técnica no invasiva que permite estimar la cantidad de grasa acumulada en el órgano.

El principal resultado apareció en el llamado CAP, un indicador utilizado para medir grasa hepática. En quienes consumieron tomate, el valor disminuyó 35 dB/m, mientras que en el grupo de comparación la reducción fue de 18 dB/m. La diferencia fue estadísticamente significativa.

En palabras más simples: los dos grupos mejoraron, pero quienes incorporaron tomate mostraron una reducción mayor de la grasa en el hígado.

Por qué el tomate podría tener este efecto

Una de las hipótesis apunta al licopeno, el pigmento natural responsable del característico color rojo del tomate. Forma parte de los carotenoides y desde hace años es estudiado por su potencial acción antioxidante y frente al estrés oxidativo.

El tomate contiene además otros compuestos que podrían intervenir en procesos relacionados con la inflamación. Sin embargo, los investigadores no pudieron determinar que el licopeno haya sido específicamente el responsable del resultado y consideran necesario realizar estudios más amplios.

Un dato interesante para aprovechar en casa es que el organismo puede absorber mejor el licopeno cuando el tomate está cocido o procesado, porque el calor modifica su estructura y facilita su disponibilidad.

Por eso, dentro de una alimentación equilibrada, pueden combinarse distintas formas de consumirlo: fresco en ensaladas, cocido, en salsas caseras o incorporado a otras preparaciones.

No significa que comer tomate cure el hígado graso

Este punto es importante. El estudio no demuestra que el tomate cure por sí solo la enfermedad hepática, ni que pueda reemplazar las recomendaciones médicas.

De hecho, durante las seis semanas no aparecieron diferencias significativas entre ambos grupos en el peso corporal, la circunferencia de cintura, el colesterol, los triglicéridos, la glucosa, la insulina o la mayoría de los marcadores sanguíneos analizados.

Tampoco se detectaron mejoras relevantes en la rigidez del hígado, parámetro relacionado con la presencia de fibrosis o cicatrices en el tejido hepático. El beneficio observado se concentró específicamente en la cantidad de grasa acumulada.

Qué es el hígado graso y por qué importa

La MASLD aparece cuando se acumula demasiada grasa en el hígado en personas que, además, presentan alteraciones metabólicas como sobrepeso, obesidad o problemas para regular el azúcar y las grasas en sangre, sin que el consumo de alcohol sea la principal explicación.

En determinados casos, esa acumulación puede generar inflamación y progresar con el tiempo hacia lesiones más importantes del órgano. Por eso, las estrategias habituales para prevenir y tratar el problema incluyen mejorar la alimentación, realizar actividad física, controlar el peso y tratar las enfermedades metabólicas asociadas.

Cómo sacarle provecho al hallazgo

La investigación ofrece una pista interesante más que una receta médica. Incorporar tomate regularmente puede ser una opción sencilla dentro de una dieta saludable, pero no debería interpretarse como un tratamiento aislado.

Además, el trabajo tiene limitaciones: participaron solamente 79 personas, duró seis semanas y no midió cuánto licopeno absorbió cada individuo. Los científicos consideran necesarios estudios con más participantes y durante períodos más prolongados para determinar si el efecto se sostiene en el tiempo.

La conclusión, entonces, es sencilla: el tomate mostró resultados prometedores para reducir la grasa hepática, pero su verdadero valor aparece cuando forma parte de hábitos saludables sostenidos y no cuando se lo presenta como una solución milagrosa.

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