Se recibió con el mejor promedio en la Escuela Normal Sarmiento y hoy revoluciona el aula de sexto grado en la Escuela Las Hornillas con su creatividad y amor a la profesión. Es Estefanía Rivero, la docente sanjuanina, se hizo viral por calificar a sus alumnos con los números de la Scaloneta para incentivarlos a ‘dar lo mejor’. En diálogo con DIARIO DE CUYO la joven maestra contó cómo la pandemia le despertó la vocación por la docencia.
Apenas se traspasa la puerta de la Escuela de Las Hornillas, en el aula de sexto grado el clima mundialista se respira en el aire. Hay una decoración celeste y blanca y un murmullo de chicos que, en lugar de conformarse con sacarse un 7, hoy se desviven por alcanzar "un Messi", o sea un 10. Detrás de esa revolución de entusiasmo está Estefanía Rivero, una joven sanjuanina de 25 años que entendió que la docencia actual exige mucho más que tiza, pizarrón y manuales. Ella eligió el idioma del amor incondicional.
Todo en la vida de Estefanía ocurrió con la velocidad de un contragolpe perfecto. Su vocación no nació en un aula universitaria, sino en el living de su casa durante el aislamiento de la pandemia. Al ver que sus sobrinos comenzaban primer grado sin saber leer ni escribir, se cargó al hombro la tarea de enseñarles. El boca en boca entre las mamás de los compañeros de los chicos hizo el resto. En esas tardes de paciencia y letras compartidas, descubrió que la carrera que estaba cursando no era su destino. Dejó todo, se inscribió en el Profesorado de Educación Primaria, en la Escuela Normal Sarmiento y, en un esfuerzo maratónico de cuatro años, se graduó en noviembre de 2025 con el promedio más alto de su promoción.
Para marzo de 2026, el mérito dio sus frutos: por su puntaje impecable, tomó una suplencia anual. El destino la esperaba en sexto grado de la Escuela Las Hornillas.
"Para mí, los alumnos son mi motor. Si tengo algún problema, desaparece apenas ingreso al aula y los veo’, dijo la maestra que se hizo viral por su creatividad.
La táctica de motivación de la docente sanjuanina
La chispa de la creatividad se encendió una tarde cuando vio a sus 18 alumnos, chicos de entre 11 y 13 años, absortos jugando con figuritas en el recreo. Estefanía notaba cierta apatía generalizada hacia las notas; un "seis" o un "siete" les bastaba, el conformismo ganaba terreno.
“Yo les decía que no se tienen que conformar con lo mínimo, sino tratar de llegar a lo mejor”, explica la docente. Usando la IA diseñó plantillas personalizadas donde las calificaciones tradicionales se reemplazaron por los números de las camisetas de la Selección Argentina.
El impacto fue inmediato. En la siguiente evaluación, el aula fue un estallido de esfuerzo: la gran mayoría alcanzó el "10", es decir, se transformaron en Messi. Para Estefanía, ver el orgullo en los ojos de esos chicos fue la mayor gratificación de su incipiente carrera.
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Estefanía tiene la mochila cargada de stiker, sellitos y juegos para incentivar a los chicos a estudiar.
Una mochila cargada de contención y tizas
La entrega de Estefanía trasciende el horario escolar y las fronteras de su propia aula. Recientemente comenzó también como maestra móvil, recorriendo escuelas donde se la necesite, rompiendo el hielo con chicos desconocidos a fuerza de adivinanzas, sellitos, juegos y stickers que costea de su propio bolsillo.
“Cada chico tiene su historia, su familia, su contexto, y desde el rol de docente tratamos de acompañarlos dando todo”, reflexiona. “Cuando notamos que un chico vino con una energía distinta, medio rebelde, ya sabemos que algo pasó en su casa. Dejamos un ratito la clase para prestarle atención, porque a lo mejor es lo único que necesita”, dijo la maestra.
Esa empatía se traduce en gestos puros. Los recibe en la puerta de la escuela, almuerza y merienda con ellos, y juega en los recreos. Los chicos lo sienten. Hace poco, una alumna la conmovió profundamente tras regalarle una humilde bolsa de pomelos traída de su casa.
Detrás de la autoexigencia de Estefanía, que ya desde sus pasos por la Escuela Belín Sarmiento y el Colegio Nacional de Rawson buscaba la excelencia, hay una historia de gratitud filial. Soltera, vive con su madre, una mujer que no pudo terminar la escuela primaria porque la vida la obligó a trabajar desde niña para cuidar a sus hermanos.
Sin embargo, esa madre tuvo se esforzó para que todos sus hijos estudiaran bajo la convicción de que “El estudio es lo único que les puedo dejar”.
Por eso, para Estefanía, este presente brillante, el reconocimiento nacional por su creatividad y el guardapolvo blanco son mucho más que un logro profesional. Son la forma de saldar una deuda de amor pendiente con su mamá, devolviéndole en orgullo cada gota de sudor invertida.
Al mirar el futuro, Estefanía se piensa con el mismo entusiasmo que mantiene ahora, pese a que sabe que las crisis económicas y los desgaste de la profesión le llegan a cualquier docente. Aún así, elige conservar su entusiasmo y continuar llenando el block de notas del celular con ideas creativas que ejecuta en sus horas libres para seguir motivando a sus alumnos a alcanzar las mejores notas. Si le preguntan qué es la docencia, la respuesta sale del corazón y sin titubeos: “Amor incondicional”. La Scaloneta de Las Hornillas ya tiene a su mejor DT.