22 de junio de 2026 - 06:53

La travesía impensada de un sanjuanino: dejó las aulas, cargó su casa en una bicicleta y se adentró a la aventura de una vida distinta

Federico Femenía está atravesando la aventura de su vida. En dos meses recorrió casi mil kilómetros por rutas y montañas. Su objetivo va más allá del viaje: promover hábitos saludables y redescubrir la libertad.

Cuando el sanjuanino Federico Femenía pedaleó los primeros kilómetros de su travesía, no sabía exactamente hasta dónde llegaría. Lo que sí tenía claro era que necesitaba salir de la rutina y demostrar, principalmente a sí mismo, que todavía era capaz de desafiar sus propios límites. Con varias provincias recorridas y otras apuntadas en el mapa, el sanjuanino eligió ser protagonista de su propia historia, aprendiendo que los límites solo están en su cabeza.

El 19 de abril comenzó una aventura que ya lleva casi dos meses y cerca de mil kilómetros recorridos. Sobre una bicicleta cargada con alforjas, carpa, bolsa de dormir y todo lo necesario para vivir en movimiento, el docente de música dejó atrás la comodidad de lo conocido para embarcarse en un viaje que, asegura, le cambió la manera de ver la vida.

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"Ahora siento que puedo ir a cualquier lugar en la bici. Antes tenía mis dudas y mis miedos. Ver el antes y el después es reconfortante", reflexiona.

La primera travesía, antesala para la aventura que se animó a experimentar Federico

La historia comenzó varios años atrás. En 2022, durante unas vacaciones en Mendoza, decidió alquilar una bicicleta y pedalear hasta Potrerillos. Las sensaciones, la reacción física y las endorfinas generadas despertaron una idea que tardaría tiempo en concretarse, pero que nunca abandonó.

"Me pareció un desafío interesante. Como soy músico, siempre llevo una melódica para tocar en distintos lugares y hacer algo de dinero. Ahí se me ocurrió hacer un viaje largo", recuerda.

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Desde entonces comenzó a prepararse. Compró de a poco las alforjas y todo el equipamiento necesario para poder sobrevivir en la ruta, hasta que un día sintió que estaba listo. La decisión estaba tomada: saldría a recorrer el país en bicicleta. Para ello, solicitó una licencia sin goce de haberes en su trabajo y emprendió el viaje.

Así pasó de las aulas a la ruta y a compartir toda su aventura en redes sociales, con el propósito de llegar a aquellos que aun no se deciden en dejar la comodidad de la rutina para gozar de las sorpresas que puede brindar el destino.

Más que un viaje sobre ruedas, una búsqueda personal

La motivación principal no fue turística. Tampoco deportiva. Según explica, nació de una necesidad de recuperar hábitos que sentía perdidos.

"He pasado etapas donde todo era trabajo y rutina. Me di cuenta de que si no estoy activo pierdo la costumbre de leer, de hacer deporte y de cuidar mi salud. La tecnología nos brinda muchas comodidades, pero también nos vuelve un poco inútiles", sostiene.

Por eso, cada jornada sobre la bicicleta representa una forma de reconectar con aquello que considera esencial: el movimiento, la disciplina y el contacto humano, conociendo personas que con gentileza lo hacen parte de anécdotas inimaginables tiempo atrás.

De San Juan a las Altas Cumbres, el primer tramo de una aventura que se extenderá durante meses

La salida de San Juan fue hacía el sur. Con viento en contra y una ruta compleja por momentos, Federico tenía previsto llegar a la ciudad de Mendoza, pero cuando se percató, ya se encontraba en San Martín de Mendoza, recorriendo más kilómetros de los que había proyectado. Luego continuó hacia San Luis y Villa Mercedes. Más tarde se internó en las Sierras de los Comechingones, atravesó Merlo y llegó hasta Mina Clavero.

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"Pensaba que iba a llegar a Mendoza en cuatro días y terminé haciéndolo en tres. Me sorprendió no sentirme tan cansado", recuerda.

Desde allí afrontó uno de los desafíos más importantes del viaje: cruzar las Altas Cumbres cordobesas para llegar a Carlos Paz. "No quería hacerlas. Mi idea era rodearlas porque parecía más sencillo. Pero mi familia iba a encontrarse conmigo en Carlos Paz y decidí intentarlo. Las crucé en dos días y me sorprendí a mí mismo", cuenta aun conmovido por la vivencia.

La experiencia le confirmó algo que ya había descubierto durante las primeras jornadas de viaje: muchas veces los límites están más en la cabeza que en las piernas.

Más allá de los kilómetros acumulados, los paisajes recorridos o los desafíos físicos superados, Federico asegura que el mayor descubrimiento fue personal. "He vuelto a sentir la sensación de salir de la zona de confort y eso es una inyección de serotonina. Uno se siente bien, con ganas, con ánimo", afirma.

Actualmente tiene previsto dirigirse hacia Santa Fe y luego a Uruguay, donde tiene previsto trabajar. Allí planea permanecer en una aldea ecológica y recorrer la costa fuera de temporada. Su objetivo es extender la experiencia hasta el próximo año, mientras dure la licencia solicitada.

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El camino es abierto. Cada mañana, la ruta le plantea una nueva decisión. Y aunque el destino final todavía no está definido, hay una certeza que lo acompaña desde que comenzó a pedalear: la libertad que encontró sobre la bicicleta vale mucho más que cualquier mapa.

Mientras tanto, continúa compartiendo el día a día de la travesía a través de su Instagram @la.casacleta, una definición que resume perfectamente su realidad actual: una casa completa transportada sobre dos ruedas.

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