31 de agosto de 2026 - 12:13

Las estrategias del comedor de la UNSJ para acompañar a cientos de estudiantes con un presupuesto ajustado y sin desperdiciar comida

La UNSJ sostiene como prioridad la gratuidad del servicio. Inscripción semanal, la planificación de las compras y los productos de estación son algunas de las claves para optimizar recursos y evitar el derroche.

En un contexto de restricciones presupuestarias y de fondos acotados, la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) sostiene el servicio de comedor universitario como una de las prioridades de su política de gestión. Con una planificación que apunta a mantener la gratuidad del servicio, durante este año se enfocaron los esfuerzos en sostener la calidad como así también evitar el derroche de comida.

De acuerdo a lo que informaron desde Bienestar Universitario de la UNSJ, el organismo del cual depende el comedor, se realiza la entrega de manera diaria entre 1.200 y 1.500 viandas a estudiantes, tanto en el espacio que funciona en El Palomar, donde hay servicio de almuerzo y cena; y en el Comedor Universitario Juan Gutiérrez, que se encuentra en el Complejo Universitario “Islas Malvinas”, solo en horario de mediodía.

Florencia Ficcardi, secretaria de Bienestar Universitario, explicó que el funcionamiento se mantiene sin cambios significativos. Si bien a inicio de año registraron un incremento en la demanda, proveniente de los alumnos que ingresaron a la universidad, el número promedio de viandas diarias se mantiene, evidenciando el apoyo que ofrece el servicio a los estudiantes sanjuaninos.

Las estrategias para abaratar costos en el comedor de la UNSJ

Según indicó Ficcardi, uno de los principales mecanismos para optimizar los recursos es el sistema de inscripción semanal implementado este año. Los estudiantes deben informar con anticipación qué días utilizarán el comedor, lo que permite calcular la cantidad de viandas necesarias y planificar con mayor precisión las compras y la elaboración de las comidas.

“Los estudiantes se inscriben semanalmente para avisarnos qué día van a comer y se contabilizan las viandas que vamos a servir”, explicó la funcionaria universitaria. Este seguimiento permitió reducir considerablemente el margen de sobrantes, un aspecto clave para una institución que debe administrar sus recursos en un escenario de presupuesto ajustado.

El acceso al servicio está destinado a estudiantes regulares que hayan aprobado al menos dos materias durante el último año. Cada jornada se ofrece un menú elaborado con la intervención de una nutricionista, encargada de garantizar los valores nutricionales necesarios. Pero detrás de cada plato también existe un trabajo de planificación para que la comida sea sostenible desde el punto de vista económico; es por ello que la elección de los productos tiene en cuenta los alimentos de estación, los precios de las carnes y otras variables del mercado.

“Hay todo un trabajo más fino que se hace para poder sostener la política de gratuidad”, sostuvo Ficcardi. En ese esquema, el seguimiento de la cantidad de estudiantes que asistirán, la definición de las compras y el trabajo de la profesional encargada de los menús se convierten en piezas centrales.

Sanciones a quienes no retiran su vianda del comedor de la UNSJ

La UNSJ estableció una normativa para promover un uso responsable del comedor y evitar así la pérdida de comida. Quienes se anotan deben cumplir con la asistencia comprometida y, en caso de registrar más de tres inasistencias en un determinado período, pueden recibir una suspensión de un mes para utilizar el servicio.

Hasta el momento, sin embargo, no fue necesario aplicar esta sanción. Ficcardi aseguró que los estudiantes se adaptaron de buena manera al sistema desde su implementación y que el trabajo de concientización permitió que la medida funcione principalmente como una herramienta de responsabilidad.

De esta manera, con una demanda que se sostiene en torno a las 1.500 raciones diarias y un creciente interés de los nuevos ingresantes, el comedor universitario busca hacer rendir cada recurso. La inscripción anticipada, la planificación de las compras y la elaboración de menús ajustados tanto a las necesidades nutricionales como a los costos son parte de una estrategia para que, aun con un presupuesto limitado, cientos de estudiantes sigan teniendo asegurado cada día un plato de comida gratuito.

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