El arzobispo de San Juan, monseñor Jorge Lozano, recibió a Diario de Cuyo en una entrevista exclusiva en la antesala de la visita del Papa León XIV a la Argentina. Repasó cómo ve a la comunidad sanjuanina, la realidad social del país, el legado del Papa Francisco, su reciente encuentro con el actual pontífice y el mensaje que espera que se lleven los argentinos.
Sobre la comunidad de San Juan, Lozano dijo que la ve como una comunidad que valora mucho la religiosidad popular. Señaló que hay santuarios con una afluencia muy importante de feligreses, entre ellos los de San Expedito, Mocla, San José y la Medalla Milagrosa, y aclaró que prefiere no mencionar algunas devociones y dejar otras afuera. Para él, ahí hay “una expresión muy rica”. Lo que más le llama la atención es que varias de estas devociones están unidas al desierto, a lugares de difícil acceso adonde la gente llega haciendo un esfuerzo físico importante, algo que valora mucho. También destacó la valoración de la bendición, la celebración de la misa y el bautismo de los niños, y afirmó que hay una participación importante en la vida de la fe.
Consultado por la realidad social que atraviesa la Argentina, el arzobispo manifestó su preocupación por la situación de vulnerabilidad de los jóvenes. Explicó que muchos no alcanzan a terminar el secundario y que un número importante nació en hogares bajo la línea de pobreza, por lo que no tiene modo de conseguir un trabajo bien rentado y debidamente registrado. Citó un estudio de la Universidad Católica Argentina, realizado hace apenas un mes, sobre las desigualdades en los jóvenes, en el que se percibe una especie de futuro clausurado para algunos y más abierto para otros: quienes nacieron en hogares con mejor posición económica pueden alcanzar un mayor nivel de estudio y tienen vínculos que les ayudan a conseguir mejores fuentes laborales.
Sobre el papel de la Iglesia frente a las necesidades de las familias, Lozano detalló que trabaja a través de Cáritas y de la Pastoral Juvenil para brindar oportunidades a los sectores más postergados, particularmente entre los jóvenes. Ese trabajo se hace mediante la educación, el deporte, el acompañamiento de situaciones vulnerables y centros de acompañamiento para quienes sufren alguna adicción. Agregó que la Iglesia también se compromete en la gestión ante las autoridades nacionales, especialmente ante los legisladores, para promover leyes que cuiden más, como las vinculadas a la salud mental y al juego de azar y las apuestas online. En todos esos temas, dijo, hay mucho para promover “la cultura del cuidado y no del abandono”.
Al ser consultado sobre si la Iglesia sabe hablar el lenguaje de las nuevas generaciones, respondió que los jóvenes también son Iglesia y que hablan ese lenguaje. Lo importante, sostuvo, es que quienes tienen cargos de responsabilidad mantengan un diálogo fluido con las generaciones nuevas para conocer sus inquietudes, aspiraciones, fragilidades y temores, y para ver cómo llegar mejor a través de ese diálogo.
Sobre el principal desafío de la Iglesia en este nuevo papado, planteó dos niveles. A nivel eclesial, es continuar con el estilo sinodal y participativo que Francisco le imprimió a la Iglesia, un proceso que fue importante a nivel universal y que también se trasladó a los niveles más locales. En el vínculo con la sociedad, advirtió que hoy se vive en un mundo muy fracturado y fragmentado, con una violencia creciente, y que el papel de la Iglesia es favorecer y fortalecer la amistad social, la cultura del encuentro y el compromiso por la paz.
Al evaluar qué aspectos del pontificado de Francisco marcaron un antes y un después, reconoció que es difícil elegir uno o pocos. Destacó la mayor participación en la vida de la Iglesia, particularmente de los laicos y de la mujer, y el hecho de haberles dado a algunas mujeres papeles importantes en la conducción de la Curia en el Vaticano, algo a lo que León XIV también está dando continuidad. Recordó que Francisco enseñaba con los gestos más que con los discursos: cómo se acercaba a un enfermo, cómo besaba a un niño, cómo visitaba lugares pobres. “Su mensaje es su misma vida”, resumió. Sumó su hablar sencillo y expresiones como “Iglesia en salida” y “primerear en el amor”, que según dijo “nos iluminaron y alentaron mucho”.
Sobre el legado que la Iglesia debe preservar, señaló la cercanía como la palabra que mejor define a Francisco. Contó que, pese a vivir en el Vaticano, cada vez que salía o recorría la plaza en el papamóvil, tocaba y percibía a la gente, y tenía la capacidad de hacerse cercano para que la gente lo sintiera de ese modo.
El encuentro con León XIV
Lozano se refirió luego a su reciente reunión con el nuevo Papa, que generó mucha esperanza y también incertidumbre por la frase que el pontífice le dijo al despedirse. En el encuentro le entregó el documento final del Tercer Sínodo Arquidiocesano, un acontecimiento histórico porque llegó cien años después del primero y del segundo. Para el arzobispo, fue una manera de confirmar este camino no solo como algo iniciado y realizado en San Juan, sino también puesto en manos del Papa, como diciéndole: “estamos con vos y seguimos caminando” en la senda que Francisco trazó. Calificó el momento como “muy bueno y conmovedor”.
Respecto de la devolución del Papa, contó que lo alentó a seguir por ese camino y que conversaron sobre los tres desafíos planteados en el Sínodo: la escucha, la espiritualidad y la misión.
Al comparar los estilos de Francisco y León XIV, dijo que “ninguno de los papas es fotocopia del anterior, son todos originales”, y que cada uno tiene su propio carisma e impronta. Aclaró que León XIV se ocupó de marcar continuidad en los ejes que Francisco había insistido: el cuidado del ambiente, la búsqueda de la paz, la sinodalidad y la participación, y los pobres, con especial insistencia en los migrantes y los más frágiles. Las diferencias, explicó, están en el modo de ser: Francisco era más espontáneo y León XIV es un hombre más tranquilo en su expresión y su modo de hablar.
También difieren las experiencias de vida. El cardenal Bergoglio estuvo siempre en la Argentina, salvo una etapa en la que estudió en Alemania y luego sirvió en algún organismo internacional. Prevost, en cambio, nació en Estados Unidos, estudió allá y después en Roma, y desarrolló parte de su vida pastoral con los agustinos a nivel global. Eso le permitió viajar y tomar contacto con muchas experiencias a nivel mundial: fue obispo en Perú y obispo en la Curia Romana, por lo que, según Lozano, tuvo “una experiencia global más intensa”.
Monseñor Jorge Lozano junto al Papa León XIV.
La trastienda de “Nos vemos pronto en la Argentina”
Consultado por la trastienda de la frase que repercutió a nivel nacional, Lozano relató que la conversación fue muy buena y distendida, de cerca de media hora. Parte de ella se centró en la realidad eclesial de San Juan: la entrega del documento final del Sínodo, el seminario, la Universidad Católica y la forma de trabajo en la provincia. Luego hablaron de la visita, porque el Papa está muy entusiasmado con los tres países que recorrerá, y charlaron sobre los lugares que iba a visitar. Hablaron de los jóvenes: el Papa le preguntó cómo era su situación en la Argentina y conversaron sobre las situaciones que se viven y lo que se espera de él.
Cuando ya se iba, el arzobispo, que suponía que no tendría otra entrevista con el Papa en los próximos meses o incluso años, se despidió de manera abierta: le agradeció, le pidió la bendición y le dijo que se verían en algún momento. Fue entonces cuando el Papa le respondió enseguida: “Nos vemos pronto en la Argentina”. A Lozano le sorprendió, pero le pareció “muy lindo” como expresión de anhelo de poder encontrarse en el país.
Lo que espera de la visita
Sobre la visita del Papa a la Argentina, el arzobispo dijo: “Yo espero que su visita nos incomode”, y aclaró que lo dice en el buen sentido: “cuando alguien nos quiere, quiere que crezcamos, y a veces crecer incomoda”. Explicó que espera que el Papa les proponga levantar la vara y asumir desafíos más importantes, algo que puede generar alguna incomodidad tanto a nivel eclesial como social. Añadió que espera que su mensaje sirva para alentar a dar más pasos hacia la comunión sinodal, hacia un espíritu misionero y una mayor cercanía con los pobres y los enfermos.
Por último, sobre el mensaje que le gustaría que se lleven los argentinos, remitió al lema elaborado por la Conferencia Episcopal: “Vengan todos, vayan y anuncien”. Explicó que se insiste en el “todos”, una expresión recurrente de Francisco, quien afirmaba que en la Iglesia hay que abrir los brazos para que vengan “todos, todos, todos”. Con el lema quieren mostrar la apertura universal del corazón. El envío misionero, agregó, significa que se viene a la Iglesia “no para que hagamos un fueguito y nos quedemos mirándonos la cara”, sino para fortalecerse en la misión que Jesús mismo encomendó.
Lozano contó que le entusiasma saber que miles de personas de San Juan viajarán con ese ánimo y que en estos días se celebran las misas de envío para quienes van a viajar. Reconoció que muchos no pueden viajar por razones de salud o económicas, por lo que se prepara un espacio en la Iglesia Catedral para unirse a la Vigilia de los Jóvenes, el martes por la tarde, con transmisión en directo, y a la misa del miércoles por la mañana frente al Santuario de Luján, que calificó como un acontecimiento “maravilloso”. El deseo, concluyó, es alentar a que vayan todos los que puedan y que quienes no puedan se encuentren en familia, en la Catedral o en alguna parroquia para participar de cerca.