11 de septiembre de 2026 - 06:47

Soñaba con ser comunicadora y encontró en la docencia de Iglesia mucho más que vocación, la historia de Luciana Espejo

Sus primeros pasos no los dio convencida, pero con el tiempo no solo fue descubriendo una pasión a la hora de enseñar, sino también descubriendo las maravillas que regala el ser docente.

“No comencé muy convencida”, confiesa Luciana Espejo, quien actualmente lleva 12 años en el ejercicio de la docencia en Iglesia. Oriunda de Bella Vista e instalada actualmente en Tudcum, sobre sus espaldas no solo lleva años como educadora, sino también kilómetros recorridos para enseñar y llegar a cada niño, niña y adolescente del departamento.

Su acercamiento a la docencia no fue por elección, aunque había personas que notaban en ella la vocación, pese a que Luciana lo ignorara. “Desde que era pequeña mi sueño era ser comunicadora social, era la carrera más cercana que había tenido con una profe y me gustaba la radio y la locución. Nosotros éramos personas de bajos recursos y mi padre lo que podía ofrecerme era ayudarme para ser docente. No era que me disgustaba la carrera, sino que quería hacer otra cosa, hasta que hice la residencia y me fui enamorando. Hoy solo me dedico a esto. Todo lo que hace a la educación me encanta y se lo agradezco a mi familia”, comenta en contacto con DIARIO DE CUYO.

El apoyo no solo llegó del entorno familiar en aquellos inicios, sino también de parte del director de la escuela secundaria a la que acudía Luciana como alumna. Con el tiempo su madre le confesaría que la autoridad escolar se comunicó con ella, la convocó a una reunión y le sugirió que acompañaran a Luciana en alguna carrera que estuviera referida a la educación. Al respecto comenta: “Él ya me veía un perfil, veía condiciones que yo no descubría en ese entonces”.

Escuela Manuel Alberti. Zonda - Iglesia

Escuela Manuel Alberti. Zonda - Iglesia

Sus primeros pasos fueron en escuelas del departamento como maestra primaria, pero la vida le tenía preparada otra aventura, una que requiere un mayor compromiso.

De maestra a profesora itinerante, una aventura que la lleva a recorrer 135 kilómetros varias veces a la semana

Una vez recibida, sus primeras experiencias fueron como maestra de grado en el nivel primario. Con el avance de los años decidió seguir formándose y profesionalizándose, realizando un profesorado de geografía e historia, lo que le permitió abrirse camino en el nivel secundario, pasando de ser “la seño” a ser “la profe”.

El gran cambio fue cuando conoció desde adentro la vida del profesor itinerante. Para comprender el concepto, ser docente itinerante implica cubrir horas cátedras desplazándose largas distintas en zonas alejadas o rurales para garantizar la educación en distintos niveles y modalidades. A partir del 2025 comenzó a dar los pasos en la itinerancia, enfocada más que nada en las escuelas albergue del departamento.

“Recorremos aproximadamente 135 kilómetros para llegar a las escuelas. Son grupos reducidos en los que trabajamos, lo que lleva a que la enseñanza sea prácticamente personalizada. Es un desafío grande por la distancia que tenemos, pero lo hacemos con mucho cariño, mucho entusiasmo, porque a cada escuela a la que vamos esos niños dependen de nosotros. Escuchar sus sueños nos da incentivo, ganas y entusiasmo para recorrer esos kilómetros felices”, asegura Luciana.

Escuela Miguel Cané. Bauchazeta - Iglesia

Escuela Miguel Cané. Bauchazeta - Iglesia

Así, los sueños de la iglesiana van mutando conforme las realidades que se le van planteando. Ser comunicadora fue totalmente reemplazado por la docencia y una pasión que desconocía. Cuando comenzó a dar los primeros pasos como maestra, parte de sus aspiraciones estaban en ocupar un cargo directivo y desde allí poder realizar cambios en pos del bienestar de la comunidad educativa. Sin embargo, conocer la experiencia itinerante la llevó a dejar ese anhelo de lado, entendiendo que los alumnos de escuelas albergues la necesitan mucho más que una oficina de directora.

“Las personas que opinan que los docentes no tienen vocación no conocen la profesión de cerca”

Para Luciana, son varios los desafíos que deben afrontar los docentes, no solo en compartir conocimientos, sino también en involucrarse en lo que sucede en el aula, en conocer a sus alumnos y sus entornos familiares. Ignorar la realidad del alumnado no es propio de un docente y eso ella lo entiende.

Cuestiona a quienes critican a los docentes, ya que asegura que no es una tarea sencilla, más en los departamentos alejados. “Nosotros vamos a la Escuela Albergue Miguel Cané, en Bauchazeta, y vemos chicos desabrigados con temperaturas bajo cero. Ahí es donde juegan los sentimientos y formamos a las familias y los chicos. Tenemos vacación y es amplio el abanico de los aspectos que tenemos que abordar. Quizás se descuidan algunos, y eso hace creer que no tenemos la vocación, pero las personas que opinan que los docentes no tienen vocación no conocen la profesión de cerca”, asegura.

Escuela Juan Jose de Vertiz. Bella Vista - Iglesia

Escuela Juan Jose de Vertiz. Bella Vista - Iglesia

Actualmente la iglesiana es un instrumento para acortar la distancia entre aquellos menores que viven en las zonas más alejadas de los departamentos alejados y el conocimiento, la oportunidad y la posibilidad de conocer otras realidades. Al menos en el mediano plazo, espera seguir siéndolo, sin importar la cantidad de kilómetros que deba recorrer, siempre y cuanto haya del otro lado un niño o niña con ansias de aprender, ya que ella llegará con ansias de enseñar y compartir.

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