Sin empujones para avanzar entre la multitud, sin tener que llevar la reposera o esquivar los árboles para ver el espectáculo. Esta vez, la gente caminó cómoda por amplios pasillos y pudo ver el show desde las sillas, desde las gradas y desde el sector destinado a la gastronomía. Fue tan apabullante la comodidad que hubo que el público se tomó su tiempo para adecuarse al predio que se estrenó el viernes por la noche, con la apertura de la Fiesta de Albardón.
