Bajo el reflejo de los fluorescentes, pintadas en el contrapiso, brillaban las huellas rojas y amarillas que conducían hasta la carpa, adornada en su entrada con una cara gigantesca de perro, hecha con retazos de placas radiográficas. Las huellas, imitación de pisadas de ese perro enorme, indicaban el camino de decenas de hombres y mujeres, en especial jóvenes, que anoche empezaron a llegar al Hospital de Niños para dejar donaciones, jugar al truco, leer cuentos a los chicos internados y, como rúbrica, estampar con pintura roja la silueta de sus manos en una sábana colgada en la pared.
"Vinieron muchos jóvenes", contaba entusiasmada al lado del ojo perruno Gabriela Arias, presidenta de la Juventud Sindical de ATSA, el grupo que organizó toda la vigilia que estaba previsto cerrar a las 10 de la mañana de hoy. A las 21 de anoche ya había pasado por allí un par de decenas de personas. Habían dejado juguetes, golosinas, ropa, pañales y leche para los niños del centro de salud. Y se habían ido sin que se levantara aún la tranquera del truco y otros juegos de mesa, ubicados en otra carpa al lado de la primera, donde estaban las mesas vestidas, esperando. "Este es el casino. Ya nomás se larga", decía un sonriente Alfredo Duarte, secretario general de ATSA que acompañaba a sus apadrinados. Pero la situación pintaba: habían invitado a mucha gente, y la noche estaba en pañales.