El poder sanador de las flores se basa en la noción de que todo error, desequilibrio o síntoma negativo que se manifiesta en nuestro cuerpo o mente no debe ser simplemente eliminado. Por el contrario, es un mensaje del alma que debe ser escuchado porque contiene una enseñanza, y en ella está la clave de nuestra sanación. Todo defecto representa la puerta de entrada hacia la "virtud latente", que, al ser desarrollada con un trabajo interior, estimulado por la energía de las flores y también de las gemas, va a ir limpiando lo negativo y reemplazándolo por la virtud. Estas flores aportan una nueva mirada que podría desbloquear procesos evolutivos estancados.