Es posible pensar en actividades para realizar en tiempo de vacaciones compartidas:

- Juegos de mesa y estratégicos, que movilizan el pensamiento y favorecen el establecimientos de vínculos a través de la mirada cara a cara, porque la alegría real de sentirse parte de un grupo no se compara con estar virtualmente atado a una red social.

-Juegos tradicionales, porque transmiten cultura que sostiene y trasciende.

-Colonias de vacaciones, porque permiten el conocimiento personal y el compartir con otros. Pero no aquellas de tiempo completo donde los padres se pierden momentos únicos en la vida de los hijos.

Las colonias brindan una infinita gama de oportunidades para el desarrollo integral de los chicos, pero los padres están habilitados a brindar el secreto de la felicidad: posibilitarles a los hijos el darse cuenta que son amados porque son la primera elección en el diario vivir.

-Talleres de arte y creatividad, que desarrollan habilidades que permiten al niño relajarse, imaginar y jugar, pero deben ser talleres que permitan priorizar el diálogo con los padres y generen momentos de crear en familia.

-Talleres de juego de ingenio, de ajedrez, etcétera, que estimulan habilidades cognitivas jugando, pero que también respeten el descanso merecido luego de un año escolar que conlleva un esfuerzo mental sostenido.

-Salidas en familia, encuentros lúdicos, rutinas con un nuevo significado de encuentro, descansos con horarios organizados que reconforten los deseos de levantarse con renovadas esperanzas de aspirar a ser mejores cada día con y por los hijos.