“Las cosas pequeñas para unos, son grandes para otros. A mí esta silla me cambió la vida porque ya puedo moverme solo, salgo a la puerta, ando por mi casa y ya hasta me animo a ir al almacén y hacer las compras”. Orlando Rodríguez (50) tiene otro semblante e incluso otro timbre voz, hasta hace un mes apagado y apesadumbrado. El hombre hoy va de acá para allá, sube a su nieta a su falda y sonríe. Orlando estuvo casi un año postrado en una cama porque no podía comprar una silla de ruedas eléctrica, pero fue gracias a la solidaridad de los oyentes de Radio Colón, que se reunió el dinero necesario para adquirirla y ahora dice sentirse un hombre renovado. “Ya me adapté a mis piernas nuevas”, dijo.
Este caso fue publicado por DIARIO DE CUYO y en base a la historia, el programa “El Show del Domingo”, de Radio Colón y conducido por Roberto de Febre, realizó luego una campaña para reunir $6.000 entre sus oyentes, la plata que Orlando necesitaba para retirar la silla.
“Me conmovió la ayuda de la gente. Creo que a veces uno cosecha lo que siembra, porque trabajé 23 años en el Cementerio de la Capital y muchas personas me dijeron que dieron una mano porque me conocían. Pero también hubo gente que quizá nunca conoceré y que entregó plata para ayudarme, por lo que uno no puede más que emocionarse y dar gracias por todo esto”, contó el chimbero.
Orlando, quien desde niño se mueve en sillas de ruedas a raíz de secuelas de una poliomelitis severa con escoliosis parapléjica, estaba en cama porque a fines del año pasado chocó contra un auto mientras se desplazaba en su moto adaptada.
Entre las lesiones que tuvo, la peor parte se la llevó una de sus muñecas, por lo que ya no pudo usar su silla convencional. Su mejor opción era adquirir un aparato eléctrico, que permite el desplazamiento usando sólo una palanca. Pero como su obra social, la OSP, sólo le cubría $8.000 de los $14.000 que costaba la silla y no recibió asistencia social porque cuenta con cobertura de salud, a Orlando no le quedó otra que confinarse a su cama.
Es que si bien cobra su jubilación y su esposa tiene una pensión, a su cargo también están sus nietos de 6 y 4 años (su yerno murió de leucemia), por lo que contó que no podía reunir los $6.000 que le faltaban.
EL MOMENTO JUSTO
Fue entonces que la solidaridad de la gente le dio un giro a sus días, justo cuando había revelado que sus fuerzas psicológicas lo estaban dejando.
“Pese a mis problemas de salud, siempre me las había arreglado para ser independiente. Pero después del accidente, mi única ayuda hasta para llevarme al baño era mi hija, porque mi esposa también está en silla de ruedas. La situación de estar casi todo el días tirado en una cama ya me había desesperanzado, y eso que me considero un luchador”, dijo.
“Pero hoy me levanto, me subo a la silla y puedo salir a mirar el Sol. Y si mi ánimo anda caído, me doy una vuelta por el barrio porque tengo para andar 15 kilómetros sin cargar la batería de la silla. Es increíble cómo uno anhela hacer las cosas simples cuando no las puede hacer. Por eso hoy las disfruto como nunca”, confesó Orlando.