�Para María Isabel Marcoleta, de 21 años, la tercera fue la vencida. Primero vivió en la casa paterna y luego pasó a vivir en Casa Cuna por decisión de la Justicia, tras comprobarse que era víctima de maltrato. Por último, en 1992 y con 2 años de edad, fue trasladada a uno de los primeros Hogares de Belén de donde nunca se fue, y por su propio pedido. A los ocho años pidió no regresar con su madre biológica, pese a que podía hacerlo, y decidió quedarse con la familia que la estaba cuidando. El juez aceptó el pedido y se la dio en adopción.
‘En los Hogares de Belén aprendí que existe el amor verdadero. Esta familia me lo demostró con cada pequeña cosa, como hacerme la primera fiesta de cumpleaños cuando cumplí 3 años o quedarse conmigo en la noche cada vez que tenía una pesadilla. Quise quedarme con esta familia porque sentí que Dios la puso en mi camino’, dijo María.
Pese a que el juez la autorizó a ver los expedientes de su caso, la joven nunca quiso hacerlo porque no quiere revivir su pasado. Tampoco quiso volver a ver a su madre biológica, aunque varias veces se la cruzó en la calle. ‘Para mí la única mamá es Graciela, quien me adoptó. A ella le debo haber superado mis miedos y angustias. Jamás me hizo sentir ajena a la familia porque siempre me trató igual que a sus dos hijas biológicas. Tampoco me dio privilegios por ser una persona sufrida y cada vez que lo merecí me puso en penitencia. Es una madre con todas las letras’, dijo la chica.
María Isabel se lamentó porque su mamá de corazón, por problemas de salud, no pudo continuar formando parte de los Hogares de Belén. Pero ella tiene decidido continuar con el legado. Está soltera, pero dijo que ni bien se case y tenga su propia casa, se postulará para formar parte de estas instituciones. Por ahora, sólo participa en las diferentes actividades que realizan los Hogares de Belén para recaudar fondos. Es por eso que ya anotó en su agenda el festival que mañana realizará el grupo con motivo de su aniversario. ‘Yo vivo de manera muy especial cada aniversario de los hogares porque para mí representaron la posibilidad de tener una mejor vida, de recuperar la alegría de vivir y de animarme a pensar en el futuro’, dijo María.