Jáchal vuelve a quedar atravesado por el dolor. Una joven vecina decidió romper el silencio y transformar su tragedia personal en un reclamo público. Se trata de Julieta Ríos, hermana de Juan Pablo, quien en una carta abierta dirigida a autoridades de Salud, al Gobierno y a la comunidad, denunció la falta de respuestas del sistema sanitario ante una situación que —según relata— había sido advertida y solicitada a tiempo por su familia.

En su escrito, Julieta cuenta que el dolor no es nuevo. Hace trece años, cuando ella tenía 15 años, su padre se quitó la vida. En aquel entonces, su hermano tenía apenas 12. “Crecimos con esa herida abierta”, expresa. Hoy, el golpe vuelve a repetirse: hace pocos días, Juan Pablo también se quitó la vida, dejando hijos, una madre devastada y una familia destruida. “Para mí no era solo mi hermano: era como un hijo”, escribe.

Uno de los ejes más duros de la carta es el relato de los pedidos de ayuda previos a la tragedia. Según detalla, su madre recurrió a todas las instancias posibles: hospital, solicitudes de internación y pedidos de intervención ante el visible deterioro y sufrimiento de su hijo. La respuesta, asegura, fue siempre la misma: “Es mayor de edad, no se puede hacer nada”. No hubo alternativas, ni acompañamiento real, ni protocolos que contuvieran la urgencia.

“Hoy mi hermano no está. Y la pregunta que nos va a acompañar toda la vida es: ¿qué hubiera pasado si alguien nos escuchaba a tiempo?”, plantea Julieta, dejando al descubierto una interpelación directa al sistema de salud mental.

Lejos de escribir desde el rencor, la joven afirma hacerlo desde la urgencia. En su carta enumera las falencias que, a su entender, siguen empujando a muchas familias al límite: la imposibilidad de pagar atención privada, turnos hospitalarios que llegan a los tres meses cuando la crisis es inmediata, y la mayoría de edad como argumento para no intervenir. Frente a ese escenario, reclama dispositivos reales de intervención urgente, acompañamiento a las familias, escucha activa y protocolos claros que apunten a la prevención.

El texto también se transforma en un mensaje de contención para otras madres y familias que atraviesan situaciones similares. Julieta las llama a no callarse y a no quedarse solas. Incluso, se ofrece como apoyo desde su propia experiencia: no como profesional, sino como alguien que conoce el dolor y está dispuesta a acompañar y golpear puertas junto a otras mujeres y familias.

Finalmente, la joven deja en claro que su lucha no termina con la carta. Afirma que no descansará hasta ver creado un espacio físico o un ámbito real de contención y acompañamiento para personas y familias atravesadas por la desesperación en salud mental. “Este dolor tiene que servir para cuidar otras vidas”, sostiene, con la esperanza de que la muerte de su hermano no sea una más y que esta tragedia no resulte en vano.

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