Quizá por esa enorme capacidad de comunicación que tiene el caballo con su dueño, o ese vínculo histórico entre los seres humanos y los equinos, es que muchas personas crean una relación especial con ellos. Eso ocurrió con Juan Conti quien a los 82 años continúa practicando equitación, compitiendo cada vez que hay un certamen en el hípico, y aportando a este club todo lo que puede, tal como lo hizo cada vez que le tocó asumir la presidencia del Jockey Club San Juan, o de su comisión hípica. Y aunque parezca una perogrullada vale decir que es un ejemplo de voluntad y tenacidad digno de imitar.
La pasión por los caballos estuvo siempre presente en su vida, pero recién con 32 años, y gracias a un veterinario amigo de apellido Pallaro, tomó la decisión de comenzar a practicar equitación. El mismo lo acompañó hasta el Jockey Club y de ahí nunca más dejó. Tanto que está cumpliendo 50 años no sólo en el deporte si no con su compromiso con el club.


"En ese momento estaba Marina Sotomayor como instructora, además de excelente jinete, ella me permitió montar un caballo de su escuela de equitación, y desde esa vez no dejé de ir nunca. Más adelante compré un caballo para competir. Además he tenido suerte en la vida porque he competido en casi todo el país y a la par trabajaba en la parte financiera de la empresa Peñaflor, y me hacía tiempo en la mañana muy temprano, en la siesta, o cada vez que podía para entrenar. Incluso en las vacaciones me dedicaba a eso, gracias a que tenía una familia muy comprensiva que me permitía que me fuera a Córdoba, Mendoza, Buenos Aires a competir, cuenta. 


Juan vive junto a Lilian, su esposa, con quien tuvo a Gisella, Ana Lilia y María Laura, que a su vez le dieron 5 nietas, aunque ninguna heredó la pasión por esta actividad.


Sí tuve la fortuna que aunque no hicieran equitación, todas lograrán su título profesional. Me acompañaban, pero creo que más que nada por compromiso, dice Juan.

El jinete montando a Sandunga, el caballo favorito, que le dio triunfos en gran parte del país.

Se sabe que un buen jinete de equitación debe estar siempre en equilibrio con su caballo, desde la condición física hasta la comunicación entre ambos. En este sentido para lograr mantener un peso saludable y un entrenamiento que le permita saltar vallas tal como hizo siempre, hay que cuidarse al máximo. Peso 70 kilos desde hace 40 o 50 años, he hecho todo tipo de deporte, he ido al gimnasio siempre. Ahora mismo voy a uno para fortalecer las piernas porque con la edad uno va perdiendo tonicidad en los músculos, y va decreciendo la fuerza, así es que no hay que dejarse estar. Más que en esto se requiere mucha fuerza en las piernas que son los que mantienen al jinete en forma. Si bien he tenido varios golpes como todo el que practica esto, nunca han sido graves, siempre he sido muy sano de huesos y he tenido la suerte de no fracturarme. A lo sumo me han alejado una semana del entrenamiento, no más que eso, relata, y reconoce que a su edad está "bastante bien físicamente".
En cuanto a la alimentación siempre fue muy austero, lo que le ha permitido también conservar la talla para seguir montando.

Sus caballos

Después del primer caballo que lo compró en San Juan a una persona que también saltaba, vino otro y otro, tanto que cree que fueron más de 30 los que tuvo en total. Claro que siempre hay favoritos, y este caso no es la excepción. Ellos fueron Sandunga -en primer lugar-, y luego la yegua Sureña. El primero llegó de la mano de su anterior dueño, el médico cordobés, Miguel Angel Rodríguez, y lamentablemente murió de un cólico tras muchos triunfos junto a su dueño sanjuanino.


Con él ganó tres Vendimias en Mendoza -el concurso que se hace para la fiesta homónima. Después compró a Sureña, una yegua que anduvo muy bien, y a Alegro, que también le dio satisfacciones. Nicolino y Ansilta están en la nómina aunque un poco más abajo que el resto.


Indudablemente que todos fueron importantes, pero los preferidos marcaron su vida, ¿y cómo no?, si quien conoce este deporte sabe que son dos los que compiten como si fuera uno, y con ellos lo logró. Juan lo define como un binomio, si uno de los dos no funciona, la cosa no anda. Para lograr eso hace falta un tiempo largo de conocimiento.


"A mi Sandunga me dio muchos golpes hasta que aceptó estar conmigo y saltar como debía. Era bastante fuerte, recuerda como anécdota.

Con la yegua Ansilta en el Torneo de Saltos Cordillerano 2009.

Conocerse a si mismo y a su compañero de saltos es la clave. Juan como todo jinete sabe que un caballo se amansa a los 2 años y medio aproximadamente, edad en la que se lo puede empezar a montar. A los 4 o 5 comienza a realizar pruebas a baja altura, y de ahí en más se ve si el caballo tiene condiciones. Ese proceso dura varios años y puede saltar hasta los 15 o 16 años. A partir de ahí empiezan las lesiones porque tanto el animal como el jinete reciben su mayor impacto en las manos cuando caen al otro lado de la valla. Como todo atleta se sufren lesiones. He tenido muchos golpes, pero felizmente estoy muy bien. He tenido la suerte y la fortaleza de seguir en buenas condiciones, aunque a esta altura siempre hay alguna queja, algún dolorcito, pero se soluciona, dice con buen humor.

Conti durante un entrenamiento junto a José Mario Turcuman, propulsor de la equitación en Caucete y luego en el hípico.

Su hogar

El Jockey Club es, sin duda, su segunda casa. Trabajó en ella para que pasara de tercera a primera categoría nacional a fines del 2016, un logro tremendo para este tipo de instituciones. Esto sin contar que allí también se hizo el Gran Torneo Nacional de Equitación para elegir a los mejores jinetes de la Argentina que representarían al país a nivel internacional, sólo por mencionar dos hechos de relevancia.
También fue su hogar porque allí encontró grandes amigos de la vida como Mónica Valentino y Ricardo Yacante, con quienes trabajó codo a codo para llevar este deporte a lo más alto.


Mónica es como mi hermana menor. Hemos vivido juntos en el club porque ella es una apasionada de este deporte. Su vocación es enseñar a los más chicos con mucha dedicación y cariño, y su esposo Ricardo ha sido y sigue siendo mi entrenador, dice con orgullo.


Es un agradecido de la vida, de la gente que hizo su aporte para que esta institución se convirtiera en un referente a nivel nacional. Entre los triunfos más importantes recuerda los comienzos en el Jockey club, cuando este espacio de deporte y recreación era muy pequeño y el mayor logro era viajar al torneo Vendimia en Mendoza, a lo sumo a Córdoba, y a Buenos Aires. He tenido muchos buenos puestos en todas esas provincias, sobre todo con Sandunga cuando participaban más de 150 jinetes y nos iba muy bien, señala.


Él empezó a los 32 y aunque sabía montar, descubrió que la equitación era otra cosa y decidió aprender y seguir siempre haciéndolo. El camino fue largo.

Juan -en el caballo-, junto a Mara de Osacar -79 añosquien estuvo en la provincia el mes pasado para dictar una clínica- , y Mónica Valentino, entrenadora y gran amiga del jinete.

Cuando Juan comenzó sólo habían 3 categorías en salto y él llegó a hasta la segunda en la que saltó 1,30 metros. En la actualidad hay muchas más.


En un repaso por su hoja de vida figura como uno de los primeros socios del Jockey, ahora con carácter de vitalicio. Fue 4 años presidente y otros 20 presidió la comisión hípica.


Una vida llena de pasión por los caballos, por el club, por el trabajo para crear la infraestructura necesaria para los que vienen detrás. Como si eso fuera poco sigue en actividad, y es el único de su edad, aunque aclara que lo sigue José Mario Turcumán con de más de 70 años.

Más logros

Para llegar a saltar 1,30 en la segunda categoría como él lo hizo, hay un trabajo muy arduo detrás. El entrenamiento con el caballo debe ser diario, lo mismo que su acondicionamiento físico. Si bien ahora salta más bajo no deja de ser otro gran logro en su vida.


En este momento hago pruebas más bajas, eso sí, sigo trabajando con Quivenchi, mi actual caballo, todos los días y también intervengo en concursos los fines de semana. Se trabaja una hora o un poco más con él, ahora voy en horas de la siesta al hípico por el frío, y cerca del medio voy al gimnasio. Soy un afortunado por estar bien a esta altura de mi vida y tampoco puedo pretender mucho más. No me estoy quejando, al contrario soy un agradecido de todo lo hecho y de todas las satisfacciones que me ha dado este deporte.


Su activa vida le permite tener contacto permanente con jóvenes, los mismos con quienes compite los fines de semana y muchas veces gana, relata Mónica Valentino, su hermana del corazón como él la llama.


Ella también cuenta que es el primero "en ponerse las pilas cuando le propongo hacer algo por el club. Además Juan no sólo va a andar, galopa, salta, y después da dos giros al óvalo -son 18 cuadras- y en menos de 15 minutos da la vuelta. ¡Tiene un estado físico impresionante!"


A esta altura él compite con los jóvenes ya que de su edad no hay nadie más, salvo Turcumán que es más joven inclusive. En las competencias me enfrento con los chicos y por supuesto que no puedo estar a su altura, pero en este deporte se da, y no tengo ningún problema en hacerlo. Tengo muy buena relación con todo el mundo en el hípico. Los jóvenes son muy amables y tienen una gran predisposición conmigo. Claro que la sangre nueva va a mil y yo a 20, y es así en todos los ordenes de la vida, dice sonriendo.


Es agradecido de su familia que a pesar de no tener la misma pasión por los caballos lo ha acompañado en muchas competencias con la paciencia que demanda tener al lado a alguien que aporta tanto a una institución.


Es un deporte que requiere mucha disciplina tanto personal como de trabajo con el caballo para luego competir menos de dos minutos en salto de vallas, tiempo en el que si cae una de ellas se pierde todo el trabajo, aporta Conti


Este amor inmenso por la actividad nació en la finca de su abuelo donde simplemente cabalgada, pero fue el puntapié inicial para amar a estos animales toda la vida.

Con alegro, otro fiel compañero de Juan, hace una par de años.

A la par de la pasión a la que le ha brindado hasta ahora 50 años de vida, trabajó en bodegas (28 años en Peñaflor), y creó su propia distribuidora de vinos y otras bebidas (Conti), ubicada en Gorriti y acceso Este, Santa Lucía, a la que le dedica otra parte importante de sus días, ya que él mismo la dirige.


Vivió estos primeros 82 años a pleno, y descuenta continuar así mientras su cuerpo lo permita. Para eso entrena todos los días al igual que su activa mente que no deja de pensar para tener siempre objetivos que cumplir.