El vínculo político entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva atraviesa su etapa más delicada desde la llegada del libertario al poder. Aunque durante los primeros meses de gestión la relación bilateral entre Argentina y Brasil se sostuvo dentro de márgenes diplomáticos previsibles, en el último tiempo comenzaron a multiplicarse señales que reflejan un distanciamiento personal y político cada vez más marcado entre ambos presidentes.
Las diferencias ideológicas nunca estuvieron ocultas. Sin embargo, hasta hace poco, esas discrepancias no habían alterado el funcionamiento institucional del vínculo bilateral ni la dinámica interna del Mercosur. Cancillerías activas, contactos formales y una convivencia pragmática permitieron sostener una relación estable, aun con miradas opuestas sobre la región y el escenario internacional.
Ese equilibrio empezó a erosionarse cuando Milei buscó proyectarse como referente regional de un giro político hacia la derecha en América Latina. En paralelo, Brasil consolidó un perfil más activo en los foros multilaterales y en la agenda sudamericana, lo que profundizó las asimetrías políticas entre Buenos Aires y Brasilia. Las fricciones comenzaron a hacerse visibles en gestos concretos y decisiones estratégicas.
Uno de los primeros episodios de tensión se registró en la cumbre del Mercosur realizada en diciembre en Foz de Iguazú. La posibilidad, luego descartada, de que Milei no asistiera al encuentro fue interpretada como una señal de desinterés hacia el bloque y un mensaje directo al gobierno brasileño. Aunque el Presidente argentino finalmente participó, el clima político ya estaba deteriorado.
A ese escenario se sumó la postura argentina frente al acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Según trascendió en ámbitos diplomáticos, Milei promovió de manera reservada que la firma definitiva se postergara hasta 2026, lo que permitiría que la rúbrica se concrete en Paraguay, bajo la presidencia pro témpore de Santiago Peña, aliado político de la Casa Rosada. Para Brasil, que lideró durante años las negociaciones con Bruselas, esta maniobra fue leída como un movimiento político incómodo.
El conflicto terminó de profundizarse con la crisis en Venezuela. Las posiciones opuestas de Milei y Lula frente al accionar de Estados Unidos y la situación de Nicolás Maduro marcaron un punto de inflexión. Tras la difusión de un video que vinculaba al presidente brasileño con el mandatario venezolano, Lula ordenó retirar la representación diplomática argentina en Caracas, una decisión de alto contenido simbólico.
En ese contexto se explica la decisión de Lula de no asistir a la firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea en Asunción. Su ausencia fue interpretada como un gesto político hacia el interior del bloque y, especialmente, como una señal dirigida a Milei. La influencia brasileña quedó en evidencia además con la visita previa a Brasil de Ursula von der Leyen y Antonio Costa, máximas autoridades de la Unión Europea, antes de su viaje a Paraguay.
Durante los últimos dos años, Brasil encabezó las negociaciones técnicas y políticas con la Unión Europea, por lo que Lula aspiraba a que la firma final del acuerdo se realizara en su territorio. Ese objetivo no se concretará. Pese a la creciente frialdad, fuentes diplomáticas descartan por ahora una ruptura formal. La tensión, coinciden, no es entre los países sino entre sus presidentes, y comienza a impactar de manera directa en el funcionamiento del Mercosur y en el equilibrio político regional.

