El 28 de noviembre de 2025 quedará marcado en el calendario de Giselle Slavutzky como el día en que definitivamente cambió el ruido de la ciudad por el aire puro de Iglesia. La reconocida bailarina y gestora cultural sanjuanina decidió dar un giro de 180 grados, dejando atrás el ritmo frenético de la ciudad para instalarse en Las Flores, una localidad que no solo le ofrece otro paisaje, sino también nuevas oportunidades y el reencuentro con una historia familiar que late en el pueblo.

El cambio no fue repentino, quienes la conocen lo saben. Comenzó a gestarse durante la pandemia. “Es una decisión que venía pensando desde el 2020. Siempre he vivido en el centro y estaba tan acostumbrada a lo urbano que me daba un poco de miedo, pero ya venía con muchas ganas de cambiar de aire“, confesó en diálogo con DIARIO DE CUYO.  El destino siguió dibujándose cuando su pareja, un sanjuanino que durante años vivió en una quinta en Tandil, coincidió en el mismo sueño. Y terminó de sellarse cuando Giselle recibió aquel llamado para trabajar en el departamento. “Sí, se alinearon los planetas”, sonrió.

La mudanza no fue solo un traslado de petates, sino el cierre de un ciclo artístico y el comienzo de otro más ligado a lo territorial. Antes de partir, se despidió de las tablas con la obra Orgullosa. “Fue la última de ese ciclo de Giselle arriba del escenario. Ahora es como todo más desde abajo, pensando un poquito más en cuestiones comunitarias”, explicó quien siempre estuvo vinculada a lo social. De hecho, esta nueva etapa la encuentra todavía más cerca de esa mirada sobre el arte y considerando a la cultura como una herramienta para tejer vínculos.

La elección de Las Flores no fue azarosa. La casa donde hoy vive pertenecía a su abuela paterna, Violeta, y el vínculo afectivo con la zona es profundo. Al poco tiempo de instalarse, mientras visitaba la capilla de la zona, descubrió que algunos de sus ancestros, de apellidos Poblete y Godoy, son los únicos enterrados dentro del templo. “Ahora estoy rastreando la razón y un poco reconstruyendo el árbol genealógico. Es muy bonito todo lo que está sucediendo desde que tomamos la decisión de venirnos acá“, relató con cierto asombro sobre este reencuentro con su linaje.

 

 

Instalarse no fue sencillo, tuvieron que lidiar con algunos inconvenientes de la que hasta entonces era la vieja casona de fin de semana de la familia. Sin embargo, los desafíos domésticos no opacaron su necesidad y ganas de hacer. Casi al llegar, se hizo socia del Club Pismanta y, al notar que en el pueblo no había oferta de danza para adultos, puso manos a la obra.

Así nació “Cuerpo en Movimiento”, un taller que iniciará en febrero (ver aparte) y que define como una síntesis de su formación en danza contemporánea y danzas de matriz latinoamericana. “Se entrena mucho el cuerpo para tener disponibilidad, con mucho trabajo de improvisación, expresión y ritmo”, detalló sobre esta práctica, cuyo costo es mínimo, apenas para cubrir algunos elementos de higiene del club.  “Quiero generar un espacio de encuentro, contribuir con un granito de arena a la reconstrucción del tejido social. Una propuesta artística puede convocar a que tengamos más relación entre nosotros, a mirarnos a los ojos y saber quiénes somos, saber que hay un círculo de personas que están ahí para cuando uno lo necesite“, afirmó, convencida también de la importancia de saber escuchar el pulso del pueblo.

Así las cosas, su enfoque en este nuevo entorno es de atención y respeto por la identidad local. En lugar de imponer, expresó, decidió fusionar lo propio con lo que resuena en el territorio, como el folclore y la cultura del carnaval, muy fuertes en Las Flores. “No es cuestión de llevar algo distinto, sino que dentro de lo que la gente conoce y elige, poder sumar algo más. Por ejemplo, usamos música de Milo J que tiene folclore fusionado, o ritmos brasileros porque aquí gusta mucho la batucada”, comentó sobre su método para que el arte sea permeable a la identidad del lugar, donde ya hizo algunas incursiones artísticas. El año pasado, a instancias del municipio, tuvo a cargo la dirección coreográfica del elenco departamental en la Fiesta del Sol; y también dictó algunas clases de modo particular.

Además del taller, que piensa continuar a lo largo del año y concluir con una muestra, su labor como gestora no descansa. Ya colabora con la organización del Carnaval de las Flores, programado para fines de febrero, articulando contactos con otros carnavales de la provincia para potenciar la fiesta local. Y en paralelo sigue desempeñándose en el área de relaciones comunitarias de una empresa proveedora de la minería y pergeña junto a su pareja “El Monte”, un emprendimiento de alimentación consciente.

A pesar de la distancia con sus afectos y los desafíos de vivir a más de 170 kilómetros de la capital, el balance “es sumamente positivo”. Giselle asegura que se adaptó perfectamente a la falta de ruido y a la paz de la montaña. “Realmente estoy muy feliz. Siento que estoy en el lugar donde tengo que estar, conectando con mis raíces; y siento que las cosas están fluyendo hacia donde tienen que fluir. Estoy brindándome a la comunidad para poder aprender yo también de este territorio“, reflexionó en voz alta quien encontró entre montañas majestuosas y cielos diáfanos una nueva forma de habitar y de habitarse.

TOMÁ NOTA

  • Taller “Cuerpo en Movimiento”
  • Lugar: Club Pismanta, Las Flores, Iglesia
  • Inicio: 5 de febrero
  • Horario: Jueves de 18:00 a 19:30 h
  • Costo: Gratuito para socios del club / $500 por clase para no socios
  • Requisitos: Destinado a mayores de 16 años (sin límite de edad máxima)