Con sabor a ajenjo
¿Y qué me dices de aquellos matices violáceos por la propagación del efecto invernadero? ¿Y qué me dices de esa gente bestial que busca aplacar su naturaleza salvaje? Te lo he dicho mil veces. Esto es el fin. Vos me dijiste:
El escritor comparte con los lectores una de sus creaciones, una historia de amor, apocalipsis y canibalismo tras el asteroide.
¿Y qué me dices de aquellos matices violáceos por la propagación del efecto invernadero? ¿Y qué me dices de esa gente bestial que busca aplacar su naturaleza salvaje? Te lo he dicho mil veces. Esto es el fin. Vos me dijiste:
- la virtud es una construcción social.
Lo sé a veces soy impulsiva y me muerdo la lengua antes de hablar estas cosas con vos. Si quisiera remover un poco el pasado te diría que me enamoré de tu… ¿cómo decirlo? De tu corazón ¡Es tan tierno! Sos un muchacho de buen corazón lo admito. Tus latidos detuvieron los míos. Tu poesía proviene de él.
Te vi muchas veces en el ómnibus que conservaba la tradición de llevar pasajeros a montones. Vos vendías chicles nutritivos, una forma de ahorrar energía o evitar los espasmos de las entrañas. El consumo exacerbado limó hasta la última esperanza. El hambre que los volvió locos o estúpidos no lo sé. Pero allí fue donde te conocí y creí en tus ojos pardos. Esos ojos que me miran ahora y me estremecen hasta la médula. Siempre vislumbraron un paisaje de infinita belleza.
- los quiero.
Te dije una vez. Vos respondiste
- son tuyos.
De haber carecido de ellos no hubiéramos contemplado lo que generó este apocalipsis. Vos habías leído acerca de la estrella de ajenjo. Un asteroide que cayó en el océano Pacifico y envenenó la Tierra. Tus ojos ¡oh Faustino! Solo conocen miserias.
Pero es cierto que fuimos los dos los que sobrevivimos durante y después de la hecatombe. Aun puedo percibir el gusto mentolado de tus labios. Me supiste un muchacho sencillo, demasiado tímido para mi gusto pero muy valiente. ¡Ah! lo olvidaba. Tu lengua de fuego repasando áspera sobre mi cuerpo. Esa vez que hicimos el amor bajo el endemoniado asteroide. El resplandor suscitó pánico en los demás pero nosotros terminamos con una sonrisa. Tu lengua ¡Oh Faustino! me sabe un poco amarga ¿será que ya no te fijas en mí? Quisiera probarla una vez más.
Al parecer ese consumo tuyo de verduras y frutas han forjado un organismo resistente. Nunca enfermaste por cuestiones digestivas. Sí, lo sé, siempre me decías:
- la carne te envejece, probá este zapallo o esta lechuga.
Yo no podía negarme a consumir carne. Ahora lo entiendo. Con razón vives y tu hígado por ejemplo está sanito.
¿Te acuerdas que antes que cayera el asteroide habíamos acumulado ciento de bidones con agua? nunca se me hubiese ocurrido padecer la escases de agua y que los ríos por la propagación de ese sulfuroso veneno se contaminaran rápidamente. Claro, vos sos un obsesivo con el agua. Bebiendo dos litros y medio por día ¡vaya riñones! Sí, te envidio. Los míos estarán ennegrecido por tanto alcohol ¡Los tuyos son perfectos!
Tus brazos jamás se cansaron. Trabajabas como todos los días y aun tenías tiempo para abrazarme. Ahora vamos distanciados porque el calor de tus brazos se esfumó con la caída del asteroide. Ahora que todo es invierno, que las calles están vacías o llenas de inmundicias, de personas que nos arrebatan lo poco que podemos comer. Yo prefiero que, ante tanta desolación, me abraces ¡por favor Faustino! quiero tus brazos, no te desilusiones de mí tan fácilmente. Estamos juntos en esto.
Ya que el mundo civilizado ese que conocíamos en el que nos movíamos con tanta despreocupación y libertad ya no existe, quisiera confesarte una extraña obsesión que sentía por los hombres. Sus nalgas. Y en vos lo primero que hice fue mirarte donde no a todos les gusta. Entiendo que soy esa clase de mujer que pulula en rarezas como gustar tus nalgas ¡Mm, ni aún con este mundo destruido por una roca sideral se me ha quitado esa fantasía! Y ahora que estamos solos puedo aprovecharme de ellas…te amo Faustino.
Las ciudades están vacías luego de los terribles saqueos e incendios por doquier. Las medidas del gobierno fueron inútiles porque se declaró la ley marcial y entonces surgió como una suerte de psicosis colectiva en la que nadie respetó a nadie. Lo sé Faustino, vos estabas preparado para este desconcierto mundial. Tus padres te abandonaron apenas naciste (nunca les guardaste rencor) y una vez que cumpliste mayoría de edad tuviste que salir de ese hogar para ganarte la vida. En cambio yo vengo de una familia bastante disfuncional. Te hablo de ellos porque me acuerdo que mis padres divorciados a toda costa querían llevarme cada uno para su lado y eso me fastidió. Preferí irme con vos, seguir tu instinto que hasta ahora no ha fallado. Creéme que estas noches donde tenemos que recurrir al fuego para calentarnos y calentarte (vos sos mi prioridad) pienso en esto y no me arrepiento. De haberme ido con alguno de los dos hubiera muerto de hambre ¿entiendes lo que te digo? Pero reconozco que sentí mucho miedo cuando anunciaron con una hora de antelación la caída del asteroide. Lo bautizaron Ajenjo y no Armagedón como en esas películas del tío Sam ¡qué saben los estadounidenses de nuestra forma de sobrevivir! Gracias a tus averiguaciones supimos que el agua envenenada mató el plancton, los peces, a todo ser vivo que habitaba ese océano y que el impacto provocó fuertes terremotos a escalas inimaginables. El planeta colapsó en cuestión de segundos. Y vos estuviste conmigo haciendo el amor y después actuaste de manera providencial diciéndome que me tranquilizara.
- conozco un ventisquero donde estaremos a salvo.
Me dijiste mirándome con seguridad mientras se me corrían las lágrimas de solo pensar en lo que estaba ocurriendo. La gente que conocía, los amigos, esa vida frívola desapareció en un pestañeo. Pero aquí estoy llevándote porque vos te dejaste acometer por mis caprichos. Tus piernas tan flexibles preparadas para recorrer varios kilómetros nos salvaron de los abominables que quisieron matarnos. Por tal motivo te las masajeaba cuando nos deteníamos en algún recoveco que pasara desapercibido, donde tomábamos agua y comiendo tus chicles. Creo que tus piernas no fueron diseñadas para una larga marcha sino para afirmar mi supervivencia.
Entretanto, yo siento que este mundo ya no nos pertenece. No sé si a vos te causa la misma impresión pero estoy aterrada por cada árbol que fenece por cada animal que exhala su último suspiro. No hay cadáveres humanos, tal vez el canibalismo se ha generado porque nos volvimos seres primitivos. Y vos que tanto soñabas con ver un mundo mejor. Lo que sucede es que algo que nos cae del cielo no está en nuestros relativos planes ¡cuántas veces discutimos por ese rearme de las potencias con el propósito de asustar a las demás naciones o en todo caso presumían con destruirlas! Y esas bombas no sirvieron más que de propaganda. Las agencias espaciales sin presupuesto para al menos contrarrestar el Ajenjo. Me acuerdo que solíamos preocuparnos por la contaminación, la extinción de otras especies y parecía que a la humanidad no le importó un comino ¡De qué valieron tantos sacrificios si de un día para el otro el asteroide nos redujo a la nada! tanto hacer por dinero ahora ese dinero solo nos sirve para limpiarnos el trasero. No te rías pero es así. Quiero pensar que a pesar de lo que te hice me sigues amando ¡cómo no amarte con tanto sacrificio que haces por mí!
El ventisquero está en lontananza ¿lo ves Faustino? ¿Alcanzas a verlo bien? Allí estaremos por un largo tiempo. Esto significa que no está todo perdido. Allí podremos restablecer nuestras energías, conservar la civilización o mejor dicho la cordura. Tal vez si con ánimos te encuentras podremos hacer el amor. Me resulta todo como un sueño ¡Por supuesto gracias a vos Faustino, gracias a vos mi amor!
¡Faustino ellos vienen armados! ¡Oh no quiero perecer, diles algo, enfrentémoslos! Esos hombres que nos están apuntando con sus armas de fuego, son un poco monstruosos, nos observan con curiosidad y desencanto. No, no es desencanto. Me miran con horror. Faustino, despierta mi amor, diles por qué hemos venido hasta aquí, diles que uno de los dos debió sacrificarse…Pero mientras ellos me hablan en un idioma que no conozco, me doy cuenta de la realidad. Te llevo arrastrando en una bolsa ¡No eres más que un cadáver, un cuerpo que fui comiendo una vez que te dejaste matar para que yo pueda sobrevivir!
Geremías Rubén Tapia nació en San Juan Argentina en el año 1984. Cursó estudios primarios en la Escuela Teniente General Pedro. E. Aramburu y posteriormente estudios secundarios en Cens N° 69 Escuela Normal Sarmiento.
Lector de obras de ciencia ficción, como también de Literatura clásica y contemporánea de autores de habla hispana; y escritor novel desde el año 2002, sus obras han sido reconocidas en varias oportunidades. Entre ellas:
Esta convocatoria está destinada a artistas sanjuaninos: autores de poemas, crónicas, cuentos, ensayos, historietas y cómics; y también ilustradores, pintores y fotógrafos (artísticos), quienes podrán enviar sus obras a DIARIO DE CUYO para que sean publicadas en sus ediciones web y papel; y en sus redes sociales.
Las obras deberán estar acompañadas de una breve reseña sobre el autor y sobre la obra a publicar. También de una foto color del autor, de frente, plano medio.
Los cuentos, poemas, narraciones, etc. no deberán superar las 1000 palabras.
Todo el material deberá enviarse en un solo correo electrónico a la siguiente dirección: [email protected]
Es requisito conocer bases y condiciones de la convocatoria de DIARIO DE CUYO, que podrán consultar en ESTE LINK