La mamá de Walter Vilches cuenta su historia: del teclado de papel a los escenarios de Europa

Diario de Cuyo compartió una tarde con la familia del ascendente cantante lírico y pianista, que acaba de obtener un premio que lo llevará a Italia.

De un hogar humilde en el departamento Caucete a destacarse en los escenarios internacionales de la lírica, la historia de Walter Vilches es un testimonio de superación. Tras obtener el segundo puesto en el prestigioso concurso internacional Ópera Cangemi 2026, el pianista y cantante sanjuanino de 24 años se prepara para continuar su formación en Italia el próximo año.

DIARIO DE CUYO llegó a la escuela Ramón Barrera, del departamento 25 de mayo, donde vive su familia desde que su mamá, Rosana Pérez, tuvo la posibilidad de quedar como casera. Cálidos, entre las risas y lágrimas hilvanadas por mil y una anécdotas, recorrieron este camino de sueños y sacrificios, que repasan con orgullo y emoción.

Parte de la familia de Walter, en el predio de la escuela de 25 de mayo: su mamá Rosana, junto a sus dos hijas, Micaela (la mayor) y Valentina (la menor), y dos de sus nietas (hijas de Micaela), Elina y Paulina Agüero. ¡Y Milo! la mascota de Walter.

Parte de la familia de Walter, en el predio de la escuela de 25 de mayo: su mamá Rosana, junto a sus dos hijas, Micaela (la mayor) y Valentina (la menor), y dos de sus nietas (hijas de Micaela), Elina y Paulina Agüero. ¡Y Milo! la mascota de Walter.

El refugio de la música

Walter Jesús nació en Caucete, en 2001, en el seno de la familia que formaron Rosana Pérez y Nelson Walter Vilches. Es el segundo de 4 hermanos: primero está Micaela (26), luego Juan (23) y Valentina (10).

El papá, Nelson, y Walter con todos sus hermanos: Micaela, Juan y Valentina

El papá, Nelson, y Walter con todos sus hermanos: Micaela, Juan y Valentina

Su historia comenzó a escribirse entre parrales, en la localidad de Villa Independencia, donde sus padres trabajaban en las temporadas de cosecha. Cuentan que, de pequeño, no toleraba las reuniones sociales, las muchedumbres ni los ruidos. “Se alteraba y teníamos que disparar con él al hospital", recordó Rosana. Sin un diagnóstico claro en aquella época, fue su abuelo materno, Silvio Pérez, quien llevó al niño a una escuelita de música dirigida por Fernando Loré, llamada Solo Dios basta.

“Mi papá tenía una cuadrilla y se entera ahí que había una escuelita en Villa Independencia. Estábamos en plena cosecha de uvas, y, sin que nosotros supiéramos nada, agarró y se lo llevó al niño para allá”, relató con una sonrisa. Ese abuelo, que fue tal vez su primer ángel, falleció una medianoche de 2013, luego de que Walter -que estaba a su lado- tocara el piano para él hasta las 11 de la noche.

Es que sí, entre las múltiples opciones de la escuelita, Walter fue directo al piano. Y, literalmente, la música cambió su vida. No solo encontró eso que disipó sus angustias y miedos, sino también un camino que lo lleva hoy por lugares que ni imaginaban.

Walter, en un ensamble de música de Solo Dios basta

Walter, en un ensamble de música de Solo Dios basta

El niño no tardó en destacarse, pero para la familia era imposible adquirir un instrumento donde él pudiera estudiar. Entonces el director le hizo fotocopias con el dibujo de las teclas, que la familia pegó cuidadosamente sobre cartones. “Ahí practicaba, todas las tardes. Él decía que escuchaba la música”, rememoró Rosana.

Tiempo después, fue ese maestro, Loré, quien, generosamente, le obsequió a Walter su propio piano, que aún conservan como un tesoro, en la casita de 25 de mayo, para que él pudiera estudiar.

Tocando el piano que le regaló Fernando Loré. Abajo, Rosana y la herman menor de Walter, Valentina, a quien le enseñó algunos acordes.

Tocando el piano que le regaló Fernando Loré. Abajo, Rosana y la herman menor de Walter, Valentina, a quien le enseñó algunos acordes.

Una historia de amor y esfuerzo

Aún pequeño, su talento fue advertido por profesores de la Escuela de Música de la Universidad Nacional de San Juan, quienes visitaron la escuelita de arte y lo seleccionaron para audicionar. Comenzó entonces una rutina verdaderamente dura: madrugar a las cinco de la mañana, caminar hasta la ruta para tomar el colectivo que lo llevaba al centro de Caucete y, desde allí, viajar hacia la capital provincial para ir a la escuela y cumplir con sus exigentes prácticas musicales. "Se iba a las 6 de la mañana y volvía a las 12 de la noche, y en todo el día estaba en la escuela y en la Escuela de Música", contó con emoción contenida su madre, recordando aquellos inviernos rigurosos en los que el joven caminaba solo bajo la helada o el calor, a veces sin nada para cubrir sus comidas básicas. Pero la disciplina de Walter se manutuvo intacta.

“Al principio lo acompañaba yo, pero se nos hacía difícil pagar dos pasajes, así que después, él solito se levantaba y se iba. Muchas veces pasaba derecho a la escuela, había días que no tenía ni para comer, porque no teníamos para darle”, relató conmovida la mamá, que años después consiguió trabajo como portera.

Tras un paso por la Escuela de Comercio -donde, aún con buenas notas, quedó libre por las tardanzas ocasionadas por los traslados, explicaron- culminó sus estudios secundarios como abanderado en el Liceo Paula A. de Sarmiento.

Esta foto la tomó su mamá una vez que lo acompañó a clases de música y la llevó a conocer el Club Social (frente a la plaza 25 de mayo), donde almorzaba y podía tocar el piano.

Esta foto la tomó su mamá una vez que lo acompañó a clases de música y la llevó a conocer el Club Social (frente a la plaza 25 de mayo), donde almorzaba y podía tocar el piano.

Con los años, su formación se fue consolidando gracias al respaldo de otras figuras clave como la profesora de piano Ana Inés Aguirre, “la maestra Ana”, que le dio contención y un nivel de jerarquía en la Escuela de Música; y Tristán Yanzón, que le brindaba el almuerzo y el piano para estudiar en las instalaciones del Club Social.

Walter, durante un concierto en el Aula Magna de la FFHA

Walter, durante un concierto en el Aula Magna de la FFHA

Dueño de un enorme talento y con una voluntad de hierro, Walter -que jamás bajó los brazos- logró culminar también sus estudios musicales y en 2023 obtuvo el título de “Intérprete Musical, Especialidad Piano”, que, enmarcado, ocupa un lugar destacado en la pared del hogar familiar.

Rosana. Detrás, fotos familiares y el título de Walter, de Intérprete Musical, Especialidad Piano

Rosana. Detrás, fotos familiares y el título de Walter, de Intérprete Musical, Especialidad Piano

La voz Argentina: toda una sorpresa

Si bien Walter ya preparaba a un coro escolar en 25 de mayo, con el que solía cantar; y también algo en casa, con el piano; el canto no era una faceta que Vilches -hasta entonces “el pianista”- hubiera exhibido.

Walter cantando Cara Sposa en las audiciones a ciegas de La Voz Argentina, su debut como cantante en público

Walter cantando Cara Sposa en las audiciones a ciegas de La Voz Argentina, su debut como cantante en público

Fue cuando decidió participar en el reality musical La voz argentina, el año pasado, que sorprendió incluso a su propia familia. “Él es así, muy reservado, no cuenta nada, pero cuando te dice algo, es para una sorpresa”, bromeó su hermana mayor.

Después de cantar, junto a su mamá y Nico Occhiato

Después de cantar, junto a su mamá y Nico Occhiato

Quienes vieron el programa todavía recuerdan el asombro de su mamá, a quien le pidió que lo acompañara. "Me acuerdo que yo le decía 'Walter, ¿y si pasamos vergüenza?', y él me decía: 'No, quedate tranquila, si voy a cantar bien'", relató Rosana, que, como el jurado, en esas audiciones a ciegas, quedó atónita al escucharlo entonar “Cara Sposa”, de la ópera Rinaldo.

Walter pasó algunas rondas y se despidió del programa en agosto. Sin embargo, otro capítulo acababa de comenzar para el contratenor.

Walter Vilches: el salto a las grandes ligas

La evolución artística de Walter no se detuvo allí. En 2025 participó del certamen Ópera Cangemi, en el Teatro del Bicentenario. No ganó, pero tuvo una mención y el alma mater del certamen, la soprano Verónica Cangemi, lo alentó a participar del programa Ópera Studio, que comanda, en el Colón. Así lo hizo. Audicionó, entró y está a punto de coronar ese perfeccionamiento con una gala en el Colón.

No fue una decisión fácil. Su mamá cuenta que lo angustiaba tener que dejar a la familia, a los chicos del coro, con los que tanto había logrado. Así se los planteó, a ella y a su esposo, que desde hace unos años trabaja como camionero.

"Mi marido le dijo: 'Mire, hijo, yo creo que usted debe dejar todo e irse. Si ella se lo dice (por Cangemi), váyase, con los ojos cerrados. Acá, más de un concierto de piano ¿qué va a hacer? Afuera va a hacer más que el concierto', le dijo, cosa que para él ya era un montón", contó Rosana. Así fue que Walter hizo de tripas, corazón y con su sueño como faro y el amor y aliento de sus seres queridos, partió a Buenos Aires, “con una mano atrás y una adelante”, como dice su mamá. Tres meses vivió con familiares del abuelo Silvio -Viviana y Paola Pérez- en La Plata, quienes lo cobijaron; pero estaba a tres horas de su rutina. Luego consiguió otro hogar, más cerca de sus actividades, con la ayuda -también económica- del empresario Ezequiel Eskenazi, tramitada por Cangemi, a quienes están profundamente agradecidos.

En ese interín, ya con más herramientas, decidió participar en exigentes certámenes líricos, con grandes resultados: la Laffont Competition, de la Metropolitan Opera de Nueva York (ganó la instancia nacional) y Ópera Cangemi 2026, adonde insistió y consiguió el pase a la cuna del canto lírico (dato al margen, que él mismo contó a este medio, fue con camisa y saco que le prestaron a último momento, para llegar a tiempo).

La mamá de Walter Vilches se conmueve al contar la historia de su hijo

La mamá de Walter Vilches se conmueve al contar la historia de su hijo

"Yo estoy súper orgullosa, soy su fan número uno, sigo y publico todo lo que hace”, dijo entre risas Rosana; pero su semblante cambia. “No solo es felicidad, es una cosa que no lo puedo creer… (hace un silencio) Cuando me contó… Estaba en mi trabajo y yo lloraba de ver todo lo que ha logrado, solito… y con la ayuda de tanta gente buena que Dios le ha puesto en su camino", confesó hacia el final de la charla, con la voz quebrada y los ojos bañados en lágrimas, al repasar cómo aquel niño tímido -cuyas fotos, que guarda con cariño, ha puesto sobre la mesa- se abre paso en el mundo, a puro talento, esfuerzo y dedicación, con la fuerza inmensa de su arte.

Walter Vilches en Ópera Cangemi 2026, el pase a la liga europea

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