Padre Martín Nacusi: "A lo largo de los siglos, la Iglesia ha buscado esa alianza con los artistas"

Al frente de la Pastoral Artística, organiza una nueva edición del “Encuentro del Pueblo de Artistas”, que tendrá lugar este fin de semana.

La provincia se prepara para una nueva edición del Encuentro del Pueblo de Artistas (EPA), iniciativa impulsada por la Pastoral Artística de la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo, encabezada por el Padre Martín Nacusi. La convocatoria reúne a artistas, para compartir jornadas de formación y reflexión, y “descubrir la fe a través del arte”.

Bajo el lema “Llamados a producir frutos de santidad”, la cita será este fin de semana en Casa Betania. Esta vez con formato de retiro, el programa contempla talleres, charlas y momentos de oración. A la delegación local se sumarán hacedores culturales que llegarán desde otras provincias y el extranjero. Tras esta actividad, los asistentes llevarán intervenciones, talleres y presentaciones a colegios y parroquias.

“Esta propuesta surgió en 2022 con el objetivo de generar un espacio para encontrarnos los artistas, de todas las áreas, como música, teatro o pintura, que deseamos evangelizar. La pastoral venía teniendo acciones, pero faltaba como ese encuentro donde todos pudiéramos encontrarnos, compartir y aprender”, contó a DIARIO DE CUYO Nacusi. “Somos conscientes de que somos un pueblo de artistas, algunos con mucha trayectoria, otros dando sus primeros pasos... pero que juntos podemos hacer cosas más grandes, bellas y duraderas", explicó el sacerdote.

Arte y fe: entrevista con el Padre Martín Nacusi

— Es frecuente ver actividades artísticas dentro de las actividades de la Iglesia…

— Es así, y sucede desde los orígenes. La Iglesia entendió desde el principio que el arte era la manera con que podíamos hacer visible, audible o palpable el misterio de Dios. Entonces en las primeras comunidades surgen los dibujos, por ejemplo, en las catacumbas, estos frescos o pinturas que reflejaban el rostro de Cristo o los primeros santos, como una manera de decir “éste es el rostro de aquel que nos ama, el Señor, y está pasando a la inmortalidad”. Después surgieron los frescos en las iglesias, los bajorrelieves, las esculturas, los vitrales, la música sacra… O sea, a lo largo de los siglos la Iglesia ha buscado esa alianza con los artistas.

La Iglesia entendió desde el principio que el arte era la manera con que podíamos hacer visible, audible o palpable el misterio de Dios La Iglesia entendió desde el principio que el arte era la manera con que podíamos hacer visible, audible o palpable el misterio de Dios

— ¿Esto se sostuvo de manera ininterrumpida a lo largo del tiempo?

—Lo que pasa es que en la edad moderna hubo una cierta distancia, con todo el pensamiento crítico, donde se pensó que la fe relegaba el progreso del hombre. Y en la postmodernidad, gracias a Juan Pablo II también, nos damos cuenta de que no es así y que la fe, la Iglesia, tienen un tesoro invaluable. Y que incluso el artista también lo necesita para ahondar, desde la sensibilidad, en el misterio de Dios.

— Hay una distancia entre la necesidad personal de expresión y el arte como instrumento para evangelizar…

—Has dicho algo muy real: el artista necesita expresar, es una necesidad vital, por eso el arte también es tan terapéutico, porque la persona que desarrolla sus talentos y puede sacar de su mundo interior todo lo que lleva adentro: emociones, pensamientos, sentimientos…

—¿Y cuándo o cómo el arte se transforma en esta herramienta, de forma consciente, intencional?

— En la medida que yo descubro que mi identidad me la regala y me la confirma el amor de Dios, cuando el artista sabe que sus talentos vienen de Dios -San Pablo dice, ‘¿de qué te glorías si todo lo has recibido?’-, bueno, cuando uno es consciente de que, aunque sepa bailar o pintar muy bien, eso me lo dio Dios; en ofrenda, si es un corazón agradecido, dice: “a Dios le quiero devolver algo de esto, de lo que me da”, y entonces surge esa emoción, ese espíritu de agradecimiento, esa felicidad de compartir y dice “¿cómo no voy a componer para Dios, o hacer esta escultura para Dios”…

— Una manera de dar testimonio…

—Sí, y a la vez de compartir a Dios y de crecer en la espiritualidad a través de obras que, desde la belleza, ayuden a quienes sean espectadores a crecer en alegría, en esperanza, en amor, en reconciliación, en paz. Y la Iglesia celebra y abraza al artista conectado a la Gracia, unido al Señor, como fuente de inspiración. La propuesta es que los artistas se sientan primero llamados, porque es un Amigo el que los convoca a este encuentro y que cuenta con cada uno de nosotros para su gran obra. Después sanados, porque bueno, en el camino hay heridas, hay problemas, hay pecados y los retiros son fuentes de gracia para encontrarnos con el amor de Dios. Y después, enviados, descubrir que ese don que hemos recibido es para contagiar, para compartir.

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