El escaso avance de las tropas rusas ha forzado al Kremlin a enviar más refuerzos al frente. La pérdida de efectivos y la resistencia ucraniana han forzado a Moscú a movilizar más combatientes pese al masivo despliegue con el que rodeó el país desde noviembre del pasado año, una operación a la que destinó, según los informes de inteligencia occidentales, más de la mitad de sus Fuerzas Armadas. Pese a ello, ahora ha llegado el turno de desplegar sobre el terreno a soldados de territorios ocupados en Georgia, mercenarios de Oriente Próximo y más reservas del lejano este de Rusia.
La información ha sido confirmada públicamente por personas próximas al Kremlin. “Nuestros muchachos van a Ucrania para acabar con los nazis que están aterrorizando a su gente”, escribió el 15 de marzo en su canal de Telegram Eduard Kokoiti, expresidente de la autoproclamada República de Osetia del Sur, que acompañó su mensaje con imágenes de militares de la 4ª Base de la Guardia Nacional en camino a Ucrania.
Estados Unidos calcula que 7.000 soldados rusos han muerto en Ucrania, según información de The New York Times. Entre 14.000 y 21.000 podrían estar heridos, de un total de 150.000 militares rusos que participan en la guerra. Eso podría significar que la mayoría de sus unidades de combate están bajo mínimos, incapaces de llevar a cabo acciones de combate.
El Ministerio de Defensa de Japón ha informado este jueves de que ha localizado cuatro grandes barcos de guerra anfibios rusos navegando cerca de sus islas mientras viajaban hacia el oeste, posiblemente hacia Europa. Las imágenes tomadas por el Ejército japonés de los barcos anfibios, que se usan habitualmente para el desembarco de las fuerzas expedicionarias en tierra, mostraban lo que parecían ser camiones militares sobre la cubierta de uno de los barcos.
Un informe del Ministerio de Defensa británico del 15 de marzo apuntaba a que el Kremlin “está recolocando fuerzas de lugares tan lejanos como el Distrito Militar Este (en Siberia), Armenia y la Flota del Pacífico. Además, pretende utilizar aún más fuerzas irregulares de compañías militares privadas, de Siria y otros mercenarios”.
Tras ralentizar su ofensiva en el interior de Ucrania, Londres cree que Rusia “pretende utilizar estas fuerzas para mantener el territorio capturado y liberar su Ejército para relanzar las operaciones paradas”. Además, considera que la “pérdida continua de personal dificultará a Rusia asegurar el territorio ocupado”.
Vladímir Putin aprobó en una reunión del Consejo de Seguridad celebrada el 11 de marzo que se reclutase a extranjeros para reforzar las operaciones en Ucrania, y el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, reconoció que su Ejército barajaba enviar más de 16.000 mercenarios procedentes de Oriente Próximo.
Kiev pide más armamento a Occidente
Ucrania ha alertado, sin embargo, de que para seguir conteniendo a las tropas rusas precisa de más armas. El presidente Zelenski ha pedido más apoyo internacional con sanciones y armamento, incluidos sistemas de defensa aérea, armas y municiones para hacer frente al Ejército ruso. Sigue insistiendo además en reclamar el cierre del espacio aéreo de Ucrania, una medida descartada por la OTAN, que teme una confrontación militar directa con Rusia. “¿Cuántas personas más tienen que matar para que los líderes occidentales digan ‘sí’ a una zona de exclusión aérea o a darnos los aviones de combate que tanto necesitamos?”, se preguntó el mandatario el miércoles en su discurso nocturno en la televisión de Ucrania.
Moscú sigue negando los ataques a civiles, a pesar de que las pruebas en su contra se acumulan. No solo en cuanto a los objetivos a los que se dirigen estos ataques —hospitales, escuelas, zonas residenciales— sino también en cuanto a los medios que utiliza, y entre los que se ha denunciado ya, por parte de Naciones Unidas y de organizaciones como Amnistía Internacional, el uso de armas que no permiten discriminar entre blancos militares y civiles, como las llamadas “bombas tontas” (sin sistema de guía inteligente) y municiones de racimo.
El miércoles, una delegación del Tribunal Penal Internacional (TPI), encabezada por su fiscal jefe, Karim Khan, viajó a Ucrania para investigar sobre el terreno la posible comisión de crímenes de guerra y contra la humanidad en el país. Kahn declaró, que “los ataques deliberados contra civiles constituyen un crimen que perseguiremos”. La investigación del TPI se produce a instancias de 40 países miembros, una iniciativa hasta ahora inédita. Ni Ucrania ni Rusia son signatarios del Estatuto de Roma, la convención fundacional del TPI, por lo que, en principio, quedan fuera de la jurisdicción de esta corte. Sin embargo, Kiev ha facultado al tribunal para que investigue los posibles crímenes cometidos desde 2014, con la anexión rusa de Crimea. El TPI sí podría perseguir a título individual al presidente ruso y a la cúpula del poder del Kremlin, si considera que hay indicios suficientes para ello, lo que impediría a Putin pisar ninguno de los 130 Estados que forman parte del Tribunal, a riesgo de ser detenido.

