6 de octubre de 2026 - 15:59

Descubren un "planeta fénix" que nació de las cenizas de su propia estrella

El mundo, de tamaño similar a Júpiter, se habría formado después de la muerte de la estrella que hoy orbita. Completa una vuelta cada 4,4 días y su atmósfera está siendo lentamente evaporada por la intensa radiación.

Parece una historia imposible incluso para la astronomía: una estrella murió, expulsó gran parte de su materia y, tiempo después, de esos mismos restos habría surgido un nuevo planeta. Un equipo internacional de científicos identificó alrededor de la enana blanca HS 0209+0832 al primer candidato conocido de un planeta de “segunda generación” formado con el material liberado durante la muerte de su propio astro.

El hallazgo, publicado en la revista científica Nature Astronomy, fue bautizado informalmente como el caso de un “planeta fénix” por su semejanza con el ave mitológica que renace de sus cenizas. A diferencia de la Tierra y del resto de los planetas convencionales, este mundo no habría nacido junto con su estrella, sino después de que esta agotara su combustible y atravesara las etapas finales de su evolución.

La señal detectada apunta a un gigante gaseoso de dimensiones comparables con Júpiter, situado extremadamente cerca de la enana blanca. Las observaciones del satélite TESS de la NASA revelaron una variación periódica cada 4,399 días, que los investigadores interpretan como una señal vinculada con la órbita del planeta y con la diferencia entre su lado iluminado y el nocturno.

La pista estaba en una química que no encajaba

El descubrimiento comenzó con algo extraño en la atmósfera de HS 0209+0832. Las enanas blancas son los núcleos extremadamente densos que quedan después de que estrellas parecidas al Sol agotan su combustible y expulsan sus capas externas.

Cuando estos restos estelares capturan material de planetas o asteroides cercanos, los astrónomos pueden analizar su composición química. Normalmente aparecen elementos habituales en cuerpos rocosos, como silicio y hierro. Pero en este caso sucedió algo completamente diferente.

Los científicos encontraron grandes cantidades de zinc, cobre y especialmente niobio, cuya abundancia resultó más de 1.000 veces superior a la del Sol. Al mismo tiempo, detectaron muy poco silicio y ninguna cantidad significativa de hierro, una composición que no coincide con los planetas conocidos del Sistema Solar.

Ese niobio fue una de las claves. Se trata de un elemento asociado al llamado proceso s, una serie de reacciones nucleares que ocurre en determinadas estrellas cuando atraviesan sus últimas etapas como gigantes rojas. Para los investigadores, esa firma química indica que el material del planeta se originó precisamente en las capas expulsadas por la estrella durante su muerte.

Un planeta que ahora está “lloviendo” sobre su estrella

La historia tiene otro componente sorprendente. El planeta se encuentra tan cerca de la enana blanca que recibe una enorme cantidad de radiación. Los científicos creen que parte de su atmósfera se está evaporando continuamente y que ese gas termina cayendo sobre la superficie de la estrella.

Esa suerte de “lluvia” planetaria sería justamente lo que permitió detectar en la atmósfera de la enana blanca los elementos químicos que revelaron el origen extraordinario del mundo que la rodea.

El sistema sería, por lo tanto, una especie de ciclo cósmico: la estrella produjo elementos durante su vida, los expulsó al morir, parte de ese material habría formado un nuevo planeta y ahora una fracción del planeta vuelve lentamente hacia la estrella.

Los investigadores consideran que para formar el disco de material necesario probablemente intervino otra estrella compañera, capaz de impedir que todos los restos expulsados se dispersaran por el espacio y favorecer que una parte quedara atrapada alrededor de la enana blanca.

¿Podría pasar algo parecido cuando muera el Sol?

El hallazgo también abre una pregunta mucho más cercana. Dentro de miles de millones de años, el Sol agotará su combustible, se expandirá como una gigante roja y finalmente terminará convertido en una enana blanca.

Hasta ahora, cuando se analizaba ese futuro, la principal pregunta era qué planetas del Sistema Solar podrían sobrevivir. El nuevo descubrimiento introduce otra posibilidad: que después de la muerte de una estrella puedan surgir mundos completamente nuevos utilizando el material expulsado por ella.

Los propios autores plantean que podrían existir más sistemas de este tipo aún sin identificar. La clave será buscar en otras enanas blancas combinaciones químicas similares, especialmente concentraciones elevadas de carbono y elementos producidos mediante el proceso s.

Por ahora, los científicos hablan de un candidato a planeta de segunda generación, ya que aún hacen falta observaciones adicionales para caracterizarlo por completo. Pero su composición y la señal periódica de 4,4 días constituyen la evidencia más fuerte encontrada hasta ahora de que un sistema planetario puede tener una segunda oportunidad incluso después de la muerte de su estrella.

LAS MAS LEIDAS