“Los Albarras”, el kiosco-móvil que pedalea junto al ciclismo sanjuanino hace 25 años

La familia Albarracín es parte del paisaje habitual de cada carrera en San Juan. Con su tradicional kiosco móvil, acompañan al pelotón desde hace décadas y hoy siguen siendo un punto de encuentro para ciclistas y fanáticos.

Hablar de ciclismo también es hablar de historias que se construyen al costado de la ruta. Una de ellas es la de “Los Albarras”, la familia Albarracín, ligada al ciclismo desde toda la vida y convertida en una presencia infaltable en cada competencia de la temporada sanjuanina.

Con su ya clásico kiosco móvil, los Albarracín recorren carrera tras carrera ofreciendo desde bebidas bien frías hasta golosinas, galletas y, en los últimos tiempos, productos pensados especialmente para los ciclistas, como geles energéticos, barras proteicas y suplementos nutritivos que se volvieron aliados clave durante las exigentes jornadas de competencia.

Quienes atienden el negocio, siempre con amabilidad y una sonrisa, son Mabel y Raúl, un matrimonio que respira ciclismo, además de su hija Luciana. Para muchos ciclistas y fanáticos del ciclismo, el kiosco de “Los Albarras” es más que un punto de venta: es una parada obligada, un saludo conocido y una charla compartida antes o después del paso del pelotón.

La historia comenzó hace 25 años. Raúl recuerda cuando “Chito” como es más conocido su hijo Gustavo Albarracín, tenía apenas 3 años. Decidieron armar un kiosco y moverse junto a la carrera, ya sea en las largadas o en las llegadas. Es una familia que respira ciclismo: mientras Mabel atiende el kiosco, Luciana saca fotos junto a su papá y Gustavo se encuentra corriendo la Vuelta para Diberboll, llevando el apellido Albarracín dentro del pelotón y manteniendo vivo el vínculo familiar con este deporte.

 

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