Pasaron 15 años, pero para Mariela Emilse Cuello el tiempo jamás logró cerrar la herida. Cada otoño vuelve a escuchar la voz de su madre, la docente jubilada Hilda Emilse Gómez García, aquella mujer alegre, sensible y querida por todos, que terminó agonizando tras un ataque brutal ocurrido un 28 de mayo de 2011 en San Juan. El crimen sigue impune y la familia continúa reclamando justicia.
Un salvaje crimen y 15 años de impunidad
A pesar de atravesar un delicado estado de salud, Mariela habló con DIARIO DE CUYO en un nuevo aniversario del horror que marcó para siempre su vida. Su relato está atravesado por la fe, el dolor y una memoria intacta que se niega a dejar caer en el olvido a su madre.
“Hoy especialmente es un día en el cual se juntan muchos sentimientos”, expresó con la voz quebrada. “La recuerdo como esa mujer hermosa en su esencia física, en su espíritu, en su alma. Mi mamá era una persona muy buena, no merecía algo así”. “Hoy especialmente es un día en el cual se juntan muchos sentimientos”, expresó con la voz quebrada. “La recuerdo como esa mujer hermosa en su esencia física, en su espíritu, en su alma. Mi mamá era una persona muy buena, no merecía algo así”.
La última conversación entre madre e hija ocurrió la noche del 27 de mayo de 2011. Como tantas otras veces, hablaron durante horas por teléfono. Organizaban el cumpleaños número 74 de Hilda, que iba a celebrarse el 8 de junio. Ella le contó feliz que había comprado una mesa y cuatro sillas nuevas, algo que la emocionaba profundamente porque nunca había tenido muebles “tan lindos y cómodos”.
También le habló de las servilletas que estaba cosiendo a mano y le pidió que abrigara a sus nietas porque sería una noche fría. Mariela todavía recuerda el sonido de su risa y cada uno de sus consejos.
En medio de aquella charla, la hija le comentó que en un terreno cercano a su casa habían incendiado un árbol y que los bomberos tuvieron que apagar el fuego. La respuesta de Hilda quedó grabada para siempre: “Ay hija, pobrecito el árbol, debe haber sufrido mucho”.
Horas después, sería ella quien padecería un sufrimiento imposible de describir.
Durante la madrugada del 28 de mayo, delincuentes ingresaron al departamento donde vivía la jubilada, ubicado sobre avenida España, en Capital. La golpearon, la torturaron, le provocaron cortes, le robaron pertenencias y finalmente incendiaron su cuerpo. Tenía más del 85% de quemaduras.
Milagrosamente logró pedir ayuda. Cuando Mariela llegó al Hospital Marcial Quiroga encontró a su madre sobre una camilla, completamente vendada.
“Parecía una momia. Solamente se le veía la carita y un poco de su cabello rubio que yo pude acariciar”, recordó. “Parecía una momia. Solamente se le veía la carita y un poco de su cabello rubio que yo pude acariciar”, recordó.
En medio de ese estado crítico, Hilda alcanzó a señalar a quienes la habían atacado. Según relató su hija, le dijo una frase que jamás pudo borrar de su memoria: “Me quemó, hija, me quemó. Era una mujer y cinco hombres”.
La investigación apuntó inicialmente hacia una vecina con la que habría existido una discusión por ruidos y música alta esa madrugada. Sin embargo, el caso nunca fue esclarecido. Hubo detenciones momentáneas, pero jamás condenas. Con el paso de los años, la causa quedó sumergida entre expedientes olvidados y preguntas sin respuestas.
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Si su salud se lo permite, Mariela espera visitar la tumba de su madre, el 8 de junio, el día que la docente jubilada cumplía años.
Para Mariela, la impunidad es otra forma de condena.
“Hay seis asesinos que caminan libres por las calles de San Juan”, sostuvo. “Mi madre agonizó varios días. El padecimiento que tuvo fue terrible”. “Hay seis asesinos que caminan libres por las calles de San Juan”, sostuvo. “Mi madre agonizó varios días. El padecimiento que tuvo fue terrible”.
La docente jubilada permaneció internada en terapia intensiva en la Clínica El Castaño. Estaba en coma inducido cuando su hija le habló al oído por última vez.
“Yo le decía que se fuera tranquila, que la justicia de Dios iba a actuar sobre esas personas. En el momento en que se estaba muriendo, se le corrieron las lágrimas. Me escuchaba. Yo se las secaba con mis besos”. “Yo le decía que se fuera tranquila, que la justicia de Dios iba a actuar sobre esas personas. En el momento en que se estaba muriendo, se le corrieron las lágrimas. Me escuchaba. Yo se las secaba con mis besos”.
Hilda Gómez García murió el 5 de junio de 2011, tres días antes de cumplir 74 años. La fiesta que preparaban jamás ocurrió. No hubo torta, regalos ni música. Solo flores sobre una tumba y una familia destruida.
Mariela asegura que desde aquella tragedia nada volvió a ser igual. “Mi madre era el alma de la casa, de la familia. Cantaba, bailaba, se reía. Desde que ella se fue somos todos una lucecita que día a día nos vamos apagando”. Mariela asegura que desde aquella tragedia nada volvió a ser igual. “Mi madre era el alma de la casa, de la familia. Cantaba, bailaba, se reía. Desde que ella se fue somos todos una lucecita que día a día nos vamos apagando”.
En una emotiva publicación escrita por el nuevo aniversario, la hija recordó cada detalle de aquella última conversación telefónica y confesó que todavía espera verla aparecer “con su guardapolvo blanco y su valija colmada de sueños”.
La misión de una hija
También dejó una frase que resume el motivo por el que continúa hablando públicamente del caso pese al cansancio y la enfermedad: “Mamá decía que las personas solo mueren cuando dejan de ser recordadas. Por eso llevo 15 años escribiendo sobre ella”. Y agregó: “Si algún día no ven más mis publicaciones, sabrán que ya me reencontré con Dios y con mi madre”.
A quince años del crimen de Hilda Emilse Gómez García, el expediente continúa sin responsables condenados. Pero mientras exista alguien que pronuncie su nombre y recuerde aquella madrugada de horror, su historia seguirá viva en la memoria de San Juan.