La escena es tan impactante como contradictoria: el productor rural José Yañez fue asesinado a golpes dentro de su casa, ubicada a escasos metros de un puesto policial construido en terrenos que él mismo había donado. Sin embargo, pese a esa cercanía, apenas unos 30 metros, ningún efectivo reportó haber visto o escuchado movimientos extraños durante el ataque.
El dato que pudo obtener DIARIO DE CUYO genera indignación y desconcierto en la zona de Calle 12 y Alfonso XIII, en Pocito, donde la inseguridad viene en aumento desde hace años, según indicaron fuentes del caso.
Paradójicamente, la instalación de esa dependencia policial, denominada Unidad Operativa Pocito Este, había sido celebrada por los vecinos como una solución a los problemas del lugar, en mayo de 2019. Hoy, tras el crimen, esa expectativa queda en entredicho.
La obra en Pocito que buscaba dar seguridad y servicios
La unidad operativa policial forma parte de un proyecto más amplio que incluyó también mejoras en servicios sanitarios. Fue inaugurada oficialmente en 2019, aunque la gestión y donación de los terrenos por parte de la familia Yañez se remonta a años anteriores, en un contexto donde la zona comenzaba a volverse conflictiva.
El predio donado, de unos 95 metros cuadrado, permitió la construcción de un edificio con oficinas, baños, cocina, calabozo y cochera. La inversión fue conjunta entre el Gobierno provincial y el municipio. Además, en paralelo, se avanzó en la ampliación de servicios del Hospital Federico Cantoni, con mejoras en laboratorio y atención adolescente, lo que reforzaba la presencia del Estado en el área.
Para los vecinos, contar con un puesto policial en una zona que ya reunía a unas 500 familias era un reclamo histórico. La llegada de esa infraestructura había sido interpretada como un avance concreto frente a la inseguridad creciente.
Un hombre querido en una zona golpeada
José Yañez, de 78 años, era mucho más que el dueño de esas tierras. En la zona era reconocido como un productor tradicional, dedicado principalmente al cultivo de tomate y a la venta de semillas. Formaba parte de una comunidad rural donde “todos se conocían”, según relatan quienes lo trataron.
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José Yañez tenía 78 años al momento de ser asesinado.
Vecinos lo describen como una persona muy querida, en un entorno que fue cambiando con el tiempo. El crecimiento del asentamiento Alfonso XIII, señalado por muchos como foco de conflictos, alteró la dinámica de un lugar históricamente productivo.
Pese a vivir solo en su finca, Yañez mantenía cierto vínculo con su entorno. Tenía tres hijos, aunque el contacto no era frecuente. Su círculo cercano era reducido, pero contaba con la visita periódica de un amigo, quien finalmente encontró el cuerpo tras varios días sin noticias.
Un crimen rodeado de dudas
La investigación apunta a un homicidio cometido por alguien conocido, ya que no se detectaron signos de ingreso forzado en la vivienda. La autopsia confirmó que murió por dos golpes en la cabeza y que incluso habría intentado defenderse.
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El lugar del crimen, cruzando la calle, se encuentra la unidad operativa policial.
En el interior de la casa hallaron desorden en una habitación, lo que abre la hipótesis de un robo. Además, se investiga si el hecho está vinculado a un retiro de dinero que el productor habría realizado días antes.
Mientras tanto, la ausencia de testigos, la falta de cámaras y el silencio del puesto policial más cercano profundizan el misterio. El crimen no solo dejó una víctima, sino también una fuerte sensación de desprotección en una comunidad que, irónicamente, había apostado por más seguridad en ese mismo lugar.