1 de junio de 2026 - 16:36

Polémica en La Rioja: un docente condenado por abuso sexual se recibió de psicopedagogo y en el Penal lo marcaron como un "hito"

La graduación universitaria de un interno condenado por abuso sexual fue presentada por el Servicio Penitenciario Provincial como un “hito histórico”. La difusión oficial del logro académico abrió un intenso debate.

Una fuerte polémica se desató en La Rioja luego de que el Servicio Penitenciario Provincial difundiera y celebrara públicamente la graduación universitaria de Walter Denis Pereyra Fincatti, un interno de profesión docente, condenado por abuso sexual a una menor de edad que se recibió de Licenciado en Psicopedagogía mientras cumple su condena.

La controversia no gira en torno al acceso a la educación dentro de los establecimientos penitenciarios, un derecho reconocido por la legislación argentina y considerado una herramienta clave para la reinserción social. El foco de las críticas está puesto en la decisión institucional de destacar públicamente el caso y presentarlo como un acontecimiento ejemplar.

En el comunicado oficial, el Servicio Penitenciario riojano calificó el hecho como un “hito inédito”, al señalar que se trata del primer egresado universitario en contexto de encierro dentro de la provincia. Según informaron, Pereyra Fincatti aprobó su última materia de la Licenciatura en Psicopedagogía, dictada por la Universidad Nacional de La Rioja, con una calificación de 8.

“Este logro histórico, realizado en un contexto de privación de libertad, consolida el rol social de la Educación Superior Pública como herramienta de inclusión y transformación”, destacaron desde la institución.

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Además, la jefa del Servicio Penitenciario Provincial, Analía Tello, sostuvo que la graduación representa “mucho más que la finalización de una carrera”, en el marco de las políticas impulsadas para garantizar el acceso a estudios universitarios en contextos no tradicionales.

Sin embargo, la difusión de la noticia provocó cuestionamientos en distintos sectores sociales, que consideraron inapropiado que un organismo estatal destaque públicamente los logros personales de una persona condenada por un delito de extrema sensibilidad social.

Los críticos sostienen que detrás de cada condena por abuso sexual existen víctimas, familias y secuelas profundas que deben ser tenidas en cuenta al momento de diseñar estrategias de comunicación institucional. En ese sentido, remarcan que el debate no pasa por impedir el acceso a la educación, sino por evaluar si corresponde convertir esos logros en mensajes públicos de reconocimiento. Desde el Servicio Penitenciario riojano luego desactivaron los comentarios para evitar que las críticas continuaran.

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La discusión también puso sobre la mesa el rol de los organismos estatales al momento de comunicar acciones vinculadas con personas privadas de libertad. Mientras algunos consideran que mostrar casos de formación académica puede servir como ejemplo de reinserción, otros entienden que hacerlo sin contemplar la naturaleza del delito cometido puede generar dolor, indignación e incomprensión en la sociedad.

La situación abrió un debate más amplio sobre los límites entre la promoción de políticas públicas de inclusión y la necesidad de preservar la sensibilidad frente a delitos que afectan gravemente la integridad de las víctimas.

En ese contexto, la controversia dejó una pregunta de fondo: hasta dónde deben llegar las instituciones al momento de visibilizar historias de superación dentro de las cárceles y cómo equilibrar esos mensajes con el respeto hacia quienes sufrieron las consecuencias de los delitos cometidos.

Más allá del caso puntual, la discusión volvió a poner en primer plano una cuestión cada vez más presente en la agenda pública: la responsabilidad de los organismos del Estado no solo por las acciones que llevan adelante, sino también por la forma en que deciden comunicarlas.

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