Consumos problemáticos en menores sanjuaninos: la edad de inicio ronda los 13 años, las sustancias que más predominan y cómo actuar en la familia

Desde la Dirección de Prevención y Asistencia de los Consumos Problemáticos remarcaron la necesidad de fortalecer la prevención y el acompañamiento de niños y adolescentes. El panorama en los menores sanjuaninos.

La edad de inicio en el consumo de sustancias se convirtió en uno de los principales focos de atención para los organismos que trabajan en prevención y asistencia de los consumos problemáticos. Tanto a nivel nacional como en San Juan, el promedio de inicio de consumo de sustancias se ubica en los 13 años. Sin embargo, en la provincia se han detectado casos de consumo en menores más chicos. Ante este escenario, el trabajo que se hace desde casa es fundamental.

Daniela Merlo, titular de la Dirección de Prevención y Asistencia de los Consumos Problemáticos del Ministerio de Familia y Desarrollo Humano, explicó que el trabajo con niños y adolescentes ocupa un lugar central dentro de las políticas de prevención provinciales. “Hemos hecho mucho hincapié en los adolescentes y niños, ya que hay una baja de edad de inicio al consumo”, señaló. Ante esta realidad, el organismo trabaja de manera articulada con otras áreas que intervienen en la problemática y desarrolló protocolos específicos para abordar a esta población.

Durante este año se presentaron casos de menores de 13 años que requirieron intervención. Merlo aclaró que son “la excepción, no la generalidad”, pero que cada situación demanda un abordaje particular. Al tratarse de menores de edad la intervención no se limita al consumo en sí, sino que busca conocer qué sucede en su entorno y porqué, entre otras cosas, tiene acceso a distintas sustancias. Por eso, la Dirección trabaja junto con la Dirección de Niñez y al Poder Judicial, manteniendo un diálogo permanente con jueces y fiscales.

La mirada integral permite analizar las condiciones familiares, sociales y personales que atraviesan a cada niño o adolescente, evitando reducir la problemática exclusivamente al consumo de una sustancia.

Con relación a las sustancias que mayor predominancia tienen en los menores de edad, Merlo detalló que en el caso de las reconocidas como legales, el alcohol tiene mayor presencia, desplazando al tabaco que en algún momento fue un factor de preocupación debido a que menores comenzaban a fumar a corta edad. Por su parte, en el caso de las sustancias ilegales, la marihuana figura entre las principales y más habituales.

Más conciencia y acompañamiento de los adultos, una tendencia que se observa dentro de la Dirección de Prevención y Asistencia de los Consumos Problemáticos

Uno de los aspectos que desde el área provincial consideran positivo es el crecimiento de la conciencia tanto entre adolescentes como entre adultos.

Merlo destacó que han observado una mayor comprensión por parte de los jóvenes, pero especialmente un cambio en el rol de los adultos, quienes muestran una mayor disposición para acompañar y participar de las estrategias de prevención. Al respecto, aseguró: “Lo que hemos notado mucho y es bueno potenciarlo es la toma de conciencia de los adultos”.

En ese sentido, distintas áreas del Gobierno trabajan en campañas de prevención que buscan promover formas de disfrute saludables y generar herramientas para que niños, adolescentes y sus familias puedan reconocer situaciones de riesgo. La prevención, remarcan desde el área, no consiste solamente en advertir sobre las sustancias ilegales.

Los consumos problemáticos abarcan conductas que, con o sin sustancias, pueden afectar negativamente la salud física, mental, emocional y social de una persona, apareciendo entre los menores el consumo digital como los juego, la tecnología, las redes sociales, las compras compulsivas y las apuestas online.

Cada situación requiere una mirada particular, integral y libre de prejuicios. El objetivo es detectar las dificultades a tiempo y generar espacios de contención y asistencia profesional cuando sean necesarios.

El rol de las familias: acompañar sin controlar en exceso y con una escucha activa

Frente a un posible consumo problemático, desde la Dirección de Prevención y Asistencia de los Consumos Problemáticos recomiendan a las familias evitar dos extremos: el exceso de control y la ausencia total de límites. Ambas posturas pueden generar distanciamiento, desentendimiento e intolerancia y afectar el vínculo entre adultos y adolescentes. La propuesta apunta a encontrar un equilibrio basado en el cuidado.

Conocer y monitorear las actividades y relaciones de los hijos debe realizarse desde una posición de acompañamiento, buscando que los adultos se conviertan en referentes confiables. La cercanía, la calidez, la escucha y la posibilidad de conversar sin prejuicios pueden favorecer que los adolescentes recurran a sus adultos de confianza cuando atraviesan una dificultad.

Señales de alerta ante un posible consumo problemático

Cambios en el comportamiento

  • Aislamiento social: alejamiento de familiares y amigos o pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba.
  • Variaciones en el estado de ánimo: irritabilidad, ansiedad, agresividad o depresión sin una causa aparente.
  • Descuido de responsabilidades: disminución del rendimiento escolar o faltas reiteradas.
  • Secretismo y cambios de hábitos: mentiras, ocultamiento de información, evasión en el hogar o necesidad de pasar mucho tiempo a solas.

Cambios físicos y de salud

  • Aspecto y hábitos descuidados: falta de higiene, descuido de la vestimenta y alteraciones del sueño, como insomnio o somnolencia.
  • Ojos y rostro: pupilas dilatadas, ojos enrojecidos o vidriosos y ojeras muy marcadas.
  • Peso y alimentación: pérdida o aumento drástico de peso y modificaciones abruptas en los hábitos alimentarios.
  • Falta de coordinación: temblores, movimientos descoordinados o dificultad para hablar con normalidad.

Indicadores de dependencia

  • Aumento de tolerancia: necesidad de consumir mayores cantidades de una sustancia o aumentar el tiempo de exposición a una actividad para conseguir el mismo efecto.
  • Pérdida de control: dificultad o incapacidad para frenar o dejar de consumir.
  • Síntomas de abstinencia: malestar físico o psicológico, como sudoración, náuseas o ansiedad intensa cuando la persona no consume.

Frente a estas señales, la recomendación es evitar respuestas basadas exclusivamente en el castigo o el control. El acompañamiento adulto y la consulta profesional permiten abordar cada situación de manera adecuada, teniendo en cuenta que detrás de un posible consumo problemático existe una persona y un contexto que necesitan ser escuchados.

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