En los últimos meses un fenómeno que solo se observaba en redes sociales como TikTok comenzó a ganar mayor terreno, llamando la atención de medios tradicionales y de la sociedad en general. Se trata de los Therians, un grupo de individuos que manifiestan “autopercibirse como animales no humanos”. Debido a la novedad y sus características, parte de la población no pudo evitar las burlas e ironizar sobre el tema, pero detrás el suceso se debe dar un análisis mayor, desde una mirada profesional.
DIARIO DE CUYO consultó con los sociólogos Marcelo Tardy y Roberto Dacuña, y con la psicóloga Celeste Sánchez (MP 1937) las particularidades y el análisis que se puede hacer sobre esta manifestación llevada a cabo más que nada por adolescentes en las grandes urbes. Si bien en San Juan no hay registro de individuos que se identifiquen como animales, no se descarta que aparezcan en el corto plazo, debido a la masividad que se está registrando en el país.
Tanto la mirada sociológica como psicológica coinciden en el punto de comprender esta grupalidad como una “tribu urbana”. Sánchez destacó que comparten manifestaciones de tribus debido a que se reúnen en sitios puntuales, organizan actividades, comparten un modo de vestir y tienen hábitos o intereses comunes, como modos de sentir, pensar y lenguaje compartido.
“Lo primero que hay que notar en términos sociales es que es un fenómeno urbano que tiene su origen en las redes sociales”, destacó Dacuña.
Formar parte de una tribu urbana implica buscar un espacio en donde la persona pueda indagar o reafirmar su identidad, consiguiendo aceptación de sus pares. En el caso de los therians, aparece la satisfacción individual al identificarse como un animal, siendo una práctica que encuentra en la grupalidad la satisfacción del deseo o del interés individual.
Sobre este punto en particular Tardy comenta: “En su momento los floggers eran algo divertido, colorido, que tenía que ver con escapar la realidad social. Los emos exteriorizaban su situación, esto de la tristeza, la amargura, el sufrimiento. Los therian, propio de la edad, exteriorizan el padecer ser humanos, en busca de otro plano en donde no exista a lo mejor tanta violencia. En definitiva, son seres humanos que exponen ante la sociedad la autopercepción de ser un animal, como una especie de provocación a la sociedad”.
Más allá de entenderlo como una tendencia o una moda que puede ser pasajera, hay ciertos aspectos que se deben atender con seriedad. “Más que peligro, nos podemos ocupar del riesgo”, destaca Sánchez. Desde la mirada psicológica, indica la profesional que identificarse como animal no implica ser animal, por lo que debe haber un límite claro entere lo que es realidad y lo es fantasía.

“Es importante entender que actuar como animales limita el aprendizaje de nuevas habilidades sociales. Negar la condición humana es negar también las responsabilidades que tenemos como personas. Más que estigmatizar o ridiculizar, deberíamos observar qué es lo que las nuevas manifestaciones nos dicen a través de esto. Muchas personas rozan la patología y la perversión en estas prácticas, pero para otros es transitoria. Ahí en el riesgo es donde debemos poner atención”, destacó la licenciada.
Sea pasajero o no, es un fenómeno que merece su estudio, ya que detrás de un therian hay una persona que no solo niega su condición de humano, sino que buscan ser reconocidos y aceptados como diferentes, asegurando que hay una clara autopercepción, lo cual no es un detalle menor a analizar.
“Me identifico con un perro”: cuando la autopercepción se transforma en elemento de consumo
Uno de los debates principales que despertó el auge de los therians es el uso del concepto “autopercepción”, un término que tiene una gran carga emocional e histórica para un sector de la comunidad y que puede perder su valor si no se lo toma con la seriedad que merece.
Sobre este punto, la licenciada Sánchez destaca: “Es una manifestación que tiene que ver con la época que estamos viviendo y la aparición de nuevas manifestaciones. Aparece el término ‘autopercibirse’, que viene de las identidades LGBTIQ+ y demás. Se van fusionando con otras manifestaciones culturales, en este caso las tribus urbanas. Obviamente que representa un riesgo, ya que siempre hay riesgos en la búsqueda de experiencias. El adolescente siempre va a buscar maneras de expresarse y buscar su identidad, ya que también están confundidos. Esto puede ser transitorio, los adultos suelen asustarse y oponerse, lo que lleva a que los adolescentes quieran revelarse más”.
Por su parte Tardy comentó: “El riesgo está en cómo se aborda la temática. Para poder explicar la decisión de una persona trans, por ejemplo, se logró usando la autopercepción, pero entrando en una situación psicológica, sociológica e histórica de esa persona que formó una colectividad. Se toma el concepto de autopercepción para de alguna manera banalizarlo. Creo que ese el riesgo. Lo peligroso es la banalización de este concepto”.

Para finalizar, Dacuña reflexionó: “Lo que aparece como central en todos estos discursos es un fundamento ideológico. Es la idea de la autopercepción, que está fundada en la exacerbación del carácter individual, de ponerlo por encima de cualquier otro principio. La autopercepción termina siendo un elemento más de consumo”.
Sin duda es un tema que continuará generando debate, análisis y estudios que deben tomarse con la seriedad que merece, teniendo en cuenta que el movimiento suma cada vez más adeptos, de entre ellos muchos que realmente sienten una identificación y otros que solo aprovecharon para “subirse a la movida”.