Francisco Gonzalez Antivilo, un ingeniero agrónomo mendocino y su esposa sanjuanina Rosalía Paz, participaron en una investigación inédita que busca prevenir la muerte de los frutales en condiciones de frío extremo. Los datos, que publicaron en un libro, plantean un mapa de cómo producir olivos, pistachos y viñas sin sufrir riesgos por las heladas.
El investigador recordó que el inicio de la investigación se dio en San Juan. “Empezamos a probar el método cuando me encontraba haciendo mi tesis de posgrado, con Pyros en el Valle de Pedernal, en una interfaz público-privada”, contó.
En ese trabajo que tenía objetivo académico, que dio lugar luego a la empresa que hoy llevan adelante González y otro equipo, les permitió dar con los primeros datos que luego consolidaron en el libro Crop Physiology, que se presentará a nivel Latinoamérica el próximo 19 de marzo.
Los datos pueden servir para diseñar las fincas, evitar pérdidas económicas y defenderse ante fenómenos climáticos que son cada vez más erráticos e intensos. Para el ingeniero, tener este tipo de información será clave para la supervivencia de los empresarios agrícolas en medio de la crisis climática que cada vez se acentúa más.
La muerte invisible por heladas de los frutales
Los datos que encontraron González y Paz confirmaron algo hasta ahora era una sospecha para algunos: por debajo de cierta temperatura, incluso en invierno las plantas pueden sufrir por las heladas. Incluso, explicó el investigador, puede llevar a algunos frutales a morir cuando las temperaturas quedan por debajo de los 15 o 20 grados bajo cero.
La mortandad se produce de forma inesperada, en un momento del año en el que el frío no genera alerta entre los productores. “Es como cuando una persona tiene un accidente y sufre una hemorragia interna, no es tan fácil de detectar”, ejemplificó.
Las heladas tardías son un problema bien identificado por los productores, ya que se producen cuando hay tejido verde, que se “quema” cuando llega un frío en épocas primaverales. En invierno lo que sucede es que las bajas temperaturas dañan la madera, los vasos conductores de cada frutal y cuándo deben empezar su ciclo activo lo hacen de manera errática o incluso no lo logran, ya que la planta murió.
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Tras la investigación académica, los investigadores crearon una startup que se dedica a hacer los estudios en fincas.
Esto puede ocurrir por dos motivos principales. El primero tiene que ver con temperaturas extremadamente bajas, vinculadas al cambio climático. A esto se suma que la planta no logra activar los mecanismos para protegerse, lo que también está determinado por la variedad.
Este proceso de daño no había sido identificado con tanto detalle hasta el trabajo que hicieron primero para la bodega y luego para el libro, explicó González. La diferencia actual es que no había instrumentos de medición con tanto detalle.
Un mapa del frío extremo de San Juan
González Antivilo contó que el estudio publicado en el libro cuenta con información detallada no solo del proceso por el cual pueden morir los frutales, sino también con herramientas para prevenir estos problemas. “En algún momento se pensaba que la mortandad tenía que ver con la finca o no tenía una explicación concreta, ahora es posible anticiparse”, dijo.
Entre los datos que incorporaron, gracias a que buena parte de la investigación se hizo en San Juan, tiene que ver con zonas en las que ocurren más estas heladas extremas durante el invierno. Así, encontraron que 25 de Mayo, 9 de Julio, el Valle de Pedernal, el Este sanjuanino y zonas de montaña son los que más sufren estos problemas.
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El mapeo de las temperaturas se hacen con drones y con cientos de sensores instalados.
También identificaron zonas más seguras, entre las que están Pocito y todo el Valle de Zonda. Aun así, debido a la variabilidad climática que sufre la provincia, estas zonas también pueden ser monitoreadas para prevenir escenarios graves.
Uno de los puntos que remarcó no es que esto sea un problema que abarque todo el departamento. Con la tecnología que usan pueden mapear en una misma finca áreas de pocas hectáreas donde la temperatura baja más y por lo tanto hay riesgo de muerte de frutales y zonas cercanas que son seguras.
No todos los frutales sufren igual
El equipo de investigadores sumó al trabajo un detalle de cómo reaccionan cada tipo de planta. Según explicó González, “algo importante es entender que todas las especies funcionan diferente y entro de ellas, las variedades también”, aseguró.
Así, por ejemplo, el cabernet y el malbec se comportan distinto, tipos de pistachos también y lo mismo sucede con el olivo, donde se dan distintas resistencias. Esto, sumado a los mapeos de frío extremo, permite una de las tres soluciones que propone el equipo: diseñar las fincas según sus condiciones de temperatura.
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Los datos son tan precisos que permiten diferenciar con exactitud que zonas de las fincas pueden sufrir daños por heladas.
“Si voy a cultivar en 25 de Mayo, donde sé que hay más casos de congelamiento, tengo que elegir la variedad, pero a la vez, se puede pensar en zonas de una finca donde no conviene plantar frutales y sí usarlas para alfalfa o cultivos de verano, para bajar el riesgo económico”, explicó.
La segunda herramienta es el uso de la tecnología y la tercera es el monitoreo constante. Tras sus estudios académicos, González fundó una empresa en la que se dedican a desarrollar una herramienta que permite el modelado de las fincas.
Utilizan cientos de sensores para entender cada sector de una finca y monitorear en base a datos cómo es la mejor forma de llevarla. Lo utilizan también en verano con las olas de calor.
Tecnificación como forma de enfrentarse al cambio
González aseguró que la forma en la que el campo aplica la tecnología será el diferencial que permita la supervivencia del sector. “El cambio climático ocupa un lugar central en el futuro, lo que se está viendo son situaciones cada vez más erráticas, de golpes de calor, lluvias, plagas, falta de agua, frío extremo u otros fenómenos”, señaló.
Frente a esto, contar con tecnología disminuye el riesgo de pérdidas no solo de cultivos, también de dinero. “Hoy no hay margen en este sentido porque los costos son más altos y la ganancia es menor, el productor se tiene que transformar en empresario agrícola porque todo está cambiando muy rápido y ya no se puede confiar en adivinar qué está pasando, hacen falta datos para tomar decisiones”, opinó.