Montaña y plenilunio
Le gustaba mucho la montaña, pero una sensación de inexplicable malestar la invadió cuando sus amigos le propusieron el fin de semana en El Salto.
La escritora oriunda de Mendoza comparte con los lectores una de sus creaciones, una historia fantástica de espectros y destino fatal.
Le gustaba mucho la montaña, pero una sensación de inexplicable malestar la invadió cuando sus amigos le propusieron el fin de semana en El Salto.
Con esa tirantez entre "el voy y no voy" preparó a regañadientes la excusa que iba a dar a sus padres y el bolso con las cosas: un pantalón bien grueso, los botines para escalar y un pullover abrigado. En el reparto de comestibles le tocaba un paquete de cappellettis, dos tabletas de chocolate y una botella de ginebra.
Durante el camino de ascenso olvidó la incomodidad que la embargaba y disfrutó del paisaje. La montaña escarpada, agreste sin vegetación, pero misteriosa y enigmática; el río transparente y helado sorteando las enormes piedras y los álamos amarillos, alegría de color de otoño, llamaban a quedarse y mirar, a eternizar el tiempo y contemplar, sólo contemplar.
Cuando llegaron a la casa, el ánimo cambió. Desde que puso el pie en la tierra se sintió observada, escudriñada. Miró en todas direcciones, pero aparte de sus amigos y el acompasado ruido de la zapa del vecino de enfrente que arreglaba su jardín, nada le indicó otra presencia humana.
La casa hermosa, con techo a dos aguas y calefacción acogedora la recibió sin atenuar la desagradable sensación. Se instalaron rápidamente. Entre los dormitorios del entrepiso y la planta baja, su compañero eligió el último porque es madrugador, le gusta cebarse unos mates "sin incomodar a nadie". A ella la decisión no le gustó, pero no protestó porque sentía que nada de lo que hacía o hacían ahora la conformaba.
El almuerzo fue agradable, la tarde soleada invitaba a calentarse sin apuro, como un lagarto, disfrutando del suave abrigo del sol.
A pesar de este momentáneo olvido, más de una vez se incorporó en el sillón para descubrir alguna mirada.
Al ponerse el sol, la brisa fría obligaba a entrar, aunque todavía había luz en el Cordón del Plata, iridizado de violetas, naranjas y amarillos.
"Esta noche hay plenilunio" - dijo uno de los amigos -"Aquí no hay lobizones ni futres, pero posiblemente alguna cosa rara pase. La montaña es mágica, tiene duendes, ánimas, misterios desconocidos... y demasiado silencio, ¡vamos a escuchar música! Un coro de risas coronó el tenso discurso creado por el cómico del grupo que ya en otras oportunidades había hecho su aparición en alguna ventana, durante la madrugada, con la repetida y poco original sábana en la cabeza y una linterna encendida bajo el mentón.
La luna comenzó a trepar el cielo, lenta, grande, amarilla, fue desparramando su luz mortecina por la tierra.
- ¿Las ventanas están cerradas? - preguntó. - Me parece que nos espían.
- No ya cerramos los postigos. Es lógico que te sientas observada, afuera no hay mucha luz y parecemos pececitos indefensos en una pecera. De repente puede venir el gato y...¡zas! de un zarpazo soluciona la cena.
El chiste la hizo saltar impresionada.
Esa noche bebió más ginebra que de costumbre, deseaba apaciguar el miedo que la había ganado. Su amigo dormía plácidamente. Le envidió el sueño tranquilo y se durmió inquieta, dando la espalda a la ventana. Pasadas unas horas se despertó sobresaltada y volvió la cabeza; la luna ahora se había tornado blanca, brillante y clarificaba los contornos de los árboles, la calle, la casa de enfrente. Se levantó y miró estaba descalza y el frío del suelo la hizo volver al calor de la cama.
Se durmió un poco más tranquila pero poco después algo la sobresaltó, la intensidad de unos ojos, miró por la ventana y allí detrás de la cortina adivinó el contorno de un rostro. El miedo la paralizó, no podía gritar ni moverse para tocar a su amigo. Cuando reaccionó y lo despertó una protesta nada cariñosa le ordenó volver a dormirse y dejar de pensar pavadas que en la ventana no se veía a nadie. Desoyendo las protestas bajó de la cama y se arrimó a la ventana; vio en el otro extremo del jardín una figura blanquecina, de contornos esfumados que la miraba como esperando.... Luego se alejó y s esfumó. El corazón le saltaba en el pecho, entró en la cama y se tapó la cabeza con las mantas hasta que amaneció.
-¡Che qué cara!
- Es que no dormí bien…
-¡Que nochecita habrás pasado!
- Ojalá, me jodió más de una vez porque sentía ruidos o veía cosas por la ventana.
- Es cierto, había alguien allí, después se alejó y se quedó en la puerta del jardín.
- Delirás, ¿cuánta ginebra tomaste anoche?
- No deliro, ayer cuando llegamos sentí como que alguien me espiaba y los únicos que estaban eran ustedes y ese vecino que arreglaba el jardín.
-¿Qué vecino?.
- El de enfrente, se sentía el ruido del azadón.
- Estás mal, el vecino de allí murió hace dos meses y era viudo. La casa está en litigio y nadie ha venido en mucho tiempo... Un consejo, toma menos esta noche, o más, no sé…- y se rió con todos los otros.
La respuesta la dejó muda e indefensa ante la burla de sus amigos.
Cuando llegó la noche, la certeza de que ella era la persona buscada le dio un aplomo extraño. Vería quién bromeaba y lo desenmascararía.
Se durmió, pero como era de prever, algo la despertó y la silueta se recortó en la ventana. Al acercarse la volvió a ver cerca de la salida del terreno. Se vistió rápidamente y salió con decisión. Cuando transpuso la tranquera de cierre, vio que la figura esperaba en la calle ascendente siempre con la misma actitud expectante.
Se apuraba, pero no llegaba a alcanzarla. "Es una broma de mal gusto" se dijo en voz alta para tratar de atenuar el miedo que volvía a ganarla.
- "Saben que soy muy impresionable y me joden con esto". "Quiero ver a dónde llegan".
La sombra blanca entró en una casa abandonada, semi derruida y rodeada de álamos que quitaban la luz lunar.
- "Jorge siempre ha inventado historias terroríficas sobre esta casa, seguro que al final de todo esto está él y Andrés le ha hecho pata para reírse de mí".
Entró con resolución por el umbral sin puerta, la sombra estaba allí, difusa, casi sin rostro, no estaban ni Jorge ni Andrés ni nadie, el suelo cedió, no alcanzó a gritar y entonces reinó el silencio y la oscuridad.
Todavía no se explican cómo llegó allí, pero lo cierto es que dicen que "la muerte siempre se lleva a tres". Así es que es frecuente ver en noche de luna llena a dos sombras que deambulan buscando al tercero para poder descansar en paz.
María del Carmen Abal Giudice nació en Mendoza el 15 de junio de 1958. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNC. Es Profesora de Enseñanza Media y Superior en Letras, Licenciada en Letras y Magister Artium en Literaturas Hispanoamericanas.
Se ha desempeñado como docente en instituciones de Educación Secundaria y Nivel Superior de establecimientos públicos y privados de la provincia.
Coordinó la investigación y publicación de los libros Voces de mi pago y San Carlos ayer y hoy. Reconstruyendo historias, con un equipo de profesoras del IES 9-010 Rosario Vera Peñaloza. Dichas publicaciones ganaron el subsidio de la Subsecretaría de Cultura del gobierno de Mendoza.
Esta convocatoria de DIARIO DE CUYO y diario LOS ANDES está destinada a artistas sanjuaninos y mendocinos: autores de poemas, crónicas, cuentos, ensayos, historietas y cómics; y también ilustradores, pintores y fotógrafos (artísticos), quienes deberán enviar sus obras para que sean publicadas en sus ediciones web y papel; y en sus redes sociales.
Las obras deberán estar acompañadas de una breve biografía del autor y breve reseña sobre la/las obra/s a publicar. También de una foto color del autor, de frente.
Las obras literarias -cuentos, poemas, narraciones, etc.- no deberán superar las 1000 palabras.
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