Por primera vez en la historia moderna del hockey sobre patines la dupla de árbitros que dirige una final es argentina. Se dio acá, en Nanjing. El sanjuanino Carlos Fernández y el porteño Daniel Costa dirigieron la gran final entre España y Portugal. Y lo hicieron de forma totalmente aceptable y correcta.

 

Ya en los días previos existía cierto malestar entre los argentinos, porque éstos árbitros no eran designados para partidos importantes. Se llegó a pensar que hasta los ignoraban. Pero nada más errado. El destino les tenía preparada una gran sorpresa. Fueron designados para arbitrar el último partido del Campeonato. El que definiría al campeón.

 

Fernández –caucetero- y Costa respondieron de acuerdo a la confianza depositada en ellos. Durante todo el partido tuvieron fallos correctos. Encima tuvieron que soportar un partido que se fue hasta los penales.

 

 

Los finalmente campeones no estuvieron conformes, especialmente con Costa, porque interpretaron que la infracción cobrada al pelado Marin en esos últimos 10 segundos de juego no existió. En realidad el que se equivocó fue el propio quien, además de marrar el libre que le hubiese dado inmediatamente el título a España, cometió la infracción para azul que derivó en el libre para Portugal, convertido por Nunes en el último segundo de juego, que derivó en el alargue porque fue el 3-3.

 

Luego, con toda esa presión, la dupla arbitral se las bancó estoicamente e inclusive se mostró celosa en los penales, sin dejar pasar detalle alguno. Fue un arbitraje bueno del par de argentinos.

 

Existen antecedentes de argentinos arbitrando una final pero no conformando una dupla de nuestro país. En el año 1989, el Pelado Oscar Cano fue el único árbitro (por el sistema viejo con un árbitro y dos jueces de arco) en la final de ese Mundial disputado en San Juan, justamente que jugaron Portugal y España. Luego, en el año 1993 uno de los árbitros de la final fue el sanjuanino Rolando Carbajal. Mientras que en el Mundial del 2003 estuvo el porteño Nicolás Tolomei.

 

Fotos: Mariano Arias, enviado especial