Fueron casi 24 años en el fútbol. 18 clubes, 4 provincias, cientos de goles. Planteles, técnicos, compañeros. Amigos y decepciones, todo junto. Fue demasiado fútbol para Cristian Pérez, aquel jachallerito flaco que empezó a ser noticia a los 15 años cuando debutó en su amado Estrella de Jáchal para no salir más de la cancha. Luego, historia conocida, goles inolvidables como aquel de las semifinales del 2011 para Sportivo Desamparados contra Douglas Haig que luego terminaría en el ascenso a la B Nacional. O esos del triplete con la camiseta de Peñarol para ganar todo en la Liga Sanjuanina en tres finales consecutivas. Y en el 2018, decidió parar. Se retiró con la camiseta de Cieneguita en Sarmiento y allí, se despertó ese amor que hoy lo contiene. El amor por sus caballos. En Cieneguita se hizo amigo de David Mortensen, un apasionado por los caballos, y eso generó en Cristian la chispa para hacer del estilo campero, su forma de vida.

Los consejos del viejo Pérez habían tenido eco. Hace 15 años atrás, decidió hacerle caso al papá y compró esa finca en la Calle Varas, en Pampa del Chañar. Fue invertir pero sin avisorar lo que sería hoy. Pasaron los años, se terminaron los partidos, se acabaron los goles y llegó el momento de sacarse la camiseta del jugador. Un paso duro, traumático. Pérez se refugió en su Jáchal, en su campo, en sus caballos. Volvió a su esencia y hoy sabe que fue su mejor elección.
“Estar con mis caballos, en mi finca, a veces solo, mirando como pastan, como se mueven o ensillando alguno para dar una vuelta es lo que me da paz. Me llena. Me hace sentir pleno y me da otra visión de la vida. El fútbol fue muy lindo para mi, pero también te metía en una burbuja irreal. Nos creíamos especiales, privilegiados y todo eso era ficticio. Había que volver a la realidad y no estamos preparados. Pero en los caballos, en mi tierra natal, en esa soledad que ayuda a pensar, encontré las respuestas a ese vacío y soy feliz”, contó emocionado el goleador norteño.
En Pampa del Chañar, Cristian tiene hoy 7 caballos, entre ellos un padrillo peruano al que cuidan especialmente y está apartado del resto de la tropilla. Los demás, pastan en uno de los potreros mientras que la otra parte de la finca tiene siembra de alfalfa, ya que se enfarda y se vende pasto, además de la casa donde Pérez gusta quedarse fines de semanas enteros.
“Verlos moverse, como comen, lo que hacen es algo cautivador. Yo quiero mucho mis caballos y si no puedo ir a Jáchal, me escapo hasta Cieneguita en Sarmiento donde comparto la pasión con mi amigo Mortensen que también ama los caballos. Se trata de saber apreciar lo simple, creo y los caballos te lo muestran”, resaltó.

Atrás quedó una carrera grande en el fútbol. Del debut en Estrella, reforzando luego a Florida y Arbol Verde, San Martín de Rodeo también, llegó después el salto al fútbol capitalino. Peñarol, Alianza, San Martín, Trinidad, Unión, Del Bono fueron escalas, con salidas al fútbol mendocino para jugar en Luján de Cuyo, Atlético Argentino, en Catamarca, Union Aconquija y hasta Renato Cesarini. De todo. Goles históricos, ascenso con Desamparados. Mucho recorrido y el final con Cieneguita en la Copa de Campeones del 2018. Ahí, se terminó para Cristian.
I
Intentó volver como manager hace dos años en Colón Junior pero el ambiente ya no le sentaba. El fútbol quedó atrás. Trabajo privado hoy, su familia, su hija y sus caballos.
“En el fútbol viví mil cosas. Lindas y de las otras. Aprendí a que el futbolista vive en una ilusión, en una realidad paralela que no te prepara para cuando ya no podés jugar. Tuve suerte, buenos consejos de mi viejo, de mi gran y único amigo como dirigente que fue Enrique Castro. Me ayudaron a ver las cosas con otros ojos y hoy se los agradezco. En el fútbol, como compañeros, logré la amistad de verdad con Mauri Del Cero y con Matías Garrido. Con ellos, es amistad real. Y en la vida, en Jáchal, nunca perdí el contacto con esos 8 amigos de la infancia que siempre están y estarán. Uno se hace selectivo con el tiempo”, destacó.
Como buen futbolero, esa pasión no se muere. Pérez jugó para La Gloria en la Liga de Profesionales pero para eso tenía que dejar de lado los fines de semana con sus caballos: “Tomé la decisión de no jugar más al fútbol. Los chicos de La Gloria se portaron conmigo y me tuvieron en cuenta, pero este año ya no los podré acompañar. Quiero mi refugio, mi lugar en el mundo. Con eso me sobra”.

