27 de febrero de 2026 - 18:02

El retorno de Olivares Yapur al timón de la Corte con 44 años de carrera judicial y con la mira en la "metamorfosis" de la Justicia

Daniel Olivares Yapur es el próximo presidente del máximo tribunal sanjuanino. El domingo 1 de marzo, de manera automática, quedará a cargo de la estructura del Poder Judicial. El lunes asumirá formalmente con un acto en el Sirio Libanés. En la previa, charló con DIARIO DE CUYO sobre la experiencia de empezar como empleado administrativo, luego ser funcionario, más tarde juez, y ahora estar en la cúspide de la Justicia local. ¿La gestión? Con cambios internos y el objetivo de finalizar las dos obras de infraestructura emblemáticas.

Es la segunda vez que encabeza la Corte de Justicia de San Juan. Ingresó como escribiente en 1982 y es el único ministro que recorrió todos los escalafones. En 2026 buscará depurar el nuevo sistema, transparentar la gestión y avanzar con las obras del edificio 9 de Julio y el Centro Judicial de Jáchal.

Desde el 1 de marzo, Daniel Olivares Yapur volverá a ocupar la presidencia de la Corte de Justicia de San Juan. No es un debut: ya había estado al frente del máximo tribunal en 2021 y ahora, por el esquema de rotación anual entre los cinco ministros, le toca nuevamente conducir el cuerpo que integra junto a Marcelo Lima, Adriana García Nieto, Juan José Victoria y Guillermo De Sanctis.

Su regreso tiene un dato distintivo: este año cumple 44 años ininterrumpidos dentro del Poder Judicial. Ingresó en 1982 como empleado administrativo, rindió un examen de dactilografía y comenzó en la Oficina de Notificaciones. Desde entonces, atravesó todos los escalafones hasta llegar a ministro de Corte, un recorrido que —según él mismo destaca— no tiene antecedentes en el país.

En una entrevista exclusiva con DIARIO DE CUYO, Olivares Yapur repasó su trayectoria, defendió los resultados de la reforma procesal que denomina “metamorfosis judicial”, marcó diferencias en el vínculo con el actual fiscal General Guillermo Baigorrí respecto a su antecesor y anticipó que su gestión buscará profundizar y transparentar los cambios, además de inaugurar dos obras clave de infraestructura judicial.

—¿Cómo fue su recorrido dentro del Poder Judicial hasta llegar a la Corte?

—Yo fui auxiliar, escribiente, escribiente mayor, oficial principal, oficial mayor. Después fui secretario de Paz letrado, secretario de Primera instancia, secretario de Cámara, juez de Primera instancia en lo Civil 10 años, juez de Cámara Civil 9 años. Y llevo seis en la Corte. Desde 2004 hasta ahora soy magistrado. He pasado por cuatro Cortes y por todos los sistemas.

—¿Es habitual una carrera completa como la suya?

—Hay muchos jueces en el país que han sido juez de primera instancia, de cámara y cortista. Actualmente son cortistas porque yo participo en la Junta Federal de Cortes (Jufejus), pero no hay ninguno que haya cursado toda la carrera de empleado, de funcionario y de magistrado. Mi trayectoria es inusual incluso a nivel nacional.

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—¿Por qué decidió ingresar al Poder Judicial?

—Siempre sentí vocación por la justicia. Cuando era niño, mi padre era juez del Quinto Juzgado Civil y me traía en la tarde a hacer los deberes acá. Yo lo escuchaba hablar en casa cuando tenía que resolver un accidente de tránsito y eso me pegó fuerte. Le preguntaba quién tenía la culpa y por qué. Eso me marcó.

—¿Cómo fue su ingreso en 1982?

—Yo hice un curso de dactilografía al tacto en el último año del secundario. La Corte juntaba cuatro o cinco pedidos y tomaba un examen dactilográfico. Un secretario daba un texto al azar y uno tenía que transcribirlo. Rindieron cinco y parece que yo fui el que mejor escribió. Era una Lexicon 80, estamos hablando de 1982, no había computadora. Tenías que escribir sin equivocarte.

—¿Qué recuerda de sus primeros años como escribiente?

—Entré primero a la Oficina de Notificaciones cuatro meses y después al Noveno Juzgado Civil con el doctor Osvaldo Octavio Yacante, un juez extraordinario. Tal vez el mejor juez que tuve en mi vida de empleado y funcionario. Era muy docente y enseñaba mucho a los empleados. Yo tomaba audiencias porque escribía muy bien a máquina, sin mirar, a la velocidad que hablaba el testigo. No se podía tener un acta aborroneada, había que borrar arriba y en el carbónico. La dactilografía era verdaderamente importante.

—¿Qué le dejó haber pasado por todos los escalafones?

—La experiencia no lo es todo. Tenemos que constantemente estar estudiando y perfeccionándonos. Pero sí ayuda muchísimo. Me ha ayudado a profundizar la vocación de servicio. A medida que uno va escalando jerarquías adquiere más responsabilidad frente a la gente. Uno está obligado a hacer las cosas bien y a ser un servidor público. La Justicia es el último lugar donde la ciudadanía viene expectante para hacer valer sus derechos.

—¿Se siente una voz más autorizada dentro de la Corte por ese recorrido?

—No, porque la autoridad moral no te la da andar con el látigo. Uno de los principales atributos que tiene que tener un juez es la templanza y la prudencia. Un juez no puede ser reactivo. Si el juez se enoja, la gente no se tiene que dar cuenta. La experiencia me da un elemento muy bueno para resolver algunas cuestiones, pero en la Corte nos complementamos. Actuamos en equipo, en bloque.

—¿Cómo es hoy la relación con el Ministerio Público y con el fiscal general Guillermo Baigorrí?

—Con el doctor Baigorrí tenemos una relación bastante fluida y armónica. Lo conozco por compartir espacio académico, él es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Nacional. Ha hecho propuestas muy buenas que estamos llevando a cabo, como la instalación del SAE en el Ministerio Público Fiscal. En el sistema procesal penal acusatorio adversarial, sin la conjunción de fiscales, defensores y jueces de garantía, el sistema no funcionaría. Las miles de sentencias que se han dictado en estos cinco años se dictaron porque han investigado nuestros fiscales y han defendido nuestros defensores.

—¿Baigorrí habló de los ingresos y de los ascensos al Poder Judicial, qué opina?

—Nosotros tenemos una evaluación permanente de nuestros empleados. En la computadora puedo ver el legajo de todos. No es de un día para el otro. Tenemos que analizar y analizar. Nosotros venimos haciendo ascensos todos los años. Había gente de 20 años que no ascendía. La Corte anterior a veces pasaba cuatro años sin hacer ascenso. Para liberar cargos de abajo, yo tengo que hacer un ascenso. Para los ingresos dictamos una reglamentación y se hacen concursos. El sistema de mérito está implícito en lo que nosotros ya hacemos.

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—Usted habla de “metamorfosis judicial”. ¿Qué significa?

—Es el cambio revolucionario en el paradigma del sistema de juzgamiento y en los métodos de trabajo. Lo ideamos con una planificación año a año, en consenso con el Poder Legislativo y el Ejecutivo. Cambiamos la estructura organizacional, dejamos el juzgado tradicional y pasamos al Colegio de Jueces y Oficina Judicial. Modificamos las cinco leyes troncales: Código Procesal Civil, Código de Familia, Código Procesal Laboral, Ley Orgánica de Tribunales y Ley de Recursos Extraordinarios. Digitalizamos con el programa SAE y en lo penal trabajamos con Pumo y Choice.

—¿Qué resultados concretos dejó ese proceso?

—En 2015-2016 teníamos aproximadamente 35.000 causas en trámite. Ahora tenemos 18.000. Hemos achicado casi un 50%. El juicio civil que duraba entre 50 y 60 meses ahora dura 18 meses. En lo penal pasamos de un índice del 8% anual de sentencias a un 80-82%. Antes casi nadie iba condenado, ahora ustedes publican todos los días condenaron, condenaron.

—¿Cuál será el eje de su gestión en 2026?

—Profundizar, depurar y especializar los sistemas. La metamorfosis ya la hemos logrado. Ahora tenemos que eficientizarla y transparentar la acción de la justicia. Hay que difundir adecuadamente lo que hacemos para que la gente entienda, por ejemplo, qué significan las medidas alternativas de resolución de conflictos o por qué una pena puede ser en suspenso. La gente recién ahora está aprendiendo lo que significan esas figuras.

—¿Habrá más apertura hacia la prensa?

—Cuando fui presidente en 2021 hacía desayunos de trabajo con los periodistas, a agenda abierta. Dentro de poco los voy a invitar a un desayuno de trabajo en la sede académica del Poder Judicial, en el Club Sirio Libanés. Tengo varias cosas para mostrarles. Me gusta que pregunten todo lo que quieran.

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—¿Qué obras marcarán este año de gestión?

—Tenemos dos obras emblemáticas. El edificio 9 de Julio tiene un 30% de avance. Es una obra de alta complejidad técnica, con termomecánica, energías débiles, climatización, seguridad y gestión de emergencias. Tenemos un equipo de arquitectos que actúa como auditor permanente. Y el edificio de Jáchal es extraordinario, muy merecido por los habitantes de la segunda circunscripción. Ya no van a poder decir que la Corte de la ciudad se olvidó de ellos. Nosotros somos la Corte que se acordó de ellos.

—¿Cuándo podrían estar finalizadas?

—La obra viene a buen ritmo, pero siempre hay imprevistos vinculados a la adquisición de materiales o mano de obra. Las obras públicas y privadas pueden demorarse. Nosotros las controlamos diariamente.

—¿Qué mensaje deja al asumir nuevamente la presidencia?

—Espero que este año lo transitemos en paz. Todos los logros del Poder Judicial han sido consensuados y con la participación inestimable del Poder Ejecutivo y del Legislativo. Y también con el Ministerio Público Fiscal, el Ministerio Público de la Defensa, el Colegio de Magistrados, el CONFIAS, el Foro de Abogados y la Asociación Abogados Penalistas (ASAP). Y que sepan que el presidente de la Corte no conduce el Poder Judicial. El presidente representa al cuerpo. Las decisiones de Estado del Poder Judicial las toma la Corte, que tiene cinco ministros y el fiscal general.

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