La intendenta de Chimbas, Daniela Rodríguez, tiene que tomar una difícil decisión. Entre el jueves y el viernes mantuvo reuniones con los asesores letrados de la Municipalidad. Analizó a fondo la posibilidad de vetar el Presupuesto 2026, que aprobó el Concejo Deliberante por abrumadora mayoría (siete votos a favor y tres abstenciones). Pero la cuestión de fondo es otra. El veto es una declaración, todavía más explícita si es posible, del enfrentamiento a cielo abierto que sostiene con el exintendente Fabián Gramajo, su (¿ex?) socio político y fundador del Chimbas Te Quiero, el sello que la catapultó al sillón municipal, pero que ahora no la sostiene.
Es difícil determinar el inicio del cortocircuito constante entre Rodríguez y Gramajo. Sobre todo porque los dos protagonistas niegan públicamente cualquier problema entre sí. Los entornos deslizan comentarios venenosos y agigantan el problema que repercutirá en todo el peronismo sanjuanino porque Chimbas es un bastión justicialista que ganó con holgura las elecciones nacionales legislativas. La interna puede trastocar la dinámica electoral virtuosa y beneficiar a La Libertad Avanza o al oficialismo provincial. Tanto el tres veces gobernador, José Luis Gioja, como el senador nacional Sergio Uñac, miran con preocupación la batalla que consideran tan innecesaria como inevitable hasta el 2027.
No hay principio claro. No hay un momento clave. Rodríguez y Gramajo tienen una sucesión de desencuentros. El primero es especulativo. Sucedió en la previa a las elecciones del 2023. El entonces intendente cerró una alianza con Gioja por la Gobernación sin consultar con la candidata en el departamento, que era la vicepresidenta del Partido Justicialista y tenía mayor afinidad con el exgobernador Uñac. Pero es anecdótico e impreciso. El primer foco de conflicto que pudo apreciar este diario fue un “chiste” en el acto protocolar de asunción de autoridades de la Junta Departamental de Chimbas en el 2024.
En ese evento partidario justicialista tuvo un pequeño equívoco que decantó en algo más que una broma. La intendenta repasó los mandatos de Gramajo y el propio. “Los ocho años de Fabián y los ocho míos”, marcó. Inmediatamente, al darse cuenta del error, rectificó e informó que entonces llevaba sólo un año de gestión. No obstante, ante la algarabía militante, se sonrió y apuntó: “Bueno, vamos por ocho años”. Es decir, por la reelección. ¿Señal de alarma para el exintendente? No hubo una interpretación de incomodidad porque Gramajo estaba -está- enrolado en el proyecto provincial del San Juan Te Quiero que lo llevó como candidato en tercer término a diputado nacional y que le sirvió para refrendar el apoyo popular en Chimbas.
Después, en julio del 2025, el origen del cortocircuito fue la designación del jefe de prensa de la Municipalidad. La alfil de Gramajo, Agostina Testa, dejó la Subsecretaría de Comunicación y migró al Concejo Deliberante. Rodríguez definió como reemplazo a un reconocido periodista y exfuncionario uñaquista. No hubo caso. Gramajo bloqueó el desembarco del profesional, pese a que ya había sido anunciado internamente como el reemplazo de Testa. La propia intendenta lo dijo al área de Comunicación. Pero no prosperó. Después de una búsqueda mayor, quedó el actual agente de prensa del municipio, Matías Naranjo, un exfuncionario de Gramajo que tampoco fue muy bien recibido, pero que pasó el test de lealtad al proyecto y que la jefa comunal defendió con mayor ahínco.
A partir de ese momento, comenzó la era Rodríguez con un rebranding que quitó el apellido de casada de todos lados. Luego hubo una depuración de funcionarios que habían sido heredados. Nunca quedó claro quien quedó y quien se fue de la administración municipal. Hubo una ensalada informativa destinada a fabricar un caos que tapó cualquier movimiento interno en la Municipalidad y en el Concejo. Ciertamente, la intendenta buscó despegarse de la figura de Gramajo no sólo por cuestiones personales, que exceden la redacción de esta columna, sino por cuestiones políticas que ya había clarificado con el “chiste” en la Junta. Por eso, pese a haber ganado las elecciones de octubre pasado, Gramajo hizo un despliegue de fuerza en el Deliberante con buen timing que, potencialmente, decantará en una estructura municipal paralela al Ejecutivo.
La lectura del entorno de la intendenta es que Gramajo quiere montar un dispositivo que lo mantenga cercano a los vecinos y del que pueda servirse para el 2027. Por eso, de acuerdo a voces oficiales, los siete concejales que reportan de manera directa al exintendente modificaron el Presupuesto y se asignaron el 11,7% del Presupuesto. Es decir, unos 4.000 millones de pesos que están destinados para el desenvolvimiento durante este año. Con el aumento de recursos propios, también crearon cargos políticos nuevos.
Según la información proporcionada desde la Municipalidad a DIARIO DE CUYO, la interpretación sobre un Ejecutivo paralelo cobra fuerza con el argumento de las novedosas reparticiones públicas que están contempladas en el Presupuesto: la Coordinación de Direcciones; la Dirección de Atención al Ciudadano; la Dirección de Compras y Contrataciones; la Dirección de Innovación, Planificación y Participación Ciudadana; la Dirección de Recursos Humanos; la Dirección de Servicios Generales; la Dirección de Vinculación Institucional; la Dirección de Eventos; y la Dirección Legislativa y de Comisiones. ¿Para qué un Concejo Deliberante necesita tanta estructura si su facultad es legislar? “Caja chica” o no tan chica, es la respuesta de los colaboradores de Rodríguez.
Por eso, la jefa comunal está ante una disyuntiva que determinará el rumbo de la gestión: usar o no el veto. Sea como sea el sentido de la utilización. Si veta el Presupuesto, veta la asignación proyectada de recursos para obras y servicios. Pero también clausura el aumento de fondos para el Concejo con la correspondiente creación de cargos. Si lo hace, muestra una férrea convicción política de independencia, pese a que el Deliberante insistirá en la aprobación del proyecto y lo logrará fácilmente con los siete votos. Si no lo hace, si no veta, puede apelar al discurso de la gobernabilidad y además dejar terreno -un poco más fértil, o al menos no seco- para un entendimiento con Gramajo para el 2027. “¿Vos crees que el Fabián y la Daniela no se van arreglar para el 27?”, inquirió a este medio una operadora del San Juan Te Quiero con el objetivo de menospreciar el conflicto evidente entre actual y ex.

