El rugido que bajó desde las gradas del anfiteatro José Hernández no fue casualidad, sino el reconocimiento a una actuación impactante. En el Festival Nacional de Doma y Folclore de Jesús María (que se desarrolla en Córdoba hasta el 18 de enero), donde el coraje se mide en segundos a lomo de un reservado, un joven sanjuanino de apenas 19 años logró detener el tiempo… ¡Y la respiración de varios! Con la ilusión de quien por pisa por primera vez este importante certamen, pero con la templanza de un veterano, Benjamín Costa se convirtió en uno de los protagonistas de la edición 2026 del famoso encuentro telúrico, al quedarse con la mejor monta de la jornada, la noche del viernes 9. Lo hizo en la categoría de bastos con encimera, enfrentando a “El Antojo”, un caballo de la tropilla Los Malacara que goza de una fama temible.
“Por ahí veo el video y todavía no creo que sea yo el que va arriba del caballo. Es algo increíble para mí”, declaró a DIARIO DE CUYO con una sencillez absoluta, que incluso contrasta con lo exhibido en el campo de doma, adonde -lo dijo más de una vez durante la charla- llegó principalmente para disfrutar de esta experiencia que para él marca un antes y un después, más allá del lógico deseo de escalar en el ranking.
Este debut triunfal en el Festival -valioso para la sumatoria de puntos- es la realización de un anhelo que comenzó a gestarse en San Juan mucho antes de que tuviera la fuerza necesaria para sostener esas riendas. Criado entre relinchos, su historia con los caballos tiene que ver con la herencia y pasión familiar. Su padre, Daniel “Tato” Costa, es un reconocido tropillero dueño de “La Sanjuanina”, y su hermano Daniel también sigue la tradición de las jineteadas. Benjamín comenzó a montar a los nueve años en petisos, donde fue puliendo técnica. Sin embargo, llegar a Jesús María era el sueño que veía desde las tribunas cada enero y que este año, finalmente, se materializó como jinete oficial de la delegación provincial. “Venía todos los años a ver nada más y siempre estuve con el sueño de poder venir a montar y bueno, este año se pudo”, contó quien parece haber capitalizado cada minuto de observación previa.

El desafío de su primera noche no fue menor. El sorteo le deparó a “El Antojo”, un caballo que representa una prueba de fuego para cualquier jinete, a quien puede llevar a la gloria… o al suelo. Lejos de amedrentarse por la reputación del animal, Benjamín lo tomó como la oportunidad de su vida, pero priorizando el disfrute sobre la ambición. Consultado por este medio sobre qué cruzó por su mientras se subía al animal, su respuesta fue contundente: “Yo solamente pensé en disfrutar. Si me bajaba, iba a estar contento lo mismo, porque yo sabía que lo que quería era salir a disfrutar”. Con esa cabeza bailó junto al reservado, logrando una monta que fue calificada por el jurado como la mejor de la noche.
A pesar del éxito inicial, que tuvo una gran repercusión nacional, el camino en Jesús María es largo y desgastante; y humilde y medido como es, ni se le ocurre jactarse o cantar victoria. Son diez noches de competencia donde la regularidad es el factor determinante para alcanzar el campeonato. Benjamín es consciente de que ese fue solo el primer paso y que mantener la vara alta requiere no solo de una preparación física y mental rigurosa -que comenzó mucho antes de viajar a Córdoba-. La suerte también juega sus cartas y él lo tiene claro. Pero hay otro factor que para el jinete sanjuanino es fundamental:
“Yo creo que del corazón sale toda la fuerza. Tiene que haber técnica y también es cuestión de suerte, pero si mi corazón me ayuda, capaz que me va bien”, confesó con la fe puesta en las jornadas que restan el también subcampeón de monta de petisos en El Caldén (San Luis).
Un detalle de su actuación que llamó la atención del público y la prensa apostada en el Festival fue el uso del casco, medida de seguridad que él adoptó hace algunos años, tras algunos incidentes que tuvo. “Y es como la costumbre ya, más que nada”, dijo priorizando su integridad física para poder seguir haciendo lo que ama, una actividad que no está libre de cuestionamientos.
Al respecto, Benjamín se refirió al trato que reciben los animales. Desde su perspectiva como hijo de tropillero y como jinete, aseguró que algunas personas muchas veces desconocen el detrás de escena de la vida de un caballo de jineteada. “Si vieran el cuidado que tienen estos caballos, creo que dejarían de decir todas esas cosas”, sostuvo sereno, pero enfatizando el bienestar y la atención que estos animales reciben durante todo el año y subrayando que no son maltratados en la doma y que “el riesgo es muchísimo mayor para el jinete” que para el equino.
Con el respaldo de su provincia, el orgullo de su familia y el apoyo de sus compañeros, Benjamín encara el resto del campeonato con la ilusión intacta. Sabe que el sorteo de reservados puede ser caprichoso y que cada noche es un nuevo comienzo. Pero sigue adelante con los pies sobre la tierra y el corazón en un suspiro: “Sea que me caiga o me vaya bien, hay que disfrutar. Es una oportunidad que hay que aprovechar, porque no se sabe si en algún momento podré venir de nuevo”.


